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Atracados y atascados

El Huesca fue mejor hasta el penalti inexistente de Helguera y reclamó otro a Moisés

Atracados  y atascados
Atracados y atascados

Duele perder un partido por una injusticia. Y mucho. Pero si antes has mandado dos balones a los palos, has dominado a un candidato al ascenso y has deparado algunos de los minutos más bellos de la temporada, fastidia el triple. El penalti de Helguera a Mariano que solo vio Hevia Obras derribó el castillo de naipes que había levantado el Huesca. Añádase otra pena máxima sobre Moisés no señalada y la sempiterna falta de pericia ante el gol para explicar un marcador inexplicable. Mentiroso y exagerado, que provoca la segunda derrota seguida en El Alcoraz y mantiene a los azulgrana atentos a lo que hagan sus rivales por la permanencia, que sigue sin estar garantizada.

Algo debe de tener el colegiado contra los oscenses. Y contra Helguera. Fue el que en el derbi de La Romareda expulsó al bravo centrocampista cántabro. El presunto penalti llegó, para colmo, precedido de una falta cometida sobre el jugador que Hevia entendió al revés. El madrileño completa su, por ahora, nefasta hoja de servicios con el Huesca en el reciente duelo ante el Levante. Haciendo historia, el colegiado.

Y otro pecado: cargarse un choque más que atractivo, sobre todo en la primera mitad. Fútbol total de los dos equipos, ataques sin cuartel en el polo opuesto al Mourinho del Camp Nou. Ningún gol, pero tres balones a la madera. El Cartagena demostró que se puede estar arriba en la tabla sin castigar a sus aficionados con el tedio, mientras el Huesca comenzó sacando jugo a los espacios sin descuidar la marca a sus enemigos más peligrosos. Longás estaba ayer señalado con rotulador rojo, pues su inmensa calidad pasó desapercibida.

Calderón desarrolló la idea que lleva germinando en las últimas semanas. Es decir, prescindir de sus delanteros natos y dinamizar a la vez el balance ofensivo con tres futbolistas. Ni Rodrigo, ni Moisés, y Rubiato en la grada. Los elegidos ayer fueron Mikel Rico, Camacho y Gilvan. Es un planteamiento que necesita de la asunción de los futbolistas. No siempre se lograron los efectos deseados, pero la calidad de cualquiera de estos pájaros puede decidir. La primera la tuvo Gilvan a los seis minutos. Corrió tras una bola que se acabó llevando -es un especialista en guardarse la pelota como un trilero- y se apostó ante el meta, que llegó antes y escogió mal su despeje: rebotó en el propio Gilvan y luego en su palo derecho.

Acto seguido, Doblas salvó un disparo seco, escorado y abajo de Toché y, a los once minutos, De Lucas hizo saltar chispas del palo como culminación de una contra. En su pelea por adaptarse a esta forma de jugar, el Huesca sujetó el centro del campo con Helguera y Borrego y un Sastre que, con más libertad debido al desgaste de los lugartenientes, regresó a su esencia. La conclusión lógica, clarividencia a la hora de repartir pases entre sus compañeros. Sin timidez y mirando en todo momento al arquero contrario.

En la vanguardia, los tres tenores intercambiaron continuamente sus lugares. En el debe, falta de continuidad en sus acometidas. Gilvan aparecía desubicado en algunos instantes. Tal vez el de ariete no sea su mejor rol, afirmación que corre el riesgo de ser desmontada en cualquier momento... Tal es la naturaleza de este anarquista del fútbol.

El Cartagena solo podía refugiarse en el toque lejos del frente de batalla para aburrir hasta a las torres de luz. Si pretendía marear la pelota para evitar sustos con los relevos entre Camacho, Gilvan y Rico, no funcionó. No le bastó para evitar otro balón a la madera, el que estampó Helguera a los 29 minutos, manos de Rubén mediante.

Si hay que dar un voto de confianza al último producto de la factoría Calderón es por razones como el arranque de la segunda parte. Las bandas aparecieron con verdadera pujanza; en cinco minutos, todo lo anterior perdió su importancia. Primero, con el no penalti de Helguera sobre Mariano que De Lucas marcó dos veces, la primera, que no valió, por el centro y la segunda, a la derecha de Doblas. Fue una acometida por detrás de la que el amarillo recolectó el fruto deseado. Tal vez Hevia Obras no tenía el corazón limpio, y en una acción inmediata expulsó a Etxeita por una agresión a Helguera, centro de las acciones de mayor peso de la tarde. El árbitro estaba al lado, así que lo vería claro.

Contra diez, diez minutos tardó en moverse el cuadro azulgrana. Moisés entró por Corona, que tenía amarilla, y Calderón situó tres centrales (Dorado, Helguera y Borrego) con Carlos y Juanma como carrileros y todos arriba. Fuera pizarra y a la heroica. El partido se convirtió en un quiero y no puedo. Ni las entradas de Vegar y Víctor Pérez, ni Helguera haciendo de Piqué, ni la petición de un penalti de Expósito a Moi resquebrajaron a un Cartagena seguro. Un error de Dorado, el segundo grave de la temporada, le dio el 0-2 a Toché.

Miguel Barluenga

Miguel Barluenga

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