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Aragón

EL ESTADO DE LA CARRETERA SÍ IMPORTA

Fomento desoye los informes de Tráfico sobre las graves deficiencias de la N-II

La administración tiene conocimiento oficial de cambios de rasante sin visibilidad, grietas en la calzada o señales y vallas colocadas de forma ilegal, pero lleva años sin repararlos. El tramo aragonés solo tiene tres puntos negros, pero las zonas peligrosas son muchas más.

El tramo sin desdoblar de la N-II comprendido entre las localidades aragonesas de Alfajarín y Fraga solo figura oficialmente con tres puntos negros, en los que el año pasado se produjeron un total de 23 siniestros con víctimas. Pero no son las únicas trampas en el asfalto. Fomento sabe oficialmente que en estos 96 kilómetros de carretera se esconden -a veces, con poco disimulo- muchos otros puntos conflictivos en los que el riesgo de accidente es altísimo. Y lo que es más grave, en todos estos lugares el problema estriba en el mal estado de conservación de la calzada, cuya responsabilidad compete exclusivamente a la Administración.

La Guardia Civil de Tráfico lleva años informando periódicamente de algunas deficiencias muy concretas de la vía, donde se han registrado decenas de sustos y bastantes percances en los últimos años. Sin embargo, los expedientes de los equipos de atestados parecen estar olvidados en el fondo de algún cajón de la Demarcación de Carreteras. Porque las soluciones no llegan y el asfalto se sigue cobrando vidas: ya son 14 en lo que va de 2008.

El mejor ejemplo de la desidia que padece la N-II a su paso por Aragón es el cambio de rasante ubicado en el punto kilométrico 422, en el término municipal de Fraga. Pese a contar con numerosos informes de Tráfico que advertían de la falta de visibilidad de este tramo de 200 metros, Fomento necesitó 17 años para sustituir la línea discontinua por una continua y colocar una señal vertical de prohibido adelantar.

La decisión no se adoptó hasta el año 2003, aunque desde entonces han continuado acometiéndose muchas otras mejoras en este punto. De hecho, este mismo año se ha instalado un radar para que los conductores levanten el pie del acelerador y aminoren la velocidad. "¿De verdad hacen falta casi 20 años para solucionar un problema tan sencillo?", se pregunta el responsable de Seguridad Vial de la Asociación Mutua Motera, Juan Carlos Toribio. Por su condición de usuario habitual de la vía y motorista en activo de la Guardia Civil de Tráfico, puede que sea una de las personas que mejor conoce este tramo. Y después de recorrerlo muchas veces, reconoce que "el estado de la carretera influye, y mucho, en los accidentes de tráfico".

Solventado el problema del kilómetro 422, la Demarcación de Carreteras sigue teniendo numerosos expedientes sobre la mesa. Porque la Guardia Civil ha identificado una larga lista de deficiencias graves en la calzada de la N-II e informa periódicamente de todas ellas. De hecho, hace dos años que los agentes comenzaron a advertir de la peligrosidad de otro cambio de rasante con escasa visibilidad, ubicado a la altura del kilómetro 426.

La Benemérita ha recomendado prohibir el adelantamiento en este lugar, pero tampoco esta vez ha encontrado mucha receptividad en los despachos. Mientras, las colisiones frontales y las maniobras de evasión, en el mejor de los casos, se suceden. "El conductor entiende que se puede adelantar y adelanta, porque nadie le dice lo contrario con una señal. Pero realmente no está viendo lo que se le viene encima, que generalmente es un camión", explica Toribio.

Grietas en las que cabe un boli

El tránsito continuo de vehículos pesados -unos 7.000 camiones y 2.500 coches diarios- ha cuarteado el firme en buena parte de la carretera, pero no es la única causa del grave deterioro del asfalto. Entre los kilómetros 400 y 407, la Guardia Civil ha detectado siete grietas de grandes dimensiones, cuyo origen es un antiguo sistema de drenaje mal reparado. Las brechas discurren por el arcén y tienen unos 40 metros de longitud y hasta 5 centímetros de profundidad. "La ley obliga a ciclomotores y ciclistas a circular por el arcén, pero hacerlo por aquí es jugarte la vida. Sobre todo, si lo haces por la noche", indica el representante de Mutua Motera, mientras introduce un bolígrafo entero en una de estas grietas. Los responsables de Carreteras también han sido informados de este problema, pero han pasado dos años y no se ha reasfaltado.

La señalización vertical es otra de las muchas asignaturas pendientes de la N-II. En algunos casos, porque no existe, y en otros tantos, porque las indicaciones se han colocado sin respetar la legalidad. Es el caso del cruce de Peñalba, a la altura de punto kilométrico 400, donde el conductor se topa con un 'bosque' de señales diminutas. Una orden ministerial estipula que los postes de estas indicaciones tendrán que tener un mínimo de 1,50 metros. Sin embargo, aquí hay algunas señales que no superan los 86 centímetros. "Cuando vinieron a colocarlas, trajeron palos largos, pero los cortaron aquí mismo", indica un vecino que vive y trabaja a pie de carretera. "Les dije que con esa altura era imposible verlas desde el asiento del conductor-añade-, pero me contestaron que era lo que les habían mandado".

Tampoco nadie se ha preocupado de poner una señal para regular los accesos a la gasolinera situada en el kilómetro 412. Ni un stop, ni un ceda el paso ni una sola marca en la carretera. Los usuarios actúan por instinto, y cuando este falla...

Pero si grave es instalar de forma incorrecta una señal, aún lo es más reparar una valla de seguridad de forma "chapucera". Y no hay otro modo de definir la última reparación llevada a cabo en el guardaraíl del kilómetro 440. Se trata de una rotonda en la que se registran numerosas salidas de vía, y los restos de carrocería que salpican la cuneta así lo atestiguan. Pese a ello, en los empalmes donde debería haber ocho tornillos se han puesto solo dos (uno sin tuerca), dejando vacíos el resto de huecos. Para colmo, en algunos postes se han ahorrado una pieza metálica sujetando tornillos con hasta 20 arandelas. Puede que la Administración ahorre material, pero está malgastando vidas. Porque lejos de conseguir su objetivo, en caso de impacto, estas vallas se convierten en cuchillos y agravan las consecuencias del accidente.

"Cuando no están mal instaladas, las valla se encuentran a baja altura o tienen una consistencia insuficiente", explica Toribio. De hecho, los continuos reasfaltados -como el que ahora se ejecuta en la pendiente de la salida de Fraga, donde no se ha fresado previamente la calzada- hacen que el guardaíl quede por debajo de los 50 centímetros estipulados. En el caso de la nueva circunvalación de Candasnos, la valla protectora puede ser capaz de evitar la salida de un turismo, pero no está pensada para camiones. Y la pendiente tiene solo siete metros.

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