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CASTELLÓN 1-2 SD HUESCA

Un hachazo imprescindible

El Huesca se repuso de una mala primera parte para lograr un triunfo vital en Castalia.

Un hachazo imprescindible
Un hachazo imprescindible

Hachazo imprescindible. Tres puntos que allanan el camino y, de paso, condenan al Castellón al descenso. El Huesca vive, resucita tras cinco partidos sin conocer el triunfo. Adiós a la espiral peligrosa y bríos nuevos para los cuatro envites que restan.Los goles de Moisés y Sastre y la sobresaliente actuación de Doblas -una vez más-, sellaron el reencuentro con la victoria y devuelven la calma a un equipo que empezaba a generar dudas tras perder sus señas de identidad en los últimos encuentros. No está todo hecho ni hay que llevarse a engaño. La faena solo está encarrilada, pero lo que viene se va a afrontar con la moral por las nubes tras el efecto revitalizador del asalto a Castalia.

La primera parte estuvo en la línea gris de las últimas jornadas. Sin continuidad y sin pegada. El Castellón empujó muy fuerte en el último tramo. Pero en la segunda, el Huesca tuvo chispa, gol y capacidad de reacción.

En la puesta en escena ya se apreció que cuando hay mucho en juego la pierna se vuelve plomiza y el cerebro poco ágil. La pelota pulula sin dueño que le muestre cariño. Es la fase de estudio.

Cada estilo de juego tenía su matiz. Mientras el Huesca intentaba sobar el balón como punto de partida para sentirse cómodo, el Castellón gastaba menos toques en visualizar el área. Casi siempre terminaba colgando el esférico en busca del gigantón Ulloa, que generó más de un contratiempo a Doblas al entrar como una mula desbocada en cada centro.

La primera situación medianamente clara de gol fue para el Huesca, en una contra lanzada entre Rico y Camacho, que terminó con un endiablado disparo del centrocampista aragonés. A Moisés le molestó que no se observara el desmarque que ofrecía, con el que se hubiera quedado en el cara a cara con Lledó. Para jugarse lo que se jugaba, el Castellón tampoco es que se comiera la hierba, tal y como cabía presumir por su extrema necesidad. Eso complacía al Huesca, que no se sentía muy amedrentado y encontraba espacios de vez en cuando para combinar con cierto gusto. Eso sí, el área es terreno prohibido este año.

El tramo final del primer tiempo fue otra cosa. El equipo albinegro incrementó el ritmo, presionó con coraje y cercó la meta de Toni Doblas, seguro en todos los lances. Guiados por la clase de Guzmán -parecía internacional-, los locales pudieron desequilibrar el marcador con acciones basadas más en la casta que en la precisión o el virtuosismo. Mantecón y Ulloa también ponían la diferencia. Fueron los minutos más vacíos de un Huesca contemplativo y reservón, obligado a espabilar en la segunda parte y a tratar de crear más peligro, sobre todo para evitar que su rival creciera en confianza.

Y la vuelta del descanso resultó providencial. Primero avisó Moisés, que no pierde la fe ni muerto de sed en el desierto. Lanzó una falta de empeine traicionero que repelió con odio el travesaño. El veterano ariete se llevaba la mano a la melena y se preguntaba por qué no. Sin embargo, instantes después encontraría el por qué sí. En una transición magistral de Mikel Rico, este abrió para Camacho, que tocó lo justo para que el balón viajase al segundo palo. Allí aguardaba 'Moi', que tuvo tiempo de disfrutar de antemano la alegría que iba a sentir tras alojar la pelota en la red, tocándola suavemente con su pierna derecha.

La zozobra se instaló en Castalia, donde la afición ha abandonado al equipo. Que a un estadio como este acudan dos mil personas lo dice todo. El divorcio parece irremediable. Y eso que Guerra casi empata un minuto después. Pero ahí estaba Doblas -vaya año que lleva- para desbaratar la acción a pecho descubierto. El Huesca pudo matar el partido en un contragolpe de Gilvan Gomes, en el que el brasileño volvió a demostrar que es tan bueno como chupón. Tenía tres compañeros en mejor situación y se la jugó por cuenta propia. Le cayó la bronca y miró para Murcia.

Ulloa apareció para devolver cierta esperanza a la reducida parroquia. En una falta lateral se merendó a Corona y peinó el balón sin que Doblas tuviera margen para la reacción. Había partido. Calderón quitó a Moisés para hacer reaparecer a Rodrigo Silva, defenestrado en las últimas semanas. Acto seguido, una genialidad de Rico, que cedió de tacón para Sastre dentro del área, acabó con un exquisito remate del balear, que colocó el balón junto a la base del palo contrario. Formidable reacción azulgrana, que enterraba en vida al Castellón.

Quedaban veinte minutos para administrar con templanza y sin perder de vista la portería albinegra, ante la posibilidad de apuntillar a un conjunto malherido. Se sufrió para sujetar el triunfo. Que se lo digan a Doblas, que le sacó un remate de cabeza a Zamora, a medio metro de distancia en el último suspiro, que puede valer la permanencia. Para el Castellón poco habría supuesto. Para el Huesca, quizá todo.

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