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Los expertos advierten de que la población de osos del Pirineo está abocada al fracaso

Serían necesarios entre 30 y 40 animales, con un mínimo de ocho hembras, para garantizar la supervivencia.

La primavera ha despertado y los osos pirenaicos, también. Camille, uno de los últimos ejemplares autóctonos, deambula por el valle navarro de Garde, en la muga con Ansó en busca de comida fácil debido a su avanzada edad. Otro ejemplar, posiblemente Aspe, dejó sus huellas impresas sobre las últimas nieves que cayeron en los montes del Parque Natural de Los Valles hace tres semanas. Son dos de los cuatro animales que habitan en la zona occidental del Pirineo, donde la población está abocada al fracaso. En la zona central-oriental, donde según los datos del Gobierno aragonés hay entre 10 y 15 osos, la situación tampoco es muy halagüeña. Los expertos advierten de que con una veintena de animales la supervivencia de la especie en el macizo sería una casualidad.

"Serían necesarios un mínimo de 30 o 40, con al menos ocho hembras para garantizar la supervivencia de la especie", asegura Guillermo Palomero, presidente de la Fundación Oso Pardo, un naturalista que recientemente recorría diversas poblaciones aragonesas hablando con los empresarios turísticos, en una actividad que promueven el Gobierno aragonés y el Ministerio de Medio Ambiente. Francia también se ha puesto manos a la obra y ya ha anunciado que a partir del próximo mes de mayo comenzará a mantener reuniones con los diversos sectores y agentes económicos del Pirineo para hablar de la población osera.

En la actualidad, el Gobierno aragonés divide la población del macizo en tan solo dos grupos. En la zona occidental (Roncal-Salazar, Ansó-Hecho y Aspe-Ossau) hay cuatro plantígrados, todos ellos machos. Se trata de Camille -ya muy viejo y el único que está asentado en España-, Aspe, Nere y Canelillo.

En la subpoblación central-oriental (Alto Garona, Altos Pirineos, Benasque y Arán) hay entre 10 y 15 animales procedentes de las reintroducciones realizadas por Francia a mediados de los noventa y en 2006, aunque cabe recordar que de los cinco ejemplares soltados en la última acción -cuatro hembras y un macho-, dos de las osas ya han fallecido. Una, Paloma, se despeñó; la otra, Franska, murió atropellada en la autopista cerca de Lourdes aunque su autopsia reveló que había recibido anteriormente varios disparos.

La conexión entre las dos subpoblaciones se considera posible, pero solo a través de machos. Eso es un hecho que ya se comprobó con Neré. Pero es imposible para las hembras que prácticamente no se dispersan del territorio de sus madres. Por ello, la población occidental está abocada al fracaso. La cifra de la zona central-oriental "tal vez por azar", relata Palomero, podría pervivir, aunque sería casi casi un milagro.

Diálogo social

Sin embargo, Palomero tiene claro que para que cualquier proyecto de reintroducción de la especie salga adelante lo principal es contar con la población. "Hay que conseguir el apoyo social que hay en la cordillera, entender que es posible cohabitar y eso permitirá tener una población viable". De la misma opinión se muestra el jefe de biodiversidad del Gobierno aragonés, Manuel Alcántara.

Y a ello se han puesto los dos gobiernos, España y Francia. De momento, y a pesar de que algunas organizaciones ecologistas francesas han reclamado una nueva reintroducción, nadie habla de ese tema. La tarea de ambos, ahora, se centra en conseguir el apoyo de la población.

Aquí, en Aragón, primero fueron los ganaderos, los más afectados por la presencia de plantígrados. Ahora le ha llegado el turno a los empresarios turísticos y después, previsiblemente, serán los cazadores. En algunas zonas, como en Ansó, ya se aplican medidas y de "motu propio", asegura Manuel Alcántara, jefe del servicio de Biodiversidad del Gobierno aragonés.

El alcalde de esta población, Félix Ipas, que además es agente de protección de la naturaleza explica que son reglas de prevención que utilizan en el coto. "Si encontramos huellas, pelos, excrementos o ha habido algún ataque, se prohíbe entrar a cazar en 15 días. Las batidas, si están organizadas para esa zona, bien se posponen, bien se cambian. Además, durante ese periodo hacemos inspecciones, un seguimiento y si vuelven a localizarse huellas, se amplía el periodo. Si no las hay, pasados los quince días, los cazadores pueden volver a entrar". Es más, en el valle -entre este y el de Roncal tiene su cobijo Camille- al inicio de temporada se ojean todas las zonas sensibles para evitar desenlaces fatales como el de Canelle.

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