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Aragón
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NIÑOS ROBADOS

El germen de una asociación civil

La denuncia de dos zaragozanos en octubre de 2009 y el archivo de sus casos les motivó a crear una asociación que ahora tiene más de 500 personas que buscan a sus madres, hermanos o hijos robados desde 1948.

De izquierda a derecha: Juan Luis Moreno, Luisa Martín con su marido, Pilar Ortiz y Antonio Barroso.
El germen de una asociación civil
E. C.

Antonio Barroso se levantó ayer a las 6.00 para ir a la Fiscalía General del Estado. Le esperaba la corresponsal de la televisión árabe Aljazeera para entrevistarlo. Periodistas norteamericanos, australianos, franceses, británicos... se sumaron al despliegue mediático que provocó la iniciativa de la asociación ANADIR. Hace quince meses, Barroso, su amigo Juan Luis Moreno y el abogado Enrique Vila hicieron ese viaje a Zaragoza para poner la primera denuncia en los juzgados con menos suerte. Volvieron a su casa en Vilanova i la Geltrú, lo meditaron y crearon la asociación porque «la unión hace la fuerza».

antonio barroso presidente de anadir

"Es increíble lo que hemos montado"

El teléfono móvil de Antonio Barroso echaba humo, pero no rechazaba ninguna llamada. Dejó su trabajo en una pequeña constructora por la crisis inmobiliaria para dedicarse en cuerpo y alma a la asociación. «Recibimos 250 correos electrónicos cada día en los últimos meses y 50 llamadas de medios de comunicación. Hago de psicólogo, presidente y de todo. Es increíble lo que hemos montado», cuenta Barroso, satisfecho del efecto mediático mundial obtenido con la denuncia colectiva. «No creo que la Fiscalía vaya a negarse a abrir la investigación. Somos maños de pura cepa. La unión hace la fuerza», se despide.

maría pilar ortiz asociada en aNAdir

"Quiero ver el libro de los adoptados"

Seis años lleva en enfrascada con su marido José Luis buscando a su hermana gemela Engracia, nacida en la Maternidad Provincial en 1948, por todos los archivos imaginables en Zaragoza. A pesar de su empeño, no han accedido a dos libros fundamentales, uno de los adoptados en esa época y otro en la parroquia del Hospital Provincial para descubrir el destino en el registro de su gemela, que nació y tres días después murió. Nunca la vieron porque la Maternidad se ocupó del entierro en Torrero y sus restos nunca aparecieron en el camposanto.

«Quiero ver los libros de los adoptados de la Maternidad y el de la parroquia de los niños recién nacidos porque no hemos tenido acceso a leerlos. Pido al personal civil de la Maternidad que nos ayude de manera anónima. Nosotros hemos gastado mucho dinero y esfuerzo en busca de mi hermana», clama Pilar Ortiz, después de un día muy emocionante. Su caso judicial también fue archivado, como Los de Barroso y Moreno.

juan luis moreno vocal de anadir

"No sabemos ni dónde nacimos"

Juan Moreno padre confesó en el lecho de la muerte a su hijo Juan Luis que había sido comprado en la Clínica Pérez Serrano en Zaragoza por 150.000 pesetas en 1969, como su amigo Antonio Barroso en el Hospital Miguel Servet unos meses antes. Técnico de iluminación, Moreno, de 41 años, no disfrutó las últimas vacaciones y las dedicó a la asociación que creó con Antonio Barroso. «Fuimos a ver al director del Servet para pedir nuestros documentos. El DNI decía que nacimos fue en Zaragoza, pero no aparecíamos en los papeles de la Clínica Pérez Serrano ni en el Servet. No sabemos ni dónde nacimos», señaló Juan Luis Moreno. A su madre, que tiene demencia senil, le hicieron una prueba psicológica para ver si recordaba algo sobre la compra de su hijo, pero fue infructuosa.

LUISA FERNANDA MARÍN ASOCIADA DE ANADIR

"Murió a las 36 horas de nacer y lo dieron por feto"

Tiene nueve hijos, pero la pérdida de otro en la Clínica Montpellier el 22 de noviembre de 1973 la tiene consternada. Nació y lo llevaron a la incubadora, pero nadie de su familia pudo verlo. «Murió a las 36 horas y lo registraron como un feto», lamenta Luisa Fernanda Marín, quien viajó ayer a Madrid con su marido. «Nos lo enseñaron a la mañana siguiente después de insistir mucho. Fue muy duro. he llorado mucho. Lo tenemos en nuestro nicho...»

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