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INVESTIGACIÓN

Doctor a los 34, pero en prácticas

Muchos investigadores vaticinan una fuga de cerebros ante las enormes dificultades de lograr contratos indefinidos. El futuro pasa por crear ya la carrera investigadora e implicar a las empresas.

Leticia Gutiérrez-Galve, en su despacho del grupo Zarademp del Hospital Clínico.
Doctor a los 34, pero en prácticas
ARáNZAZU NAVARRO

Son especialistas en investigar, estudiar y resolver los problemas más difíciles de la ingeniería, la medicina o la física pero, paradójicamente, viven inmersos en un complicado tira y afloja con el sistema, que permite que, con 34 o 35 años, tesis, artículos publicados en las mejores revistas de su área y estancias en el extranjero, tengan solo un contrato en prácticas. No obstante, lo de llegar a este punto cobrando una media de 1.500 euros en 14 pagas no les parece lo peor. Les preocupa más que ni siquiera saben si lograrán estabilizar su puesto.

El momento no ayuda, ni tampoco que no exista la carrera investigadora como tal. Los principales centros de investigación sufren los recortes económicos estatales y apenas sacan plazas de funcionarios. Además, acceder a un contrato indefinido de investigador es harto complicado. Al final, los afectados son los investigadores que ahora deberían consolidar su puesto y muchos vaticinan una fuga de cerebros y la pérdida del dinero que España ha invertido en cada científico durante siete o diez años.

Tampoco sería justo tildar este momento como el peor para la investigación. «Algunas cosas han mejorado. La mayor parte de lo que hace 5 o 10 años eran becas, sin derecho a paro o seguridad social, son ahora contratos. Además, se está haciendo un esfuerzo por mantener el número de contratos pre y postdoctorales», aseguran varios jóvenes investigadores de la Estación Experimental Aula Dei-CSIC. «Pero el drástico recorte de plazas de titulares está generando un tapón que a corto y medio plazo dará lugar a una nueva fuga de cerebros del personal altamente cualificado y productivo», añaden. Esta formación ha sido asumida en muchos casos con fondos españoles, y puede acabar regalándose a precio de saldo.

Un sistema mejorable

Muchos no se quejan del sueldo, ni de la exigencia, ni de tener que salir al extranjero -condición sine qua non si se quiere aspirar a algo medianamente bueno-, aunque sí de algunas «incongruencias» del sistema actual en el que las reglas cambian continuamente y lograr una plaza indefinida es una ruleta.

Por ejemplo, quienes han hecho su tesis en un centro deben irse dos años fuera (se valora especialmente si se marchan al extranjero) si quieren volver a trabajar en el centro que les formó, pero nada les garantiza que luego tendrán trabajo.

Los afortunados que consiguen ese puesto a la vuelta solo pueden aspirar a un contrato en prácticas de tres años improrrogables dotado de menos de 28.000 euros anuales. Son doctores, especialistas con más de 7 años de experiencia y artículos de alto impacto, a los que se les exige publicar igual o mejor que sus científicos titulares, pero con un contrato en prácticas. No cobran el complemento de productividad y hay casos en los que algunos de estudiantes de menor edad, en su tercer o cuarto año de tesis, cobran lo mismo que ellos.

Además, estos contratos de tres años (por ejemplo, los JAE Doc o Juan de la Cierva) son muy competitivos y están regulados por estrictos plazos. A veces, entre uno y otro, el investigador se queda sin contrato y acude a trabajar gratis.

«Las personas que deberían formar parte de la elite intelectual son incapaces de ser padres o tener una hipoteca, ¿qué banco se la va a dar con un contrato en prácticas?», denuncia Ana, otra investigadora 'postdoc'. «Tampoco puedes comprometerte con un proyecto investigador a medio o largo plazo si a los tres años te vas a la calle».

Soluciones posibles

La prometida Ley de la Ciencia fija, por fin, la necesidad de crear la carrera investigadora y nuevas figuras de contrato estable. Pero aún no ha visto la luz. El vicerrector de Investigación de la Universidad de Zaragoza, José Ramón Beltrán, insiste en que esta institución ha asumido su compromiso con las plazas Ramón y Cajal -recibe unas 9 al año- y que todos, si cumplen los requisitos, se están quedando como 'contratado doctor'. No obstante, reconoce que es necesario que haya por fin una carrera investigadora y que se abran nuevas vías de contratación estable alejadas del funcionariado, como las que apuestan por integrar a estos doctores en el I+D de las empresas.

Por otra parte, el coordinador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Aragón, Mariano Laguna, cree que no solo debe hacerse una lectura pesimista. "Es cierto que salen menos plazas y que el momento no es bueno, sobre todo desde que se ha limitado en un 10% la reposición de funcionarios, pero el CSIC está manteniendo los contratos pre y postdoctorales. Además, el Consejo está decidido a luchar por todas las plazas que necesite", asegura. Laguna aplaude los pasos que se están dando desde la DGA para ligar la investigación a la empresa.

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