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Felipe Pétriz: "He llegado a ser rector de mi Universidad y no hay nada por encima de eso"

Después de ocho años, el rector en funciones apura sus últimos días en el cargo. En breve dejará de estar al frente de la institución académica para volver a ser profesor de Matemática Aplicada en el CPS.

En junio de 2000 fue elegido por primera vez rector de la Universidad de Zaragoza. Reconoce que las piernas le temblaban por la responsabilidad que asumía cuando conoció el resultado de las elecciones ante las 300 personas que formaban el Claustro. Contaba con cuatro años de experiencia como vicerrector y se veía capacitado para la gestión, pero confiesa que se sentía débil en el papel institucional y político que exigía el cargo. Ocho años después, Felipe Pétriz tiene el pulso firme. Ha ganado en confianza y termina su segundo mandato con la tranquilidad de dejar la casa en orden. "Me he entregado a la institución y esta me ha dado la mayor satisfacción que puede tener un profesor universitario: ser rector", asegura.

Estos días ha estado cerrando carpetas y preparando cajas para despejar su despacho, pero no ha dejado de trabajar y desarrollar proyectos. ¿Quiere apurar hasta el último día?

Cuando aprobamos el calendario electoral ya anuncié que me dedicaré con la misma intensidad hasta que deje el puesto. La Universidad no puede pararse porque haya un cambio de rector. De hecho, en las últimas semanas hemos trabajado a un ritmo por encima de la media. Hay temas que hay que zanjar antes de dejar el sillón.

Ha dirigido la institución durante ocho años. ¿En qué se diferencia la Universidad a la que usted llegó de la que deja ahora?

Ha mejorado sustancialmente en todas las áreas. En personal, hemos pasado de 2.528 profesores a 3.237, de 191 a 252 catedráticos, tenemos 2.169 doctores y 1.765 trabajadores de administración y servicios. Se han creado cinco institutos de investigación propios, más uno que está en trámite y se han incrementado el presupuesto, el número de títulos y las prácticas. Además, tenemos una Universidad más comprometida.

¿En qué sentido?

Dejo la institución con una oficina verde, una unidad de atención a la diversidad, una memoria de responsabilidad social, un programa de solidaridad... Hemos avanzado muchísimo en la proyección social y cultural.

Pese a esos logros y, según ha repetido en varias ocasiones, uno de sus momentos más satisfactorios fue cuando entregó el título a una octogenaria.

Sí, en la Universidad de la Experiencia, un proyecto del que me siento especialmente orgulloso. Es la muestra del sacrificio y la formación a lo largo de toda la vida.

¿Qué reto le ha quedado pendiente tras sus dos mandatos?

Me hubiera gustado hacer más en todas las áreas porque no tengo un tope. Pero si tengo que elegir uno, sería la convergencia europea. Me hubiera gustado trabajar con más tiempo. No es culpa nuestra porque el marco general se estableció en octubre de 2007 y, pese a que teníamos labor adelantada, hemos tenido que trabajar a contra reloj.

En lo personal, ¿deja el Rectorado con pena o satisfacción?

Con enorme satisfacción. Estoy muy agradecido a la comunidad universitaria porque me ha permitido ser rector, el mayor honor para un profesor de una institución académica. Siento también agradecimiento por todos los que han colaborado en este proyecto.

Se dice de usted que es un rector dialogante y cercano. Sea sincero. ¿Se arrepiente de no haber dado algún puñetazo en la mesa en determinados momentos?

Por mi forma de ser, agoto todas las posibilidades del diálogo para resolver un problema. Aunque esto suponga aplazar el tema. Sé que esto ha sorprendido a algunos, pero hay asuntos que requieren maduración y una solución anticipada puede ser peor que la que se da al repensar el asunto.

¿Se reafirma en que los temas hay que tratarlos dentro de los despachos?

Ahí deben resolverse los problemas. Creo que cuando he tenido que dar un puñetazo, en el sentido de manifestar firmeza, lo he hecho. He luchado por conseguir lo mejor para la Universidad, pero soy consciente de que Aragón tiene otras demandas.

Durante sus mandatos ha conocido a distintos consejeros de Universidad. ¿Qué opina del último cambio?

En ocho años, en los que hemos dependido primero de Educación y después de Ciencia, he tratado con muchos consejeros: Alejos Pita, Almunia, Verde, Larraz, Abós, Broto y ahora, Pilar Ventura. En todos los casos ha habido espíritu de colaboración y esté quien esté este Rectorado actúa con lealtad.

¿Con cuál de ellos se ha sentido más cómodo?

Todos me han transmitido que la política de la DGA está comprometida con la Universidad. No destacaría a ninguno.

Su nombre sonó como posible consejero de Universidad. ¿Le apetecía el puesto?

Se agradece que piensen en uno. Pero no le he dado importancia porque cuando deje de ser rector tengo una salida maravillosa: una cátedra de Matemática Aplicada en el CPS, en una Universidad que quiero.

Entonces, ¿le veremos dando clase en septiembre?

Sí. Cuando deje el Rectorado volveré a mi departamento y el próximo curso seré profesor. Mis aspiraciones ya han sido satisfechas desde hace tiempo. He llegado a ser rector y creo que ya no habrá nada por encima de esto.

Las elecciones a rector son inminentes. ¿Qué consejo le dará a su sucesor?

Los consejos, si no se piden es mejor no darlos. Tengo buena relación con los dos candidatos y habrá confianza para que conversemos cuanto sea necesario. Pero un rector debe dejar de serlo y nada más salir no puede convertirse en el asesor del siguiente. Si el próximo rector me pide colaboración, yo le ofreceré toda mi lealtad.

¿Cuál será el principal reto de la persona que ocupe su cargo?

La convergencia europea. Sin duda. Es el tema más urgente.

¿Qué cualidad se necesita para ser buen rector?

Voluntad de entrega. Pero también hay que ser fuerte y tener salud porque para dedicarse a la Universidad hay que tener resistencia.

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