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Tercer Milenio

MODELOS QUE FUNCIONAN: SANTANDER

El buen vivir de la ciudad balneario

Las principales capitales del norte de España, desde Pamplona a La Coruña, son ejemplos de calidad de vida frente al estrés de las grandes urbes. Una de ellas, Santander, se consolida como arquetipo de ciudad de servicios, urbanismo sostenible y respeto al medio ambiente.

El parque de la Vaguada de las Llamas
El buen vivir de la ciudad balneario
AYUNTAMIENTO DE SANTANDER

Coge una hoja de papel y se pone a dibujar. Primero la península Ibérica, después Cantabria, Santander, el casco urbano... El arquitecto santanderino Gonzalo de la Lastra describe con pasión las excepcionalidades de una ciudad portuaria dominada por sus peculiaridades geográficas, por una excepcional bahía que mira al Sur, por las playas del Sardinero al Este y los acantilados del Norte. "Todo esto configura una ciudad muy asomada a su geografía, a su bahía. Y además tiene un carácter balneario. Entre 1915 y 1931, aquí veranea el rey Alfonso XIII, llega la corte y se crea una infraestructura vinculada al ocio, con el club de polo, el tenis, el golf, el casino del Sardinero... Urbanística y sociológicamente es una ciudad en la que se vive tan bien que se obvian todos sus problemas", dice.

Santander se integra en el eje de las capitales de provincia del norte de España, que destacan por sus altos índices de calidad de vida. Junto a municipios como Pamplona, Vitoria, Gijón o La Coruña, sobresale por disfrutar de unos niveles de desempleo inferior que el resto del país, baja tasa de delincuencia, urbanismo ordenado, respeto medioambiental, turismo, gastronomía... Y eso pese a que su nivel de servicios es inferior a ciudades más pobladas, como Zaragoza, que gana en dotaciones de equipamientos públicos, en materia de vivienda, en pujanza empresarial o dinamismo cultural. Pero la capital aragonesa no tiene ese 'tempo' de vida tranquila, sin conflictos, que configura las sociedades burguesas del norte. "Santander tiene grandes posibilidades de desahogo y estancia. Es su privilegio. En las ciudades no se vive mejor porque estén mejor dotadas. Aquí, con tener un sitio donde caerte muerto estás bien", afirma Gonzalo de la Lastra.

Santander tiene 181.639 habitantes, el 32% del total de la comunidad de Cantabria, a diferencia de Zaragoza, que asume con 700.000 habitantes la mitad de Aragón. Su tasa de extranjeros es mucho menor, con 16.531 inmigrantes, lo que representa un 9,04% de la población, frente al 15% de la capital aragonesa. Su tasa de criminalidad es de las más bajas de España con 36,2 infracciones penales por cada mil habitantes, por debajo de las 45,8 de media que hay en España y las 40,4 de Zaragoza.

A diferencia de ciudades de mayor tamaño, los focos de exclusión social son escasos, limitados a algunas calles de la zona histórica, y la tasa de desempleo está casi cinco puntos por debajo de la capital aragonesa: 10,65%, casi la mitad que en el resto de España. Al ser ciudad de servicios (comercio, hostelería y turismo) y con escaso tejido industrial, sus parámetros medioambientales son óptimos.

Y como no tiene muchas posibilidades de expansión a la espera de que se apruebe el plan general de ordenación urbana, que prevé 9.900 viviendas protegidas, destaca su apuesta por la ciudad consolidada, con interesantes proyectos de rehabilitación de las zonas históricas, como el barrio pesquero. Contrasta con el protagonismo por los macroproyectos de expansión urba de la capital aragonesa, con Arcosur, La Paz y Valdespartera como motores.

"Un entorno natural increíble"

"Es una ciudad en la que te puedes mover muy rápidamente. No hay distancias y el entorno natural es increíble. El mar es fundamental. Y salvo los días de lluvia, no hay atascos, ni contaminación". La que habla es Beatriz Grijuela, periodista de la cadena Ser de Cantabria y que trabajó durante una temporada en la capital aragonesa. "Zaragoza es más metrópoli. Aquí el mar lo cambia todo. Pero en Zaragoza había más bares, más ambiente...", dice.

Felipe González, delegado de Seo Birdlife en Cantabria, añade que "tenemos un escaparate que es el paisaje". Para él, lo mejor de Santander es que "por la mañana puedes estar viendo osos pardos y por la tarde, bañándote en la playa del Sardinero". Y el lujo del verano: "Nadie se va de veraneo. La gente se queda aquí porque es cuando mejor se está". Seo Birdlife ha trabajado en un estudio de la avifauna de Santander y ha confirmado su gran riqueza ambiental. "Se han visto hasta orcas", dice Felipe, que apunta que Santander es una ciudad con grandes zonas verdes, como el entorno del palacio de la Magdalena, el parque de la Vaca o el de Mataleñas, enfrente del Cantábrico.

O el de la Vaguada de las Llamas, que ha pasado de ser un "estercolero", como admite Felipe, a un ejemplo en materia de intervención en parques y que ha contado con la colaboración de las organizaciones conservacionistas. Gonzalo de la Lastra añade: "La creación del parque de las Llamas ha sido de lo más trascendente y beneficioso para la ciudad. Es un segundo frente de desahogo urbano".

Santander dispone de 3,4 millones de metros cuadrados de zonas verdes, es decir, 18,5 metros cuadrados por habitante (en Zaragoza, esta cifra es de 7 pese a ser una de las ciudades mejor dotadas de España) y casi 20.000 habitantes cuentan con recogida neumática de residuos. Su apuesta por la movilidad sostenible, acompañada por nuevos aparcamientos subterráneos (576 plazas adjudicadas y, en fase de construcción, otras 270), carriles bici (18 kilómetros) y servicio de bicicletas de alquiler, le acerca a Zaragoza. Dispone de 20 líneas de autobús, además de tres servicios nocturnos. El billete es más caro que en Zaragoza (1,10). Eso sí, las familias numerosas viajan gratis, al igual que los pensionistas. Toda la flota de autobús, que registra anualmente 20 millones de viajes, funciona con biodiésel.

En Santander se han acometido varias peatonalizaciones y semipeatonalizaciones en el centro de la ciudad, uno de los principales hándicaps de la capital aragonesa, todavía tímida en este tipo de políticas por la controversia vecinal que suelen generar. En la capital cántabra, destaca el cierre al tráfico privado de la calle de Juan de Herrera o los espacios semipeatonales en la zona de Río de la Pila, un barrio degradado que ha iniciado un progresivo proceso de revitalización. Para salvar las pronunciadas cuestas de la ciudad, se ha iniciado la construcción de escaleras mecánicas y de un nuevo funicular.

El alcalde de Santander, Íñigo de la Serna, del PP, destaca las comodidades que ofrece una ciudad de tipo medio, en la que todo el mundo llega al trabajo en poco tiempo y tiene a mano cualquier servicio. Y hace hincapié en todo lo relativo al plan de movilidad, "que sigue el modelo de ciudad europea". Pero, como todos, subraya "la singularidad del paisaje, con una de las bahías más bellas del mundo". "Se respira el ambiente de la naturaleza", dice. La belleza, la seguridad, la calidad ambiental, la movilidad... Todos estos rasgos son la clave, según el alcalde, de que esta ciudad sea considerada según las encuestas como una de las mejores ciudades para vivir.

"Pero a la belleza y a la calidad de vida hay que sumar que Santander es una ciudad mucho más dinámica, con un modelo vinculado a la cultura y el conocimiento", dice. El nuevo parque científico y tecnológico de Cantabria es una demostración. Pero hay más. Por ejemplo la gran transformación prevista en el frente marítimo, con el centro Botín de Arte y Cultura diseñado por el arquitecto Renzo Piano como motor emblemático. Son más de 150 millones de inversión. O la propia Vaguada de las Llamas, con un millón de metros de zona verde que se convierten en la columna vertebral de la ciudad. O el proyecto de integración ferroviaria gracias a la llegada del AVE, que habilitará suelo para uso comercial, residencial y recreativo.

"Cantabria hace milagros"

Con manos de maestro, el prestigioso cocinero Joseba Guijarro prepara unas anchoas del Cantábrico en su restaurante Casa Lita, una de las paradas obligadas de la ruta gastronómica santanderina, en el emblemático paseo de Pereda. Lo tiene claro: "Aquí la gente tiene poco de lo que preocuparse. No hay colas, no hay humos, la gastronomía es estupenda y el precio medio, razonable. Es una ciudad de servicios. Cantabria hace milagros, porque somos pocos y contar con lo que contamos está muy bien". Pero Joseba recoge un lamento, compartido por muchos santanderinos: "Con Zaragoza perdemos en oferta cultural y dinamismo social".

Pero hasta en eso está cambiando Santander, que está experimentando una progresiva consolidación de la vida cultural y ciudadana. Un catalizador ha sido la candidatura de Santander para ser capital europea de la cultura en 2016, que se ha vivido con pasión entre los santanderinos. Pese a no haber conseguido la aspiración de seguir en la pelea por la capitalidad, algo que sí ha logrado Zaragoza, en Santander ha quedado un poso perdurable. Gonzalo de la Lastra también participó en el proyecto de Santander 2016. "Con la candidatura, por primera vez se ha pensado que las cosas estaban cambiando, con una actividad cultural desbordante", afirma.

"Nada que envidiar, salvo las playas"

De la Serna cree lo mismo. "La capitalidad nos ha permitido generar redes", dice. Cita, por ejemplo, el dinamismo de la asociación Sol Cultural, que se estructura a lo largo de la calle del Sol, que concentra en menos de 300 metros varias asociaciones culturales, galerías de arte, espacios culturales diversos... Ese nuevo aire se ha notado hasta en el fenómeno de las fiestas de Santiago, con la feria de día, que en pocos años se han convertido en populares.

¿Y qué le regalarían los santanderinos a Zaragoza? El mar, la naturaleza, la vida tranquila, el verano, el prestigio de pequeña ciudad de servicios y turismo... "No creo que Zaragoza, que ha hecho un gran trabajo con la Expo, tenga que envidiarnos nada, salvo las playas", dice el alcalde, conciliador. Pero Gonzalo de la Lastra, el arquitecto se para a pensar y suspira: "Cuando nos alejamos de la costa, la presencia del mar nos tranquiliza. Por eso, si os tuviera que regalar algo, sería el infinito".

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