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Aragón

"Hay que tener paciencia"

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"Hay que tener paciencia"
"Hay que tener paciencia"
JOSé MIGUEL MARCO

A orillas de los dos ríos que fueron testigo de las dos exposiciones que pusieron a Zaragoza y Sevilla en el mapa, varios de los protagonistas de la Expo 2008 recuerdan para HERALDO sus vivencias dos años después de la ceremonia inaugural. El ex presidente de Expoagua, Roque Gistau, los ex directores generales de Recursos y Medios y el de Operaciones, José Luis Murillo y Jerónimo Blasco, respectivamente, la jefa del Voluntariado, Marta Colomer, y el jefe de prensa, Ricardo Martín Tezanos, rememoran con nostalgia una etapa trascendental de su vida y ven con optimismo el futuro del parque empresarial que se levanta en Ranillas.

Junto al puente de la Barqueta, símbolo de la Expo 92, Roque Gistau ve el futuro del recinto igual que cuando acabó la muestra, aunque ahora el crudo parón inmobiliario le da la razón: "Tal y como está el potaje, se tardarán diez años en llenarlo". Pero de los resultados que está dando ya el recinto tras la post-Expo está muy satisfecho. "Hace pocos días estuve en Zaragoza y me dí una vuelta por el recinto. Es una preciosidad cómo ha quedado y solo falta que en cada plaza se haga un recuerdo al uso que tuvo durante el evento", opina.

También destaca el cambio de fisonomía de la ciudad, que a su juicio ha sufrido una verdadera transformación arquitectónica y urbana. "Como dice el alcalde, el río ha pasado a convertirse en el paseo central de la ciudad, pero también ha ganado en edificios de gran potencia arquitectónica".

De lo único de lo que sigue mostrando públicamente su malestar es del legado intelectual de la cita del 2008. "Como he dicho, ha sido un fracaso, sin ocultar la parte que me toca. Nadie ha puesto la carne en el asador. Es una oportunidad perdida y cada día que pasa tiene una peor recuperación", dice.

Mientras, parte de su equipo en 2008 pasea por el interior del Pabellón Puente, el icono de la Expo de Zaragoza. José Luis Murillo, ataviado con una corbata de Fluvis, también echa la vista atrás y afirma con rotundidad que fue una de las experiencias "más duras de su carrera". Hasta el punto de que confiesa que con participar en el montaje de un gran exposición le sobra. "No me arrepiento, me ha aportado mucho, pero es tan duro que solo recomendaría hacerlo una vez", indica.

No obstante, la Expo sigue siendo una de sus obligaciones como máximo responsable actualmente de la Corporación de Empresas Públicas de la DGA. Desde este puesto, lamenta que no se haya valorado "suficientemente" que la Expo haya cumplido "al milímetro" el programa de reconversión del recinto. "Se cumple absolutamente todo, pero el mercado nos ha obligado a hacerlo a más largo plazo y contra él no se puede luchar. Es absurdo, debemos tener paciencia". Murillo, maratoniano de afición, recuerda que cuando a la ciudad para montar la muestra no había caminos en la ribera. "Sin la Expo, la transformación que ha sufrido Zaragoza no se habría producido en 15 años", asegura.

Blasco es más vehemente: "El 2008 se recordará en la historia porque fue el evento transformador de la ciudad con la aportación de lo mejor de todos y con el ánimo de romper con el provincianismo". Desde la atalaya que le da ser consejero municipal de Grandes Proyectos, sentencia que la llegada del AVE no se aprovechó del todo, mientras que "ahora se ha logrado que Zaragoza sea la segunda ciudad española de zonas verdes, haya sufrido una auténtica revolución en el transporte y cuente con más de una veintena de pasarelas".

También destaca la oportunidad de concentrar la Ciudad de la Justicia en Ranillas, porque -a su juicio- "consolida la trama urbana frente al riesgo que se corría de ir al extrarradio". Solo pone una pega a toda la planificación del 2008: el retraso en los grandes equipamientos culturales (el Fleta y el Museo Pablo Serrano).

La palabra inmortal

Marta Colomer observa el futuro como algo "imparable", pero echa de menos gente que llene ahora el recinto. Contrasta la imagen con la de los tres meses de la Expo cuando decenas de miles de personas pasaban cada día por Ranillas. Entre ellas, destacaba la marea azul de los voluntarios, otro de los iconos de la muestra. "De la Expo han quedado dos grandes cosas: el espacio físico y la palabra que transmiten los voluntarios de su experiencia en la muestra. Y eso es inmortal", recalca. Emocionada, evoca el día de la clausura cuando cientos de voluntarios tiraron sus gorras al aire junto a la escultura de Plensa y gritaron satisfechos: "Lo hemos conseguido". Entonces, eran cerca de 14.000 personas.

Ahora, ha logrado prolongar ese espíritu de la Expo a través de los más de 2.000 voluntarios que forman parte del cuerpo municipal de voluntarios y que continúan estando al servicio de los ciudadanos en Casa Amparo, en los parques, en los colegios... "Aportaremos ilusión y optimismo", asegura.

El jefe de prensa de la Expo (ahora de Expo Empresarial), Ricardo Martín Tezanos, también acumula en su memoria momentos irrepetibles (la presencia de autoridades, las caras de disfrute de los visitantes...) y augura "un futuro prometedor" para el recinto porque "se ha dejado el camino bien allanado". "Volverá a tener vida de día, de tarde y de noche", dice optimista. Pero sobre todo, extrae una lección positiva: "Se ha podido demostrar que cuando nos proponemos algo importante, lo conseguimos".

De Zaragoza con artífices de la Expo... El jefe de prensa, Ricardo Martín Tezanos; la jefa del Voluntariado, Marta Colomer; el ex director general de Recursos y Medios, José Luis Murillo; y el ex director general de Operaciones, Jerónimo Blasco, en el Pabellón Puente.

...A Sevilla con el ex presidente de Expoagua, Roque Gistau, que se encontraba esta semana en el congreso de la Asociación Española de Abastecimientos de Agua y Saneamiento, de la que es su máximo responsable. De fondo, el puente de la Barqueta.

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