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Aragón
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Blog - Los desastres de la guerra

por Gervasio Sánchez

FRANCISCO ÁNGEL PRADOS

"Si no consigo un empleo, el mes que viene igual tengo que empezar a mendigar"

Perdió su empleo hace un año. Casado y con una hija de 11 años, desde hace unos meses vive en la casa de sus padres.

Después de enviar 400 currículum a distintas empresas y tener que oír, con 43 años, que es demasiado mayor para algunos empleos, la desesperación le ha llevado a echarse a la calle con un cartel sobre su cuerpo como alternativa para buscar trabajo. "No soy un hombre anuncio. Soy un padre desesperado. Busco trabajo". Esta es la carta de presentación de Francisco Ángel Prados, que desde el miércoles pasado lleva apostado en las puertas de la Aljafería. Ayer, en la acera de enfrente. Había pleno y la Policía, por cuestiones de seguridad, no le permitió estar en la entrada. "Me pongo aquí para que me vean los políticos, pero miran para otro lado", lamenta. Anteriormente, había estado deambulando por otras calles de la ciudad con el mismo objetivo y con el mismo éxito: ninguna oferta.

Detrás de una bufanda que le tapa media cara, se esconde uno de los rostros de la crisis. Francisco es uno de los números que engrosan la estadística del paro de Aragón, pero con una situación personal que cada día que pasa (sin ingresos) se agrava más. Casado y con una hija de 11 años, perdió su trabajo hace un año. Había sido transportista (dispone de todos los títulos necesarios) y trabajado algún tiempo en la construcción. Hasta que la crisis cambió el rumbo de su vida.

Durante seis meses tuvo paro, pero el resto ha tenido que apañarse con los 426 euros del subsidio por desempleo que el próximo año desaparecerá, dentro de las medidas de ahorro del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. "Igual al mes que viene tengo que empezar a mendigar", augura preocupado.

De hecho, advierte de que es "más fácil en estos momentos que te den dinero que conseguir un trabajo". Y explica varias de las experiencias vividas estos días en las frías calles de la ciudad. "Ayer (por el miércoles) paró un rumano con una furgoneta y me ofreció 50 euros. La gente me quiere dar monedas, pero yo no las acepto. Una chica me obligó a coger un euro para tomarme un café para que entrara en calor", cuenta con resignación.

"Yo lo que necesito es un trabajo por motivos psicológicos y económicos", reclama desesperado. Su mujer tampoco trabaja y desde hace seis meses, los únicos ingresos que recibe para mantener a su familia son 426 euros. Pero no solo ha perdido su empleo. Desde hace varios meses tampoco tiene casa. La hipoteca le ahogó tanto que, al final, se quedó sin su hogar. Como cuando era niño, ha tenido que recurrir a sus padres y él y toda su familia viven en su casa. "Me mantienen como pueden. Son jubilados y tampoco tienen un paga muy cuantiosa", comenta Francisco, buscando el sol para tratar de engañar las bajas temperaturas de estos días. Ahora se acercan las Navidades. Pero estas serán distintas a las pasadas. "Tendremos las fiestas más tristes", dice afligido.

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