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José Bergua: "Trabajar con niños es la mayor inversión de futuro"

José Bergua Cavero (Zaragoza, 1968) es asesor regional de Unicef, entidad para la que trabaja desde 1996, en Oriente Medio y Norte de África. Empezó en Bolivia viviendo con niños de la calle.

José Bergua ha estado recientemente en Zaragoza
José Bergua ha estado recientemente en Zaragoza
José Miguel Marco

En mayo de 1992 aparecía en esta página como un recién licenciado en Derecho que regresaba de Bolivia, de trabajar en El Alto con niños que vivían en las calles. ¿Aquello le marcó la vida?

Gracias a tener esa visibilidad mucha gente me ayudó y una persona, tras contarle lo que hacía, me entregó un cheque de un millón de pesetas de las de entonces. Me volví a Bolivia y junto a la que hoy es mi mujer, que conocí allí, estuvimos cinco años con los niños de la calle, vivíamos en la misma casa. Transformó nuestra vida. En ese tiempo nos preocupamos también de que la organización pudiera seguir su propio curso.

¿Cómo fue el salto a Unicef?

Surgió la oportunidad de ir por primera vez con Unicef como voluntario de la ONU al Líbano y estuvimos un año. Volvimos y en España nació nuestro primer hijo. Pensamos en quedarnos en Zaragoza, pero la cabra tira al monte y tuvimos la opción de volver a Bolivia con Unicef por segunda vez. Estuvimos tres años y nacieron mis otros dos hijos en La Paz. A finales de 2001 llegó mi primer puesto como funcionario en Ruanda. Nos daba respeto, porque los niños eran muy pequeños, el tercero tenía solo seis meses. Estuvimos cuatro años en Ruanda, luego otros cuatro en Zimbabue, tres y pico en la India y de allí a Panamá, a la oficina regional para América Latina y el Caribe. Ahora estoy en Jordania para Oriente Medio y el Norte de África.

¿Qué le ha impactado más?

Me he encontrado con situaciones muy complicadas a nivel profesional y a título personal. Cuando llegamos a Ruanda mi hijo pequeño tenía seis meses y el mismo día que nos dijeron que estaba enfermo de malaria hubo una erupción en un volcán en Goma, en el Congo, y en poco tiempo se tuvo que montar un campo para el medio millón de refugiados que cruzaron. Las condiciones de las cárceles ruandesas, cinco o seis años después del genocidio eran terribles. En Zimbabue trabajé con huérfanos de sida, niños y adolescentes que veían morir a uno de sus padres infectado y tenían que cuidar al otro que sabían que también iba a fallecer.

"Al final tienes que pensar que detrás de este trabajo hay niños con nombres y un rostro"

¿Y alguna historia para la esperanza?

Hay muchas. Como cuando regresé a Bolivia veinte años después y me reencontré con algunos de los chavales con los que trabajé, ya adultos, y sus familias. Fue emocionante. Al final tienes que pensar que detrás de este trabajo hay niños con un nombre y un rostro. Trabajar con niños es la mayor inversión de futuro.

El 20 de noviembre se celebra el Día Mundial de la Infancia. ¿En algún país se cumple la Declaración de los Derechos del Niño aprobada por la ONU en 1959?

En toda su integridad no se cumple en ningún país. Es muy ambiciosa. En los países donde estoy ahora, con guerras como las de Siria, que se prolonga desde hace 11 años, o la de Yemen, por supuesto que no, pero tampoco en España, Europa y Estados Unidos. Se ha avanzado, pero que un país sea rico no quiere decir que la situación de la infancia sea la que debería en cuanto a la eliminación de la pobreza y a la protección frente a todo tipo de vulnerabilidad. Este año la jornada se dedica al bienestar mental porque uno de cada siete menores, el 13%, tienen un problema de salud mental.

"Los españoles tenemos que recordar que hemos sido un país de emigrantes y de refugiados. La gente que huye de una guerra o de la miseria no lo hace por gusto"

Hablando de salud mental, ¿se puede recuperar la infancia después de una guerra?

Soy optimista. Hay niños que han vivido cosas terribles y han sido prematuramente adultos, pero si les das la oportunidad tienen una capacidad de adaptación y resiliencia increíble. Obviamente hay que acompañarles profesionalmente para hacer frente a los traumas que padecen.

¿En esta época de crisis, hay espacio para la solidaridad?

Tiene que haberla. Los españoles tenemos que recordar que hemos sido un país de emigrantes y de refugiados. La gente que huye de una guerra o de la miseria no lo hace por gusto. El Líbano es el país del mundo con mayor porcentaje de refugiados y Turquía lo es en términos absolutos. Los niños de Siria siguen necesitando ahora más atención que hace 11 años cuando estalló la guerra, que, como otras, es una crisis olvidada.

"Hay niños que han vivido cosas terribles y han sido prematuramente adultos, pero si les das la oportunidad tienen una capacidad de adaptación y resiliencia increíble"

¿Alguna vez ha estado tentado de tirar la toalla?

Tienes malos momentos porque las cosas no avanzan como te gustaría, pero hay que pensar en que al final hay niños concretos. En la India, visitando el estado de Guyarat, nos encontramos a dos niñas detenidas en una comisaría porque habían robado algo insignificante para comer. Les pedí permiso para hacerles una foto que he tenido colgada en mi despacho para recordarme lo que hacemos. Sigo queriendo cambiar el mundo, y si alguna vez se me olvida me lo recuerdan mi mujer y mis hijos.

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