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CARLOS OCAÑA

"España necesitaba dar una señal creíble"

El secretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña, repasa con HERALDO las últimas medidas aprobadas por el Gobierno para el control del déficit. El objetivo no es otro que la recuperación de la confianza de los mercados internacionales en la economía española.

Carlos Ocaña, seguro de la oportunidad de las medidas adoptadas para el freno del gasto, cuenta ahora con la exigencia de la recuperación de la competitividad.
"España necesitaba dar una señal creíble"
ENRIQUE CIDONCHA

Carlos Ocaña se retrasa apenas unos minutos. La entrevista se realiza en una de las salas adscritas a la Secretaría de Estado de Hacienda, en un ala de la primera planta del Ministerio de Economía a la que se accede tras pulsar el timbre de una puerta cerrada y superar un segundo control de seguridad. El motivo de la demora, más que justificado: Ocaña se encuentra despachando en la habitación anexa con los representantes del Fondo Monetario Internacional (FMI). "Son encuentros frecuentes y repetidos en los últimos días, al igual que los que mantenemos con las agencias de calificación". El objeto de estas reuniones, que el FMI celebra de forma habitual con altos representantes de todos sus países miembros, intuimos que no es otro que el de analizar ahora el recién aprobado decreto del Gobierno y hablar sobre la recuperación de la confianza en la economía, pero Ocaña opta por la discreción. "España necesitaba dar una señal creíble de que íbamos a reconducir la situación".

Ocaña no es un hombre de formas gruesas, más bien todo lo contrario, y su relato del radical cambio de modelo vivido en la economía española en el plazo de una semana se hace con voluntad aséptica, casi docente. "Teníamos una estrategia sensata y razonable tendente a permitir el crecimiento de la economía asumiendo un poco de déficit", pero hubo que modificar el planteamiento para frenar de manera efectiva el gasto. El problema, insiste, "no era otro que la creciente deuda pública en todo el mundo". "Tratamos de evitar el miedo al contagio", sentencia. El debate y las diferencias entre el Ministerio de Economía y Moncloa parecen evidentes. Pese a que Ocaña niega el desencuentro, las medidas para el control del déficit público llevaban meses en la mesa del Ministerio a la espera de que fueran asumidas por el presidente Rodríguez Zapatero.

Con la esperanza depositada en que no existan nuevas peticiones de esfuerzo desde Bruselas ni el FMI, el secretario de Estado explica que la superación del pesado cóctel de desconfianza y crisis que lastra la economía nacional no puede venir en solitario con el control del gasto. Apunta directamente sobre tres ámbitos (el primero especialmente polémico y sobre el que el presidente del Gobierno ya ha establecido la fecha de finales de mayo para su aprobación): 1. Reforma laboral, 2. Revisión del sector energético en lo relativo a las mejoras de eficiencia en el consumo o en el empleo de las fuentes renovables, y 3. Actuación sobre el sector servicios.

Con estas tres medidas considera que el horizonte temporal para la salida de la crisis se puede situar en 2013, fecha para la que está previsto que el déficit se sitúe en la aceptable cifra del tres por ciento.

Sin atreverse a establecer una previsión clara que permita garantizar un escenario de crecimiento, no olvidemos que el Ejecutivo ya ha admitido que su plan reducirá medio punto el PIB en 2011, Ocaña se muestra convencido de que "de la crisis se saldrá a distintas velocidades dependiendo de los sectores, aunque la recuperación del desempleo será mucho más lenta". En cualquier caso, insiste y refuerza su convencimiento en la necesidad de la reforma laboral como fórmula para la reactivación del mercado de trabajo. "Si somos valientes y tomamos las medidas oportunas, en el próximo año se puede crear empleo". La conclusión parece más que evidente: el presente ejercicio económico continuará oculto por la negritud de los datos y sujeto al mantenimiento del esfuerzo por la superación de la crisis. Nada más. Pero, ¿existen alternativas lo suficientemente sólidas como para garantizar la creación de riqueza? ¿Qué sectores pueden llenar el hueco dejado por la construcción? La respuesta resulta sencilla en su formulación, aunque muy complicada en su aplicación: "No quiero que aparezca un nuevo sector mágico para sustituir al ladrillo. Necesitamos una economía más diversificada".

Pese a que "la absorción del desempleo nos costará más tiempo del deseado", Ocaña fija una paradoja entre la visualización del instante más agudo de la crisis -el actual- con la imposición de las medidas de choque y lo que él mismo entiende son algunos brotes verdes, aunque de forma expresa prefiere huir de esa formulación. "Todas las turbulencias que está viviendo la economía vienen en un momento en el que se apreciaba una ligera recuperación. La recaudación por IVA e IRPF está creciendo, pese al problema del flanco financiero".

Surgen nuevas dudas sobre la existencia de otras medidas que aguardan en la cartera y que pueden servir para cuadrar las cuentas del Estado. ¿Habrá subida de impuestos? ¿Qué ocurre con el impuesto destinado a las rentas más altas? La respuesta es rotunda aunque sujeta en el equívoco medido: de momento, no. Es entonces cuando aparece el técnico y se esconde el político. "Aunque existe margen para elevar la presión fiscal es importante construir una situación estable en la economía que ofrezca un pequeño crecimiento. En un par de años se podrán subir los impuestos. Los cambios fiscales deben ser lentos y quedar guiados por la certidumbre". ¿Entonces, cómo se entiende el incremento del IVA previsto para el 1 de julio? En este punto, desde algunas fuentes del Gobierno argumentan que algún organismo internacional criticó la subida del IVA cuando se anunció, porque entendía que era una retirada de los estímulos fiscales. Y ahora resaltan que lo que cuestionan es por qué no se sube el impuesto mucho más deprisa.

Tras el anuncio de las medidas para el control del déficit, al Gobierno le corresponde ahora aguantar la reacción de los sindicatos que, además de la huelga en la función pública, ya preparan un paro general. Será por ello difícil que aparezcan nuevas propuestas a corto plazo, aunque aún quedan por conocer las acciones que puede proponer el Grupo de Trabajo con las Comunidades Autónomas dependiente del Consejo de Política Fiscal y Financiera. Este Grupo estudia en la actualidad una serie de iniciativas- habrá que ver si finalmente existe el valor y la oportunidad política para su aplicación- centradas en el control de los gastos de sanidad y educación y, de forma muy especial, en todo lo relativo a la búsqueda de la eficiencia del funcionariado.

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