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CIENCIA

Científicos aragoneses crean un sensor pionero para detectar un contaminante en los alimentos

Un equipo del Instituto de Investigación en Ciencias Ambientales ha desarrollado la técnica y una empresa de Tarazona la comercializaráEn una hora y con un simple kit se hará lo que ahora necesita un día e instrumental avanzado.

Científicos aragoneses crean un sensor pionero para detectar un contaminante en los alimentos
Científicos aragoneses crean un sensor pionero para detectar un contaminante en los alimentos

zaragoza. Investigadores del Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Ambientales (IUCA) de la Universidad de Zaragoza han creado una tecnología pionera en todo el mundo para la detección y la cuantificación de un contaminante descrito hace solo unos años que está presente en varios tipos de alimentos.

La aplicación comercial de esa nueva tecnología va a ser desarrollada por una empresa aragonesa, y permitirá que las industrias agroalimentarias puedan medir los niveles de esa sustancia nociva en sus productos con un biosensor en formato kit que podrá utilizarse en cualquier lugar y que les ahorrará mucho tiempo y dinero.

"Estamos hablando de cantidades tan pequeñas que para medirlas hace falta tener instrumentos muy sofisticados de laboratorio que cuestan 150.000 euros. Además, para cada análisis hace falta el trabajo de una persona a lo largo de toda una jornada de veinticuatro horas, explica Juan Ramón Castillo, director del Instituto Universitario de Ciencias Ambientales y del grupo de investigación que ha desarrollado la tecnología. Con el nuevo sensor que hemos creado, esa misma tarea se podrá hacer con un simple kit, en una hora y a un precio totalmente accesible".

Además de Castillo, en el proyecto han trabajado Juan Carlos Vidal, Laura Bonel, Patricia Duato y el resto de científicos del Grupo de Espectroscopía Analítica y Sensores del Departamento de Química Analítica.

Esta línea de investigación comenzó hace seis años, y ha sido financiada por la empresa turiasonense Aragonesa de Componentes Pasivos -que es la que comercializará el kit- y por la Diputación General de Aragón.

El contaminante para el que se ha desarrollado el nuevo sensor pertenece a la familia de las micotoxinas, unos venenos producidos por hongos de tamaño microscópico que están presentes en alimentos como los cereales, el cacao, el café, los frutos secos, las bebidas alcohólicas, las especias o el regaliz.

En concentraciones excesivas, estas toxinas pueden ser cancerígenas y afectar al hígado, al riñón, y a algunos niveles hormonales".

0,000006 gramos por kilo

"No tenemos que alarmarnos, pero sí que hay que tomar precauciones, y por eso la Unión Europea ha aprobado una directiva en la que se fijan los niveles máximos tolerables de estas sustancias en los alimentos y se da un plazo para cumplirlos", explica Castillo.

Añade que "para que la sociedad se haga una idea, esos límites son del orden de las seis partes por cada 10.000 millones, es decir, en un kilo de cereal no se pueden superar los 0,000006 gramos de micotoxina".

De momento, el Grupo de Espectroscopía Analítica y Sensores ha trabajado con una de esas sustancias, la ocratoxina A, que es la más nociva.

No obstante, ya ha empezado a investigar para poder detectar otras como la zearalonona y algunas aflatoxinas.

Pionero en todo el mundo

"La principal dificultad de crear un sensor de ocratoxina A son las pequeñísimas concentraciones de las que estamos hablando -señala el director del grupo-. Sin embargo, hemos desarrollado un biosensor que no solo nos dice si detecta o no ese compuesto químico, sino que también mide los niveles que presenta". Para lograrlo, los científicos del Instituto de Investigación en Ciencias Ambientales de la Universidad de Zaragoza han desarrollado una tecnología única en el mundo.

Esta tecnología está basada en el uso de un electrodo nanoestructurado (tan pequeño que no mide más de 0,0001 milímetros) sobre el que se coloca una superficie de biorreconocimiento.

"En esa superficie de biorreconocimiento hay un aptámero (una fracción de ADN) que reacciona con la ocratoxina A y también un transductor electroquímico que permite determinar la concentración de ocratoxina A mediante una medida cronoamperométrica o voltamperométrica", detalla Castillo.

Dicho de otra forma, la reacción entre el aptámero y la ocratoxina A genera una pequeñísima corriente eléctrica: amplificando y midiendo esa corriente eléctrica se pueden cuantificar los niveles de la sustancia nociva.

"Es la primera vez que se determina la concentración de ocratoxina A utilizando aptámeros, y la tecnología ya está totalmente desarrollada en fase de laboratorio", resalta el director y responsable del proyecto".

"Ahora será la empresa Aragonesa de Componentes Pasivos la que comercialice el kit completo de forma -añade Juan Ramón Castillo-, que personas que tengan unos conocimientos básicos puedan hacer el análisis en solo una hora siguiendo las instrucciones de aplicación".

El equipo

El Grupo de Espectroscopía Analítica y Sensores de la Universidad de Zaragoza se formó hace ya veintiocho y en la actualidad cuenta nada más y nada menos que con veintitrés reconocidos investigadores.

El equipo está repartido en tres líneas de trabajo: la caracterización de partículas en sistemas acuáticos naturales (incluyendo métodos para controlar su movilidad, su toxicidad, su capacidad para ser asimiladas por animales o plantas...); el desarrollo de sensores para la detección de contaminantes en alimentos; y la caracterización de restos arqueológicos de patrimonio mediante técnicas no destructivas.

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