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INVESTIGACIÓN

Batalla de probetas

La institución académica libra una carrera de fondo para continuar como centro investigador puntero.

Instalaciones del edificio de institutos de investigación de la Universidad.
Batalla de probetas
PEDRO ETURA/A PHOTO AGENCY

No lo parece a simple vista, pero la Universidad de Zaragoza se halla en una competición muy reñida. La institución académica defiende su puesto en una Primera División en la que lo que cuentan son la excelencia, la innovación y las publicaciones científicas. La de Zaragoza es la séptima universidad española y, según el reciente ranquin sobre citaciones en publicaciones científicas de prestigio (recogidas en la base de datos Scopus), ocupa el puesto número 13 entre los centros investigadores de España. La Universidad tiene además una dimensión mucho mayor que la que le correspondería por el área en la que se ubica. Hay otros centros investigadores destacados en la Comunidad, pero todos ellos a distancia de la Universidad de Zaragoza.

Ninguna otra institución de su categoría representa como la Universidad un papel tan fundamental tanto en el pasado de Aragón (fue creada en 1542, aunque sus orígenes datan del siglo XV) como en su futuro. Desde los años ochenta, con la Ley Orgánica de Reforma Universitaria, ha evolucionado hacia un modelo más abierto, cercano al anglosajón. Esto ha propiciado un cambio en el modelo de investigación universitaria respecto a la relación con la empresa, orientando la labor investigadora hacia aplicaciones prácticas.

Institutos

Una pieza clave en esta estructura, son los institutos ligados a los tradicionales centros docentes, auténticos motores de la investigación universitaria, a través de los cuales se puede incrementar la financiación dedicada a investigar.

José Ramón Beltrán, vicerrector de Investigación y Carmen Baras, vicegerente de Investigación, explican cada uno de los proyectos que están obteniendo algún reconocimiento exterior como una batalla ganada. No es para menos en una competición donde el prestigio es la clave. La mayoría de los proyectos, como destaca Beltrán, provienen de áreas donde hay una mayor tradición. Es el caso del área biomédica y de la química -esta es la auténtica joya de la Corona de la Universidad de Zaragoza- de agroalimentación y veterinaria, a las que se han unido con fuerza proyectos de nanotecnología (a través del Instituto de Ciencias de los Materiales) o de energía (Circe). La falta de un instituto propio en el área de veterinaria amenaza con reducir un prestigio ganado durante muchos años por esta Facultad, a través de una serie de catedráticos de primer nivel.

Tanto el número de investigadores como el de grupos de investigación no ha parado de crecer en los últimos años, aun a pesar de la crisis. La situación económica afecta a la labor investigadora, sobre todo por las dificultades de las empresas, pero es resaltable que no ha caído tanto como la economía en general. En este año 2010, 2.676 personas se dedican a la investigación en la Universidad de Zaragoza. El reto es convencer a la empresa de la importancia del medio plazo, que es el escenario en el que la investigación empieza a ofrecer resultados. José Ramón Beltrán se refiere a los problemas de 'interfaz', término referido al intercambio, a la interconexión de sistemas de lenguaje distintos. El investigador se ve obligado a vender sus ideas al empresario y en esa convergencia ambos deben ajustar mutuamente sus lenguajes.

Como en las grandes ligas, la competición está llevando también a la fuga de talentos. "Se está empezando a notar", reconoce el vicerrector, aunque como apunta Carmen Baras, "también llegan nuevos investigadores". En este caso, retener al talento investigador tiene que ver con los medios y los equipos y no tanto con el dinero que un científico puede llevarse al final en el bolsillo. El microscopio electrónico Titán o el laboratorio subterráneo de Canfranc son, en este sentido, los auténticos focos de atracción.

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