Aragón

OBRAS DEL TRANVÍA EN ZARAGOZA

Belloch pide de nuevo que se reduzca el uso del coche privado

El alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, aseguró hoy que las obras del tranvía y los desvíos que han causado en varias líneas de autobús urbano, en el eje Vía Ibérica-Gran Vía, "están funcionando bien", sin causar excesivas afecciones al tráfico, aunque insistió en pedir a los ciudadanos que reduzcan el uso del coche privado.

En declaraciones a los medios de comunicación durante su visita a las obras del Centro Deportivo Municipal Miralbueno, Belloch afirmó que "las cosas están funcionando bien, pero debemos reiterar que no hay que bajar la guardia", advirtió, al considerar que "es imprescindible continuar reduciendo la utilización del coche privado", dado que "si se logra, los problemas (de tráfico debido a las obras) serán muy asumibles".

A su juicio, las afecciones al tráfico ya son "mucho menos importantes de lo que se podía pensar y eso se debe, sin duda, al sentido cívico de los vecinos de Zaragoza, a quienes agradezco su actitud, pero además les pido que continúen con ella".

Calma en el segundo día de las obras

 

En el segundo día de las obras del tranvía la calma fue la tónica general a lo largo de la mañana de hoy. Ayer, no hubo colapso, aunque sí tráfico intenso y, en algunos momentos, considerables atascos. Los desvíos de circulación que han provocado las obras del tranvía se estrenaron ayer con menos coches en las calles de Zaragoza, un mayor uso de los cinturones que rodean la ciudad, retrasos en los autobuses urbanos y un vistoso reventón en la Gran Vía. El cierre, sentido centro, de Vía Ibérica, Isabel la Católica y la Gran Vía no causó el caos que auguraban algunos, pero sí ralentizó el tráfico en todo el centro de la ciudad.

El punto más conflictivo fue el cruce de la avenida de Gómez Laguna con Vía Hispanidad. Entre las 8.45 y las 9.30 los conductores tuvieron que armarse de paciencia, ya que los trayectos habituales se alargaron hasta media hora más de lo normal, según señalaron algunos de los afectados. Desde el área de Movilidad del Ayuntamiento alteraron los ciclos semafóricos para dar mayor prioridad al tráfico de Gómez Laguna. "Asín y Palacios no es una opción, así que al final parece que nos hemos venido todos por aquí", lamentaba Antonio Páez al volante de su turismo. Ese respeto del ciudadano por las obras se tradujo en una menor presencia de coches en las calles. El área de Movilidad cifraba ayer la reducción "entre un 8% y un 12%".

La hora de entrada a los colegios y a muchos centros de trabajo fue la más crítica del día. En las inmediaciones de Vía Ibérica y en Romareda el tráfico fue intenso. No hubo retenciones importantes, pero varios autobuses escolares llegaron tarde. La Policía Local hizo un gran despliegue, y el equipo de 100 efectivos que se encargará habitualmente de regular el tráfico ayer tuvo un refuerzo, haciendo que casi en cada esquina hubiera un par de agentes.

Aún así, el tráfico fue denso en muchos momentos y en todo el centro de la ciudad. Asín y Palacios tuvo su peor momento con la entrada a los colegios, y los autobuses urbanos llegaron a acumular en esta zona más de diez minutos de retraso, lo mismo que les costaba atravesar esta calle. Más adelante, en Cortes de Aragón y Hernán Cortés, la circulación también fue muy intensa.

Los cinturones también registraron un aumento de tráfico, lo que contribuyó a descongestionar el centro. El Cuarto Cinturón, por ejemplo, contabilizó el paso de aproximadamente un 20% más de vehículos, según comentaron en el Centro de Control de Tráfico. Mientras, la zona teóricamente más conflictiva -el eje de las obras- vivía la jornada en una calma constante. Fernando el Católico, abierto en ambos sentidos, apenas registró circulación.

Mientras, en los tramos cortados, las máquinas empezaban a picar y los operarios, a retirar el mobiliario urbano. Las obras del tranvía comenzaban con normalidad hasta que una pala excavadora que trabajaba en la Gran Vía golpeó una tubería. El reventón inundó la zona abundantemente, y el agua llegó desde el cruce con Goya, donde se produjo, hasta el de la calle de Royo. Era una cañería de abastecimiento de 150 milímetros de grosor, y estuvo saliendo agua más de media hora. Los vecinos del número 37 se quedaron sin suministro hasta las 20.30.

Un incidente puntual en una jornada de relativa tranquilidad. El Ayuntamiento espera que ahora las buenas costumbres se mantengan para que los atascos no se adueñen de las calles en los próximos días.

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