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Huesca
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SD HUESCA 0- BETIS 1

Un mazazo inmerecido

Un mazazo inmerecido
Un mazazo inmerecido

La derrota siempre escuece. Y a veces duele. La de ayer escuece y duele mucho. Porque llegó cuando el partido ya había decidido que lo justo era el reparto salomónico. Se queda el Huesca tocado. En la tabla y en lo anímico; pero debe levantarse y lo hará. El segundo tiempo que hizo no es de un equipo que desciende. Por eso encontrará remedio a la situación. La otra cara es la de un Betis bendecido por la flor de Víctor. O el jardín entero. El ascenso es viable.El Huesca tenía claro que la iniciativa debía ser para quien más necesidad de triunfo tenía. Y ese era el Betis, que solo por tronío está obligado siempre a mandar. Y más aún porque todo lo que no sea ascender es un fracaso rotundo. Sin paliativos.

El equipo oscense siempre se ha caracterizado por estar muy bien trabajado, con independencia de los nombres colocados sobre el tapiz. Por eso se sentía cómodo en un rol de espera controlada, que no implicaba renunciar a la portería contraria si encontraba metros para hacer cosas. Era el partido que le convenía a David frente a Goliat, la forma más inteligente de intentar rascar al menos un punto.

Líneas cercanas, mucho orden en la basculación, vigilancia, presión en los momentos oportunos, todo el manual de táctica defensiva lo ejecutaba obediente el conjunto azulgrana, lo que forzaba al Betis a circular el balón con mucha velocidad de una banda a otra para intentar encontrar una fisura a partir de la cual pudiese generar algo de peligro. No le resultaba nada sencillo, pero se afanaba con dedicación.

De hecho, la primera aproximación verdiblanca fue un balón que peinó Borrego acuciado por el empuje de un rival y que hizo que Doblas se estirase armonioso. Vaya papelón el del meta sevillano, bético por devoción, observado por miles de ojos ayer. Si paraba, sería odiado por sus paisanos, y si la pifiaba, daba pie a la suspicacia de su parroquia. La profesionalidad manda y su honestidad está fuera de toda duda.

El Betis acumuló una colección de córners como la forma más repetida de achuchar. En el área, donde se regala de todo menos caramelos, había toda clase de caricias, como las que se daban Camacho y Memeth Aurelio. El colegiado no quitaba ojo a esas guerras particulares por si había de tomar alguna decisión.

El Huesca no inquietaba al meta Goitia, lo que no significa que no intentase hacerlo. Colgaba alguna pelota, Gilvan encaraba a Nelson para ver si sacaba algún centro ambicioso, Rico trataba de entrar desde atrás tirando de clase, Camacho probaba fortuna desde la lejanía, pequeñas cositas que tienen su mérito habida cuenta el potencial del enemigo, en el que más de un jugador cobra como toda la plantilla azulgrana. Un dato que no tiene reflejo exacto en el césped, pero que no se puede obviar.

La mejor ocasión visitante llegó en un balón largo a Pavone, que arrancó al límite del fuera de juego. El ariete procedió sin fe y así de lastimosa fue la resolución, diluida sin llegar a asustar a Toni Doblas.

El Betis pidió penalti -Víctor Fernández el primero- por una mano de Moisés dentro del área. Viendo la repetición se observa cómo el delantero cae sobre el balón sin la menor intencionalidad de sujetarlo.

Una primera parte poco plástica para el espectador dio paso a una segunda más excitante. O el Betis dio un paso atrás o el Huesca lo dio para delante. El caso es que los de Calderón cobraron una presencia en campo contrario que no habían tenido en el primer episodio del envite.

Rico por un costado y, sobre todo, Gilvan por el otro llegaban hasta la línea del área con cierta facilidad. Desde ahí cabía el disparo apurado porque la cosa no daba para más, pero ya era una sensible diferencia con lo que se había visto hasta entonces.

Fue un partido de clásicos. Robert ejercía de lateral derecho como se debe y Sorribas desempeñaba un control muy fructífero de la parcela ancha, siempre bien situado, con un nivel de concentración excepcional.

Víctor movió ficha primero. Sacó del campo a Pereira y metió a Capi. Perdía cierta pegada, porque el punta pequeñito daba mucho mal, más que Pavone, pero recuperaba control en el centro del campo, que era seguramente lo que buscaba, viendo que el Huesca, dentro de sus limitaciones, se encontraba plácido. La bala azulgrana fue Iriome, ese diamante en bruto del que siempre se espera algo por su velocidad.

Era otro partido, más abierto, más frontal, mucho más interesante para el público. Prometió Calderón que el Huesca tutearía al Betis y cumplió su palabra. Qué gustazo para la vista. Lástima de pegada, pero que no se pierda esto. Y es que con semejante diligencia, con esa forma de partirse el pecho, este equipo no puede descender. Un gol azulgrana habría sido el delirio, pero lo que llegó fue un mazazo demasiado cruel y seguramente inmerecido

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