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Una multitudinaria batalla festiva en el Primer Viernes de Mayo

La coincidencia de la fiesta con el puente propició la llegada de cientos de turistas. El momento cumbre llegó a las dos del mediodía, cuando sonaron las primeras notas del "Jaca libre sabe vivir..."

Miles y miles de personas se agolpaban en las calles del casco histórico jaqués para ver entrar a las huestes victoriosas del Conde Aznar en Jaca, un multitudinario desfile triunfal que rememora la Batalla de la Victoria contra los musulmanes acaecida en el 760. Y es que al haber coincidido la celebración con el puente, fueron muchos los turistas y también jaqueses que viven fuera los que se acercaron para disfrutar de la que se considera la gran fiesta de la ciudad, una mañana llena de tradición y magia que finaliza con el atronador canto del himno del Primer Viernes de Mayo que entona toda la calle Mayor.

Pero hasta llegar allí, la mañana fue larga. Junto a la Ermita de la Victoria, donde supuestamente se libró la batalla, los jaqueses comenzaron a encender sus hogueras cuando pasaba muy poco de las siete de la mañana. Eran, sobre todo, gente joven que llevaba toda la noche en vela. Poco a poco, la ladera se llenó de más y más jaqueses de todas las edades que con un buen almuerzo -migas, costillas, longaniza y un recio vino- conmemoraron la gesta de sus antepasados.

El Ayuntamiento de Jaca, además, había pensado en aquellos que no llevan nada de comer y que por lo general suelen ser jóvenes. Dentro de la campaña preventiva que han puesto en marcha "El alcohol... tu peor pasajero", voluntarios de Cruz Roja repartieron 150 bocadillos, según explicó edil de Acción Social, Fe Nieto. También, para disuadir a los conductores de coger el coche tras haber bebido alguna copa, se repartieron alcoholímetros de un solo uso en los que se determinaba si hay o no alcoholemia positiva, pero no tuvieron tanto éxito como los bocadillos.

Y con el estómago lleno, los jaqueses volvieron al centro de la ciudad para gritar y corear a sus tropas victoriosas en un año muy especial para la Hermandad del Primer Viernes de Mayo, que estrenaba bandera nueva. Eran poco más de las doce cuando comenzaba el desfile en el que participan más de 800 personas. Pero en la calle, desde hacía más de media hora, no quedaba ni un hueco en primera fila. Cientos y cientos de personas se arremolinaban en las aceras de la avenida del Primer Viernes de Mayo, la plaza de la Catedral, la calle de Bellido o la calle Mayor, la preferida por los jaqueses. Y eso se dejaba sentir ya que no dudaban en vitorear y aplaudir a las tropas cristianas, a los artesanos y a los labradores, en bailar y saltar al ritmo de sus tambores, y en reclamar algunas 'deudas' a las autoridades. A los típicos cánticos de "Es......... el que no bote, es" se fueron sumando otros relativos a la pista de hielo, todavía cerrada, o a la posible integración de Candanchú en Aramón, consignas que corearon a la llegada de la corporación municipal o al paso de Eduardo Roldán, director de la estación de esquí.

Esta calle engalanada, la Mayor, fue también en la que se hizo notar más la presencia policial, que contó con el refuerzo de medio centenar de agentes de Policía Nacional llegados de poblaciones cercanas como Canfranc y Huesca. Y es que allí, frente a las puertas del Ayuntamiento que todos quieren alcanzar, tuvo lugar el momento más emotivo de la fiesta, el que los jacetanos esperaban con ansia y que llegó pasadas las dos de la tarde. Al ritmo que marcaba la banda de música Santa Orosia, los miles de jaqueses y turistas entonaron el "Jaca libre sabe vivir a la sombra del monte Oroel", el himno del Primer Viernes de Mayo que hizo vibrar a toda la ciudad.

El alcalde de la ciudad, Enrique Villarroya, alabó el trabajo de la Hermandad del Primer Viernes de Mayo, organizadora de la fiesta; destacó la libertad de expresión que ejercieron los jacetanos durante el en la historia una mujer, la edil de CHA Natalia Márquez, ejercía de síndico (representante de la ciudad). Asimismo, resaltó la ausencia de incidentes y comentó que solo una persona, que resultó herida por un caballo, tuvo que ser evacuada al hospital. Otro de los animales equinos también resbaló en el nuevo pavimento de la plaza de la Catedral, cayendo al suelo con su jinete. Y entre las anécdotas, destacar también al fotógrafo Peñarroya que desde hace unos años, para no desentonar con la fiesta, se viste de artesano y recorre las calles jaquesas captando con su cámara los momentos más intensos de la fiesta.

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