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festividades

Todo listo para celebrar San Blas con roscones, rosquillas (y cigüeñas surcando los cielos)

En la iglesia de San Pablo se celebrarán el viernes hasta nueve misas para bendecir alimentos y pedir protección contra los males de garganta.

Por las puertas de San Pablo pasan cada 3 de febrero cientos de files para comprar rosquillas.
Por las puertas de San Pablo pasan cada 3 de febrero cientos de files para comprar rosquillas.
Oliver Duch

Cuando aún no se han apagado los ecos de San Valero, los zaragozanos preparan ya la celebración de San Blas (este viernes) y, también, de cara al fin de semana, aguardan los fastos de Santa Águeda. Ayer ya se percibía movimiento en torno a la iglesia de San Pablo, en el Casco Histórico de Zaragoza, donde a primera hora del viernes se desplegarán media docena de mesas portátiles con roscones, rosquillas o caramelos bendecidos. Obviamente, no solo en la capital se celebrará San Blas, pues el santo es patrón de muchas otras localidades zaragozanas como Fonz, Miedes, Chiprana -donde se hace una procesión- o de Ateca, donde la tradicional Máscara será recibida con una lluvia de manzanas en su ascenso al cerro.

En Zaragoza, la iglesia de San Pablo -de cuya parroquia San Blas es “patrón desde hace muchos siglos”, unos 900 años calculan- estará abierta en horario ininterrumpido desde las 8.30 hasta las 20.30. Informa el párroco Santiago Fustero de que se celebrarán hasta nueve misas y, al finalizar cada una de ellas, se hará la tradicional bendición de alimentos. Los horarios de las eucaristías son: por la mañana a las 9.00, 10.00, 11.00, 12.00 y 13.00 y, por la tarde, a las 17.00, 18.00, 19.00 y 20.00.

La capilla de San Blas, en el interior de San Pablo.
La concurrida capilla de San Blas, al fondo, en el interior de la iglesia de San Pablo.
Heraldo

San Blas, protector de los males de garganta, está representado en la iglesia en diversas obras de arte, pero la imagen más venerada es la que preside su retablo, ante la que cada 3 de febrero acuden a orar innumerables feligreses. Se trata de una imagen gótica fechada en la primera mitad del siglo XIV, y su retablo se encuentra bajo bóveda barroco-mudéjar del siglo XVII.

Otra de las representaciones más logradas del obispo se halla en la catedral de la Seo, concretamente en el mausoleo de alabastro del arzobispo Hernando de Aragón. El complejo funerario fue esculpido por Bernardo Pérez en 1550 con ayuda del imaginero Juan Pérez Vizcaíno y, mientras que la calle central se reserva a la Crucifixión, en los laterales figuran San Valero y San Blas, coronado todo ello con el Juicio Final.

El complejo funerario de Hernando de Aragón en la Seo.
El complejo funerario de Hernando de Aragón en la Seo.
Heraldo

En muchos rincones del mundo se venera a este obispo armenio, del que -en realidad- poco se sabe. Es conocido por su don de curación milagrosa y se cuenta que vivió en una cueva en el bosque del monte Argeus en la segunda mitad del siglo III. Hasta cuatro siglos después de su muerte no se escribió la historia de su vida, lo que no deja de arrojar dudas sobre un santo, cuya principal virtud fue la caridad y que fue decapitado por su fe (estamos en la época de la persecución de Diocleciano), en torno al año 316.

En el refranero

Pero, ¿por qué es también señalada la fecha de San Blas? El refranero asegura que pueden otearse numerosas aves zancudas en los cielos los primeros días de febrero (“Por San Blas, la cigüeña verás"), si bien los expertos explican que es un dicho que ha quedado un tanto caduco. Cuando las cigüeñas vuelan el 3 de febrero significa que hará buen tiempo y la primavera se adelantará. Y si para estos días no surcan los cielos, el invierno traerá más nieve, lo que es motivo de alegría no solo para las estaciones de esquí sino también para el campo.

La cigüeña ha pasado de ser un pájaro de buen agüero a convertirse, a ojos de muchos ciudadanos, en una plaga, si bien los ecologistas aclaran que, pese a su actual abundancia, siguen alimentándose más de ratones y topillos que de vertederos. Hasta la década de 1990 apenas se contabilizaban 59 parejas de cigüeñas en Aragón. Hoy, basta pasar por los pueblos de la ribera baja del Ebro, para darse cuenta de que su población excede el millar y, también, de que sus pesadísimos nidos en ocasiones puede poner en jaque el patrimonio.

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