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Huesca provincia

Preparados para pasar el invierno a 2.000 metros

Los 16 albergues gestionados por la FAM llenan los depósitos de combustible para afrontar temperaturas de hasta -22 grados o 2,5 metros de nieve. Solo uno cerrará por riesgo de aludes

Aspecto que ofrecía ayer el refugio de los ibones de Bachimaña, a 2.200 metrosRefugio de Bachimaña

Con la despensa y los depósitos de combustible llenos. Así afrontan los refugios de montaña las primeras nevadas y la brusca caída de las temperaturas. Son días de preparativos para cuando llegue el momento en que los termómetros se desplomen a -20 grados y la nieve alcance 2,5 metros de espesor. A partir de ahora la vida a más de 2.000 metros de altitud se complica y sobre todo hay que tener a punto las instalaciones.

Con el frío también llega la tranquilidad. Las visitas caen en los meses invernales. Noviembre es el mes con menos actividad. Solo hubo 1.921 pernoctaciones en ese periodo de 2016 en los 16 refugios gestionados por la Federación Aragonesa de Montañismo (FAM), un 2% del total del año (93.826). Le siguieron enero y febrero (3%), y en diciembre aumentó ligeramente (5%).

"En esta época se endurecen las condiciones para hacer montaña, pero tampoco hay nieve suficiente para el esquí de travesía", comenta Pedro Servera, guarda del refugio de los ibones de Bachimaña (2.200 m), que estará solo al frente del alojamiento hasta el 1 de diciembre. Entonces se incorporará un compañero, porque se prevé más gente con el puente de la Constitución y las vacaciones de Navidad. Y es que por aquí, asegura, pasan estos días pocos clientes.

"Se está muy bien solo, pero hoy en día no es problema, con tantos medios a nuestro alcance. Además, aprovechamos para tareas de mantenimiento, porque una casa a dos mil y pico metros y con tantas visitas con crampones, piolet... lleva mucho desgaste", comenta Cervera, mientras cierra las contraventanas porque fuera sopla fuerte el viento. Aunque la carretera está a dos horas andando, tiene todo lo que necesita. Con las reservas sobrantes del verano se podrá aguantar hasta Semana Santa. "Según el tiempo, de él depende que vengan más o menos montañeros".

Preparados para pasar el invierno a 2.000 metros

Porteo de suministros con el helicóptero al refugio de La Renclusa.

22 viajes de helicóptero

Donde sí han hecho acopio de suministros hace unos días es en La Renclusa (2.140 m). El helicóptero realizó 22 viajes para llevar fundamentalmente combustible: seis cargado de gasoil, cinco de pellets y tres de butano. "Llega el invierno y vamos a estar más tiempo sin hacer porteos en helicóptero, de forma que ahora se intenta subir todo", explica el veterano guarda Antonio Lafón. El gas es para la cocina y los pellets y el gasoil para la calefacción y los motores. Las placas fotovoltaicas dan algo de energía, pero en invierno producen muy poco por la escasez de horas de sol.

Las latas se convierten en algo fundamental en las despensas y los congeladores están llenos. "Ensaladas y otros productos frescos son muy difíciles de conseguir. Eso sí, en La Renclusa siempre hay caldo". Y patatas para todo el invierno (700 u 800 kilos). Entre las verduras congeladas, "judietas de Benasque, exquisitas, de mi huerto, porque me gusta hacer guisos", indica Lafón.

En todo caso, en invierno los refugios están bajo mínimos. Lo saben bien en el de Cap de Llauset, donde pueden pasar días sin ver a nadie. "Sobra con una nevera pequeña que consume menos energía y una estufa. Casi es suficiente con las placas solares algunos días", cuenta David Castillo. En noviembre y enero no pasaron de 30 pernoctas. Pero aunque no haya que atender clientes, siempre hay tareas de mantenimiento en los equipos interiores, las placas solares o la antena parabólica... Y, sobre todo, ocupándose diariamente de la estación meteorológica de la Aemet.

Preparados para pasar el invierno a 2.000 metros

David Castillo, guarda de Cap de Llauset, con los pellets almacenados como combustible (Cap de Llauset).

El valor de unas naranjas

El invierno pasado llegó a marcar 22 grados bajo cero y hubo que sudar para limpiar los accesos, con 2,5 metros de nieve. En esos meses, llegar hasta Llauset desde la carretera supone cuatro horas de ascenso. La bajada se hace más rápida con los esquís. Por eso, todo se sube en helicóptero a este refugio, el más alto del Pirineo (2.425). Otra cosa es que se aproveche el cambio de turno (los guardas se relevan cada 15 días, si pueden llegar) para acercar un kilo de azúcar, unas naranjas o unas cebollas. "Es algo anecdótico, porque no puedes cargar en la mochila 20 kilos", comenta David Castillo. Así, el producto fresco se convierte en "un lujo" y "casi todo está congelado y envasado al vacío".

Pese a todo, los refugios permanecen abiertos los 365 días del año. La única excepción es Respomuso (2.200 m), que pertenece a la red de la FAM pero es propiedad del Gobierno de Aragón, y que cierra del 15 de diciembre al 15 de marzo aproximadamente, por riesgo de aludes. En 1996 y 2015 cayeron avalanchas causando daños en el edificio. Todavía se están subsanando los desperfectos de la última y haciendo mejoras por si se produce una tercera. A partir del 15 de marzo, cuando los días son más largos, la purga natural de la montaña es más eficaz, aclara el guarda David Abajo, quien asegura que cuando se abría en invierno, ha habido meses de enero y febrero, "sin ningún cliente", dato que contrasta con las 2.000 pernoctas de un mes de agosto.

Hombres del tiempo

Tal y como reconoce la FAM, a 2.000 metros y en invierno, "no es precisamente el hombre el que dicta las normas" y lo único que se puede hacer muchos días de duro invierno es aguantar que pase el temporal. Eso sí, "hay tareas cotidianas ineludibles", como atender las estaciones meteorológicas y hacer periódicamente cortes de nieve para analizar sus condiciones, de cara a establecer el nivel de riesgo de aludes. "Abrir en invierno, no es un capricho -aclara la Federación-, responde a una filosofía": la de acoger a los montañeros que en esta época del año, más que nunca, pueden necesitar un lugar donde guarecerse.

Más pernoctaciones en 2017

La red de refugios de montaña de la Federación ha aumentado el número de pernoctaciones en lo que va de año con respecto a 2016. "Llevamos 6.000 más", explica el responsable de Refugios, Sergio Rivas. Desde enero hasta finales de septiembre de 2016 se habían alcanzado 79.901, y en las mismas fechas de este año, 86.455, un 8% más.

La ocupación de los establecimientos de la FAM aumenta tras año, confirmando una tendencia positiva que muestra el atractivo de estas instalaciones montañeras. En 2016, los 16 establecimientos recibieron un total de 93.826 pernoctas, un 9% más que el año anterior y casi 8.000 usuarios por encima de 2015, lo que supuso un récord de ocupación.

En el último incremento ha tenido mucho que ver la apertura de Cap de Llauset, el último centro en incorporarse (se inauguró en julio de 2016), pero también las cifras de las dos escuelas de montaña, Alquézar y Benasque, donde sobre todo hay actividades para jóvenes, con 2.000 pernoctaciones más.

Según Sergio Rivas, para el conjunto de refugios, el 2017 ha sido un año mejor, y recuerda que la presencia de montañeros está muy relacionada con la meteorología. "La primavera fue más favorable y el verano, similar, eso sí con algunos periodos de mal tiempo". Como ejemplo cita el caso de Cap de Llauset, el albergue situado a mayor altitud, donde nevó cuatro veces en los meses estivales. "El mes de octubre la gente sigue subiendo, pero en cuanto empieza a nevar sí se nota mucho bajón".

Sergio Rivas valora muy positivamente el proyecto Entrepir, concebido para la promoción internacional de todos los refugios del Pirineo a través de la creación de un producto turístico novedoso, que cree que ayudó a incrementar el flujo de montañeros franceses. E programa está apoyado con fondos europeos y tendrá continuidad, ya que esta misma semana se acaba de aprobar la financiación para acometer la segunda fase.





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