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Huesca

Ver mundo sobre dos ruedas

Rosa Calvo. Huesca 27/10/2016 a las 06:00
Una etapa del viaje en Rumanía.Vicente Puyal

En lugar de los osos que pueblan los bosque de Rumanía, fueron la lluvia y el barro los principales enemigos de los seis altoaragoneses que hace unos días recorrieron el país europeo con sus bicicletas. Este grupo de amigos y aficionados al ciclismo han apostado hace varios años por un turismo sobre dos ruedas, que les permite disfrutar con calma los paisajes y disfrutar de su deporte favorito. Marruecos en varias ocasiones o Francia han sido otros de sus destinos, siempre con una hoja de ruta similar.

“Intentamos hacer viajes de cinco días, con unos 400 kilómetros en total, y aprovechar también para visitar los lugares por los que pasamos”, señala Vicente Puyal, uno de los integrantes del grupo junto a los oscenses Antonio Gros, José Ramón Castillo y Joaquín Grasa, además del serrablés José Luis Zabala y el argentino afincado en Graus, Germán Vidal, todos entre los 40 y los 65 años.

Su última travesía partía de la ciudad de Sibiu o Hermannstadt, y atravesaba pueblos típicos de la región transilvana. “En esta ocasión contratamos un guía en cada uno de los lugares en los que parábamos, que nos enseñaba la ciudad, para poder aprovechar todavía más el viaje”, explica Puyal. Así, después de toda la mañana pedaleando, tocaba coger el mapa para ver algunos de los lugares más característicos de Rumanía, entre los que no pudieron faltar el Palacio Fortificado de Peles y el Castillo de Bran, que es uno de los grandes atractivos turísticos del país, al considerarse el castillo de Drácula, a pesar de no estar documentado que Vlad El Emapalador residera allí. El final de su ruta estaba fijado en Bucarest, a donde tuvieron que adelantar su llegada, ya que el mal tiempo les obligó a salirse de los 'tracks' marcados y acudir exclusivamente a los mapas para completar los recorridos de algunas de las etapas.

Todos esos contratiempos se añaden a un largo libro de anécdotas que van engordando en cada una de sus excursiones. “En este caso, también nos hemos topado con muchos perros sueltos, que nos han hecho pedalear más deprisa de la cuenta”, apunta Puyal, y es que aunque su temor eran los más de 6.000 osos que pueblan la zona, al final fueron los perros los que asustaron a los excursionistas.

En su álbum más reciente está Marruecos, que visitaron en dos años consecutivos, el primero por el valle del Draa, desde el Atlas hasta el borde del desierto del Sáhara, y ya en 2015, recorrieron el mismo país pero con algo más de exigencia. “El último año nos movimos por el Atlas, en alturas de entre 1.500 y 2.000 metros, con etapas de hasta cinco puertos”, recuerda Puyal. En aquella ocasión, los territorios visitados dieron pie a otro tipo de turismo. “Allí nos alojamos un poco donde podíamos, en pueblecitos muy pequeños, en los que nos llegaban a acoger en casas de familias”, explica el oscense, que destaca la gran hospitalidad de toda la gente que conocieron durante el viaje. “Puedes ir a determinados países con algo de miedo porque no sabes la situación que te vas a encontrar, pero luego descubres muchísima amabilidad y en ningún momento tienes sensación de peligro. Al revés, es todo favorable, con los niños que te reciben y sus familias que se vuelcan para acogerte”. En Rumanía también conocieron a muchos rumanos que habían vivido en España y que también se mostraron especialmente hospitalarios con ellos.

Respecto a la forma de viajar, optan por el avión. “Cada uno se encarga de su bicicleta, de desmontarla y de empaquetarla para llevarla como equipaje”. Una vez llegan al lugar de destino, acostumbran a contratar algún vehículo que les portee las maletas. “En viajes anteriores, especialmente por Francia, sí que optamos por llevar las pertenencias en alforjas, pero ya en Marruecos alquilamos un Land Rover que iba detrás nuestro, también por temas de seguridad, y en Rumanía fue una furgoneta que se encargaba de llevar nuestra maleta a su destino, para que nosotros nos desplazáramos solo con lo indispensable”, puntualiza.

“El mismo día en el que volvemos, nuestra cabeza ya empieza a pensar en el siguiente destino”, asegura Vicente Puyal, que se muestra ambicioso a la hora de fijarse en el mapa, aunque admite que todavía falta llegar a un acuerdo, tanto entre los propios ciclistas como con sus familias. “Nos gustaría ir a Turquía o incluso a las islas Lofoten en Noruega, o a Islandia”, aventura.




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