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TESTIMONIOS

"Creía que eran mensajes de publicidad y los borraba sin más"

Ignacio Ripol enseña las facturas que le llegaron con sus mensajes premium.
"Creía que eran mensajes de publicidad y los borraba sin más"
Oliver duch

. Ignacio Ripol todavía no tiene claro dónde le pudieron ‘cazar’. “No me lo explico, la única vía que se me ocurre es a través de un programa de internet con el que llamaba a un familiar. Me pidieron el teléfono y puede que fuera ahí”, asegura. De lo que que sí es consciente de que tendrá que pagar las dos facturas que ha recibido con 94 mensajes premium a su móvil. “A 0,30 cada uno... saca la cuenta”, lamenta. Casi 30 euros.

Una cantidad asumible por la mayoría, pero que “pellizco a pellizco de miles de afectados” hacen un montante bastante apetecible para las compañías que facturan. “El problema es que somos muchos y es algo que no hemos usado ni utilizado”, se queja Ignacio, que tras percatarse en su factura de esta “anomalía” emprendió una peregrinación de llamadas y reclamaciones para poder librarse del pago. “Con el primer recibo llamé a mi operador y le pedí explicaciones, pero me dijo que era un servicio que había contratado yo. Algo que no entiendo”, recuerda. “Pero mi sorpresa fue con la segunda factura, porque me llegaron más mensajes”, añade.

Además de hacer otras tantas llamadas para intentar darse de baja del servicio de suscripción de mensajes, Ignacio decidió acudir a la Asociación de Consumidores de Torre Ramona para poner una queja formal. Todo esto le ha servido para documentarse y enterarse de sus derechos como usuario de telefonía móvil. “Estas compañías deberían indicarte expresamente que has sido dado de alta en este sistema de alertas. Algo que no cumplen en la mayoría de las ocasiones”, asegura.

La posibilidad de ganar un Mercedes fue lo que enganchó a Belén. “Recibí un correo electrónico con una página de publicidad. Siempre los borro, pero ese día tenía tiempo y contesté. Estoy prácticamente segura de que fue ahí donde me pillaron porque no participo ni contesto a otro tipo de reclamos”, afirma.

A partir de esa fecha, los sms llegaban a su móvil un día tras otro. “Algunos días recibía hasta seis mensajes. Antes de ver la factura, pensaba que era simplemente publicidad y los borraba sin más”, explica. “He llegado a recibir 131 envíos en un mes y solo puede ser mío uno. Puedo asumir el sms por el que supuestamente me di de alta, pero el resto, no”, denuncia. En total, dos facturas con mensajes premium de 36 y 39 euros, respectivamente.

Belén intenta librarse de la trampa desde el pasado 15 de enero. En un principio, decidió devolver sus facturas a la compañía de teléfono, pero “me amenazaron con inhabilitarme y dejarme sin servicio”. Llegó a un acuerdo para pagar solamente su consumo habitual. “Pero el tema todavía está coleando. Me han llegado a decir que debo tres cantidades diferentes. Es un follón”, recrimina.

Pero los casos se repiten uno tras otro. La intención del nieto de Maite era regalar por Navidad un coche a su abuela. “Lo hizo con toda la buena voluntad del mundo, un día me dijo que me fuera a la peluquería que igual me tocaba un Audi... Empecé a preguntarle por qué me decía eso. Y me di cuenta de que había algo raro”, recuerda Maite.

Sus sospechas se plasmaron en varias facturas que sumaron más de 600 euros. “Participó en un sorteo de la tele. Mandó unos 20 mensajes, pero le llegaban constantemente otros. Cada sms lo he pagado a precio de oro”, afirma. Para Maite la situación es “tan surrealista”, que le han llegado a cobrar hasta cuatro mensajes en un mismo minuto. En apenas una semana recibió casi 300 mensajes a un coste de 1,50 euros cada uno. Ante la imposibilidad de pagar toda su deuda de golpe, llegó a un acuerdo con telefónica para fraccionarla en tres veces.

Además, tuvo que remitir una carta a la operadora de telefonía pidiendo que le diera de baja el número de teléfono en el que estaba recibiendo estos mensajes. “No veía otra solución”, lamenta.

Igual de “timado” se siente Juan Bautista. Ni su mujer ni él participan nunca en los reclamos publicitarios de la tele, pero “ese día parecía que estábamos de suerte y decidimos mandar un mensaje”. “A partir de ahí nos empezaron a bombardear. Todavía no sabemos lo que nos van a cobrar, pero ya nos han advertido de que esperemos lo peor”, asegura Juan.

Los mensajes pararon cuando el concurso de la tele acabó. “El otro día recibimos otro en el que nos ofrecían la posibilidad de participar en un nuevo concurso, lo borramos rápidamente. No queremos saber nada más de este tipo de servicios”, concluye este zaragozano.

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