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JUICIO POR EL CRIMEN DE FAGO

El médico que se cruzó con el asesino reitera que está "casi seguro" de que no era Mainar

El testigo asegura que no le pareció extraño el encuentro que tuvo en la carretera, por lo que no comentó nada al día siguiente en Fago.

Al margen de la viuda del alcalde de Fago, Celia Estalrich, de los 18 testigos que declararon en la segunda sesión del juicio de Fago, Ignacio Bidegain era el más esperado. No en vano, el médico donostiarra fue la única persona que vio al asesino de Miguel Grima en la carretera de Majones y llegó a cruzar unas palabras con él. Sin embargo, su declaración no aportó grandes novedades, ya que se limitó a repetir lo dicho. "Le digo que mi percepción fue clara -explicó al abogado de la acusación particular, Enrique Trebolle-. Estoy casi seguro de que no era Mainar". Se lo volvieron a preguntar unas cuántas veces, y no varió su versión.

 

El testigo se dirigía aquella noche a Fago en su Land Rover, acompañado de su mujer y su hija, cuando a dos kilómetros de Majones vio unas luces que le encandilaban. "Primero vi una luz azul y pensé que era el coche de la Guardia Civil. Y según me acercaba, me percaté de que era un Mercedes. Pensé que podía ser el coche del alcalde, así que paré por si necesitaba algo", recordó. "Cuando nos cruzamos -añadió- vi a un señor dentro del vehículo con un frontal encendido". La familia pasó de largo y se detuvo a una distancia de "entre 10 y 20 metros".

 

El médico repitió que todo sucedió muy rápido. "Cuando paré el coche, la niña dijo: 'Ya viene'. Yo bajé la ventanilla y él se acercó, quedándose por detrás, en la línea media entre las dos puertas laterales. Me volví para preguntar y vi los rasgos de la persona". Cuando la Guardia Civil le preguntó por las características de este hombre, el testigo explicó que era un individuo de unos 40 años, 1,80 metros de estatura, delgado y de tez morena. Comentó también que vestía un peto oscuro, con cremalleras a los lados, parecido al que llevan los mecánicos".

 

El letrado de la familia se sorprendió de que el testigo se fijara tanto en esta persona y no pudiera verle completamente la cara para identificarle. "Estoy acostumbrado a fijarme", le contestó el médico, que está especializado en parálisis cerebral. "Pero no le vi el color de los ojos -indicó-, porque era una zona de su cara que estaba completamente sombreada. Le vi de las cejas para abajo".

 

En cuanto a las palabras que se cruzaron en la carretera, el testigo recordó que le preguntó si pasaba algo, y este le dijo que no, que continuara su camino. "Tenía la voz como tomada por un catarro, no creo que fingiera", manifestó. A partir de ahí, el médico pensó que todo era normal y se marchó sin mirar por el retrovisor.

 

Su esposa también declaró ayer por estos hechos, que relató de forma muy similar a su marido. Sin embargo, a ella sí le pareció que el Mercedes tenía algún daño. "Me pareció ver la ventanilla del conductor un poco rota. Se lo comenté a mi marido y me dijo que creía que simplemente estaba bajada". Cuando le preguntaron si ella vio la cara al asesino, la respuesta fue no: "Yo no vi salir al conductor del coche, porque no me volví. No le vi mas que la mano, pero sí le escuché perfectamente. Y su voz no me llamó la atención". Ambos recordaron que cuando se marchaban, su hija, de once años, les comentó que creía haber visto a otra persona.

"Pensé que Grima se había ido"

Para las acusaciones, resulta sorprendente que siendo testigos de un hecho de esta naturaleza, a la mañana siguiente no comentaran nada ni a la viuda ni al resto de vecinos (hasta que fueron requeridos por la Guardia Civil). "A mí se me dice que ha desaparecido el alcalde, y lo primero que pensé es que se había ido. Lo supe sobre las diez de la mañana, y tampoco le di mas importancia a lo que había pasado la noche anterior. No saqué ninguna conclusión porque su coche estaba en dirección hacia Majones, como si se fuera", contestó Ignacio Bidegain.

 

Respecto a su relación con el fallecido, declaró que no tenía enfrentamientos con Grima, pero reconoció que "se habían enfriado las relaciones". Se le preguntó también por la asociación Cárabo, recordándole que en su página web criticaban la gestión del alcalde. "Yo presidía esa asociación. Pero ahí nos dedicábamos sobre todo a rehacer las entradas a algunas cuevas y preparar actividades y conferencias", explicó. (Ninguno de los letrados le preguntó si lideraba "literariamente" el grupo que ponía panfletos contra el alcalde, como declaró la viuda de Grima). El conductor del Peugeot 306 que pasó por el escenario del crimen poco antes que Bidegain, también declaró ayer en el juicio. Iba solo, se detuvo y retiró todas las piedras. "¿Y los perros que llevaba no ladraron?, le preguntaron. "No", contestó. "Mis perros no son de mucho ladrar".

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