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Muere José María Leminyana, pionero en la reclamación de los bienes

Ex párroco de Roda de Isábena, falleció anoche a los 84 años en BarbastroSu gran labor fue reconocida con la medalla de San Jorge.

Leminyana (izquierda), con el alcalde de Roda en junio de 2008, cuando fue homenajeado por la Ribagorza
Muere José María Leminyana, pionero en la reclamación de los bienes
A. G.

José María Leminyana, párroco de Roda de Isábena durante más de 30 años y pionero en la reclamación del regreso de los bienes procedentes de las parroquias aragonesas segregadas de la diócesis de Lérida, falleció anoche en Barbastro a los 84 años de edad tras una larga enfermedad.

 

La muerte de este incansable luchador en defensa del patrimonio aragonés se produjo sobre las 20.00 de ayer en el hospital de dicha ciudad, donde se encontraba ingresado desde hace varios días al agravarse su delicado estado de salud, que hace ya dos años le obligó a trasladarse a vivir a Estadilla, localidad en la que había nacido y en la que reside su hermana. En los últimos meses permanecía internado en la residencia barbastrense de las Hermanitas de los Desamparados. Al cierre de esta edición se desconocía cuándo y dónde tendrá lugar el funeral, aunque con toda seguridad no se celebrará hasta mañana.

 

La figura de José María Leminyana estará para siempre indisolublemente unida a Roda de Isábena, la antigua sede catedralicia del viejo condado de la Ribagorza que este sacerdote tenaz y emprendedor rescató del olvido.

 

Nada más llegar a esta localidad a mediados de los años 70, se convirtió en el estandarte de la reivindicación de la necesidad de actuar en la restauración de la monumental ex catedral de San Vicente. No se quedó en las palabras y se convirtió en un infatigable cura obrero que manejaba con igual destreza la piqueta y la pluma, los estudios sobre la historia de la catedral y la plomada para recuperarla. Ataviado con un mono azul manchado de yeso y cemento, el cura albañil no se tomaba más respiro que sus tareas pastorales.

 

Pero Leminyana había llegado al corazón de Ribagorza de manera casual. No era un hombre cómodo, y sus superiores decidieron enviarlo al valle del Isábena como rector de unas parroquias deshabitadas y envejecidas. Después confesaría que en su llegada a su nuevo destino había sufrido un enamoramiento que ya no le abandonaría en toda su vida.

 

La tarea de recuperar la catedral fue la que se llevó buena parte de sus afanes. Con pocas ayudas, pero con una inagotable perseverancia, le devolvió su prestancia, la hizo "visible" ante la opinión pública con su defensa y publicidad de su monumentalidad y consiguió interesar en su restauración a la sociedad y a la clase política aragonesa.

 

Pero también decenas de iglesias y ermitas de toda la Ribagorza y de las comarcas vecinas contaron con su trabajo y deben en la actualidad al impulso del párroco de Roda su recuperación.

 

Leminyana también fue una figura capital en el delicado proceso de adecuar los límites diocesanos a los límites políticos e integrar las parroquias aragonesas dependientes del obispado de Lérida en el nuevo de Barbastro-Monzón. Más tarde, se erigiría en uno de los primeros y mayores defensores de la reclamación de la vuelta a Aragón de los 112 bienes sacros de dichas parroquias.

 

Precisamente, su labor como abanderado de la lucha a favor de que las parroquias del Aragón oriental, entonces dependientes del obispado de Lérida, se integraran en una diócesis aragonesa, fue reconocida por el Gobierno de Aragón con la concesión de la medalla de San Jorge en 1988.

 

Muchos de estos bienes procedían originalmente de la catedral de San Vicente, y Leminyana esperaba que se convirtieran tras su vuelta en parte destacada de uno de sus sueños más queridos: la construcción de un museo catedralicio que no ha podido ver finalmente levantado. "La catedral es hoy -comentaba hace unos meses- un almacén de arte porque no hay manera de hacer una cosa cómoda y didáctica por falta material de espacio".

 

Para solucionar este problema había diseñado un espacio museístico que deberá levantarse en el espacio que ocupa la antigua enfermería, situada en el claustro.Leminyana entendía que su rehabilitación, de hecho, propiciaría un excelente espacio expositivo.

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