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HUESCA 2-REAL UNIÓN 3

Un Huesca en caída libre

Cuarta derrota en cinco partidos, que deja a los azulgrana un punto sobre el descenso.

Un Huesca  en caída libre
Un Huesca en caída libre

Nadie dijo que resultaría sencillo salvarse. Tampoco nadie se esperaba que el Real Unión de Irún, que hace cuatro días se encontraba prácticamente en desahucio, pasara por encima de la Sociedad Deportiva Huesca en una segunda parte que confirma las tendencias de las últimas jornadas. Un empate y cuatro derrotas que pueden explicarse en la desaparición de la seguridad defensiva -tres goles ayer y cuatro en Vallecas- y en la falta de recursos cuando hay que levantar el vuelo. O falta pericia para hallarlos. Los azulgrana se encuentran más asomados que nunca a los puestos de descenso, a un punto, y urge frenar esta caída libre.Dentro de la terapia de grupo a la que se tendrá que someter el plantel en los próximos días para recuperar el ánimo, se argumentará que el Huesca todavía depende de sí mismo. Cierto, pero el horrible último mes ha dado vida a Salamanca, Cádiz, Murcia y un Real Unión que celebró el triunfo como si hubiese ganado la Champions. Ya no hay que mirar solo al cuarto por la cola; el miedo se extiende ya al penúltimo. Lo sigue siendo el conjunto vasco, que si en la primera mitad pareció tierno e inocente, después se llevó con justicia un duelo del que ojalá no nos acordemos dentro de un mes.

El desenlace, imprevisible al descanso, quizá resulte un castigo excesivo para un Huesca al que le pierde cierta indefinición táctica en los últimos tiempos. Antonio Calderón recuperó para la causa a Borja Rubiato tras varias semanas sin aparecer como titular y sacrificó a Sastre para dotar de empaque al centro del campo con Paco Borrego junto a Helguera. Una inercia que funcionó al comienzo y se diluyó al final.

A los 61 minutos, y con el 1-1, Rubiato dejó a los azulgrana sin un 'nueve' nato, función que pasaría a desempeñar Camacho, con Vicente -otro reaparecido- por la derecha. El míster, como señaló en la rueda de prensa, pretendía asegurar el medio y ganar velocidad por las alas. Un cuarto de hora más tarde ingresaría en el terreno de juego el otro ariete puro, Moisés, para deshacer lo andado. Señal de que la apuesta había salido rana y de que se podía haber mandado un mensaje contradictorio a los futbolistas. Tras esas idas y vueltas, los irundarras marcaron dos goles. Tan sencillo, y tan duro.

Los dos técnicos y algún jugador se refirieron a otro factor, el viento, como determinante de la suerte de unos y otros. Lo cierto es que el Huesca fue superior cuando tuvo al dios Eolo de su lado, y viceversa. La primera prueba, a los dos minutos, cuando Camacho lanzó desde la izquierda una pelota que, con una órbita caprichosa, acabó en el larguero del meta Jáuregui, que estaba vendido. A los seis, y por el mismo flanco, Gilvan abriría el frontón vasco con un balón cruzado a la derecha del portero y después de hacerle la ratita, ahora te enseño la bola, ahora no, a un defensa rival. Sus dos volteretas para celebrarlo, una lateral y otra en el aire, supusieron la única sonrisa de la tarde.

El Huesca buscó los cambios de orientación, con un gran Paco, para echar abajo la resistencia del conjunto visitante, que en esos 45 minutos defraudó. Su bagaje, medio remate ante Doblas y algunos intentos que morían antes de nacer. El Real Unión daba la medida de lo que se supone un candidato al descenso, pero los azulgrana no remataron al moribundo. Faltas continuas y poca chicha hacían relamerse a los locales.

Camacho realizó un par de intentos, el portero pudo hacer penalti sobre Helguera y a Borrego y Rubiato les faltó picardía dentro del área para rematar sendas oportunidades. El delantero, voluntarioso, evidenció tantos minutos a la sombra y en la grada. A los guipuzcoanos solo les quedaba la bala de los valientes. Y vaya si la aprovecharon. Salieron de la caseta con sangre en los colmillos y Durán pudo empatar con un chut que la zaga oscense sacó bajo palos. En el 47, Brit entró al remate sorprendiendo a Corona, al que ganó la posición. Y en el 49, Descarga rondó el 1-2. Cautivo y desarmado, pillado a contrapié, el Huesca entró en coma. No hubo gama de grises, se pasó del blanco al negro y los oscenses se refugiaron en las combinaciones de sus hombres de arriba, con Rico ejerciendo de líder y protagonista de las aproximaciones más jugosas junto a Camacho. Mientras tanto, Gilvan no remató un preciso centro de Vicente.

Moi entró en el 77 y el Real Unión puso más énfasis en su credo ofensivo con Goikoetxea y Abásolo. Los cambios sí que le funcionaron: en el 83, el primero se la dio de tacón a Brit, cuyo remate fue un rechace que aprovechó Juan de cabeza en otro regalo de la defensa. Dos minutos más tarde, el propio Goikoetxea cazó un balón en el aire para ejecutar de manera espléndida a Doblas. A tres del final, Moisés llamó a la suerte que no llegó con un tanto en claro fuera de juego. Poco consuelo y mucha zozobra que hay que sortear con la unidad de todos. Nadie dijo que resultaría sencillo salvarse.

Miguel Barluenga

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