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SANIDAD-ARAGÓN

Aragón se libra de la tuberculosis más resistente pero extrema sus precauciones

Salud quiere lograr diagnósticos más precoces y alerta de los riesgos de no seguir bien el tratamiento. La pobreza es el principal aliado de la enfermedad y un 30% de los afectados son inmigrantes.

El bacilo de Koch, responsable de la tuberculosis, es un enemigo que avanza muy lentamente, pero que se hace fuerte cuando no es tratado correctamente, por falta de medios o de constancia. En los países desarrollados se mantiene a raya y se ha logrado que las cepas más resistentes de la enfermedad sean algo aislado. No obstante, en las zonas pobres o en vías de desarrollo del planeta estas cepas se están adaptando y se están haciendo resistentes a la medicación. La antigua Unión Soviética o Asia son las víctimas de una epidemia contra la que los fármacos ya no hacen nada y que solo podría frenarse con el hallazgo de nuevas vacunas.

España y Aragón, con una media de 19 afectados por cada 100.000 personas (la Comunidad registra entre 220 y 250 nuevos enfermos al año), se mantienen aisladas de este problema. La letalidad de las cepas que se manifiestan aquí es inferior al 1% y después de un repunte de casos en la década de los 80, en la que la enfermedad se alió con la epidemia de sida hasta alcanzar tasas de 30 afectados por cada 100.000 personas, se ha logrado controlar su avance.

No obstante, la radiografía de la Comunidad desvela que el 30% de los afectados son inmigrantes, algunos de ellos, de las zonas donde se han desarrollado cepas multirresistentes o extremadamente resistentes. Algunas voces auguran ya diversos problemas relacionados con este punto y el avance irrefrenable de la enfermedad hacia los países desarrollados.

Luis Gascón, asesor del departamento de Salud y Consumo de la DGA en materia de Salud Pública, rechaza la teoría que apunta a que la llegada de inmigración de países en los que la tuberculosis está muy extendida esté causando un aumento de casos. "Estudiando cada una de las cepas que afectan a nivel nacional, se observa que prácticamente todas son autóctonas. En algunos casos, se ha infectado de ellas algún inmigrante y, por contra, no hay registros de infecciones mayoritarias transmitidas de inmigrantes a autóctonos", concreta.

Apunta, además, a que la pobreza es la principal aliada de la enfermedad (que no se transmite tan fácilmente como la gripe, sino que exige un contacto casi continuo, como el que hay en una familia o en un colegio), y que los pisos patera o el hacinamiento contribuyen mucho en estas elevadas tasas de inmigrantes afectados.

De momento, España se libra de los casos más graves de la tuberculosis pero, a nivel mundial, esta enfermedad alcanza en la actualidad las tasas más altas de casos de toda su historia. En concreto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) elabora sus registros referentes a España con los datos de equipos en Aragón, Galicia y Barcelona. Desde 2002, se han encontrado en los mismos 50 casos de tuberculosis multirresistente y solo 4 extremadamente resistentes. Ninguno de ellos ha sido después de 2005, a pesar de que el fenómeno de la inmigración ha seguido aterrizando con fuerza en España.

No obstante, sería un error relajarse. Aragón sigue teniendo una media de casos más elevada que la europea y más alta que la que tenía, por ejemplo, en los años 70, y que se vio incrementada por la epidemia de sida.

Estrategias en marcha

Para cerrar las puertas a cepas más resistentes y reducir las cifras actuales, Salud Pública tiene una estrategia que se orienta en tres sentidos. El primero es mejorar el diagnóstico precoz, una labor dirigida especialmente a los médicos de cabecera, como primeros en ver al paciente y en poder sospechar que se enfrentan a un caso. Hay dificultades porque la enfermedad puede cursar a veces con síntomas no especialmente llamativos.

El segundo es el de prevenir las resistencias a antibióticos, algo que, en buena parte, solo se consigue con la concienciación del paciente. El tratamiento es muy largo (dura de 6 a 9 meses), lo que hace que muchas personas lo abandonen en cuanto empiezan a sentirse mejor, pudiendo crearse las tan temidas resistencias.

Incluso, existe un programa dentro de la Comunidad que se ocupa de que cuando se teme que el paciente no tome bien el tratamiento o lo vaya a suspender, tenga que pasar periódicamente por los servicios de salud para que se le administre.

El tercer punto es trabajar con otros departamentos y agentes sociales para eliminar las condiciones de pobreza en las que viven algunos colectivos.

No obstante, Aragón cuenta con una baza muy importante. Se colabora con la Universidad de Zaragoza, en concreto, con el Grupo de Genética de Mycobacterias, donde se determinan genéticamente todos los cultivos. Además, desde aquí se lidera el grupo nacional de multirresistencia, bajo la dirección de Sofía Samper.

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