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El teatro romano de Huesca no se puede visitar, aunque las obras de conservación están acabadas

Las ruinas se han integrado en un local de la calle Canellas y solo estarán visibles cuando se abra un negocio.

Al día siguiente del hallazgo. Iglesias, Almunia y Elboj acudieron de inmediato a ver las ruinas del teatro romano de Huesca
El teatro romano de Huesca no se puede visitar, aunque las obras de conservación están acabadas
RAFAEL GOBANTES

El hallazgo de las ruinas del teatro romano de Huesca a principios de mayo de 2006 es el descubrimiento arqueológico más importante de los últimos años en la capital oscense. Los restos se localizaron en el jardín de un inmueble de principios del siglo XX que se rehabilitó en la calle Canellas, 5, frente al edificio del Archivo Provincial. Ahora, la propiedad ha finalizado ya las obras de conservación, a falta de instalar la iluminación. Sin embargo, las ruinas, que ahora forman parte de un local comercial, no se podrán visitar hasta que no se abra un negocio al público.

Aunque se intuía la existencia de un teatro romano en Huesca, se desconocía su localización, que sirvió para completar el pasado romano aragonés donde solo hay dos edificios similares en Zaragoza y Bílbilis (Calatayud). Así lo valoró en aquel momento tanto el presidente de Aragón, Marcelino Iglesias, como la entonces consejera de Cultura, Eva Almunia, y el alcalde de Huesca, Fernando Elboj, que acudieron al día siguiente de publicarse la noticia en este diario a visitar las ruinas. El hallazgo lo confirmó el director general de Patrimonio, Jaime Vicente, quien aseguró que era "una gran noticia y una obra importante para que se pueda conservar en el futuro". El compromiso político fue proteger el teatro romano.

Las ruinas ya están protegidas porque la Ley de Patrimonio obliga a la propiedad, que pertenece al oscense Julio Sopena, a conservar los restos. Su hija y arquitecto de la obra, Pilar Sopena, presentó el proyecto de conservación que fue aprobado por el Gobierno de Aragón. Ahora, la obra está ejecutada, pero no se puede visitar. "La impresión es que se han olvidado un poco", comenta Sopena, que no ha recibido ninguna propuesta ni del Ayuntamiento ni de otra institución para comprar o adquirir el local y garantizar que el público pueda visitarlas.

Las piezas encontradas corresponden a la parte media alta de la construcción pública, que podría datarse en la primera mitad del siglo I de nuestra era, posiblemente de la época de Tiberio, según explicó en su momento Jaime Vicente. Una celda o cámara, que utilizaban los romanos como cimientos para el graderío de los teatro y la presencia de abundante "opus caementicium", conocido popularmente como el cemento romano, fueron las pistas que llevaron a los arqueólogos a confirmar el hallazgo. Por su colocación, todo indica que el teatro romano podría estar ubicado entre la calle Peligros y la plaza de la Moneda y los edificios del Coso Bajo desde la plaza de San Domingo. Los restos que se pueden ver son unos grandes muros de sillería de más de un metro de largo, con una zona aporticada.

Aunque en principio se pensaba integrar en un patio ajardinado, finalmente han quedado bajo una cubierta ligera que simula un cierto movimiento como las estructuras móviles a modo de toldo que tenían los teatros romanos. En cuanto a los restos, como pertenecen a los cimientos, se ha levantado el suelo al mismo nivel para que el visitante lo pueda interpretar, explica Pilar Sopena. Aunque no ha calculado el precio de las obras, "para mí ha sido más interesante encontrar esto, pero ha tenido un mayor coste", apunta.

Los arqueólogos José Luis Cebolla y Francisco Javier Ruiz son los que efectuaron las catas a petición de la propiedad que iniciaba la remodelación del patio interior, sobre la que originalmente había una nave que servía de almacén en el antiguo comercio del edificio. Cebolla destaca la importancia de estos restos aunque lamenta que en la capital oscense no exista ningún yacimiento arqueológico que se pueda visitar. En este sentido, hace alusión a las ruinas de Círculo Católico, en unas viviendas de protección oficial, que están conservadas pero que tampoco se pueden visitar.

Las siete viviendas de entre una y tres habitaciones, que ya estaban terminadas cuando se descubrió el teatro, no se pusieron a la venta a la espera de ver cómo quedaban las ruinas. Ahora, la propiedad ya ha empezado a comercializar tanto los pisos como los dos locales, uno de los cuales tiene los restos en su interior. Ahora, esperan propuestas originales para abrir el local y que el público pueda visitar el teatro romano.

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