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LUNA PUJOL

«Ella cree que viene a jugar y no lo ve como una terapia»

La pequeña fue prematura y desde hace dos años acude a un centro de atención primaria.

La pequeña Luna Pujol tenía muchas ganas de ver el mundo que le esperaba y nació a las 36 semanas de gestación. Aunque en un primer momento los test dieron positivos, a las pocas horas de su nacimiento hubo complicaciones que la mantuvieron quince días en la UCI y otros quince en la unidad de neonatos.

Tras este primer susto todo parecía transcurrir con normalidad hasta que una visita al pediatra confirmó que la pequeña tenía problemas de movilidad en su pierna consecuencia directa de una hemiparesia derecha.

El neuropediatra los remitió al centro base de Atención Temprana de Zaragoza y desde hace dos años acude un par de horas a la semana a Fundación DFA donde un equipo interdisciplinar vigila su evolución ya que se trata sobre todo de un programa preventivo que permite reducir las consecuencias derivadas de trastornos físicos, psíquicos o sensoriales.

«Aquí está muy a gusto, hasta el punto de que ella siempre piensa que viene a jugar y no lo ve nunca como una terapia», indica Antonio Pujol, padre de la pequeña.

El tratamiento de Luna comenzó con una hora de fisio y otra de psicoterapia y luego logopeda. Ahora alterna estas actividades con técnicas para enseñarle a comer todo tipo de alimentos, tarea en la que están involucrados sus padres. «La psicóloga es una especie de 'supernany' que nos marca las pautas de conducta que tenemos que seguir», afirma Pujol.

La Atención Temprana además de vigilar el desarrollo del niño en situación de riesgo también vela por sus familias y tutores. «No podemos olvidarnos de los padres y, por eso, después de cada sesión les ponemos al día de los avances y de lo que necesitan hacer en casa para su rehabilitación. Tratamos de ayudarles en todo», apunta Desiré Garrido, directora del Centro de Atención Temprana de Fundación DFA.

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