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¿Por qué hay una réplica exacta de la Virgen de Guadalupe en Gallur?

El culto a la Patrona de México está muy extendido en todo Aragón: Borja, Ainzón, Gelsa… Incluso en la Seo hay una representación de la 'Emperatriz de las Américas'.

La imagen de la Virgen y dos detalles que acreditan su autenticidad.
La imagen de la Virgen y dos detalles que acreditan su autenticidad.
Cesbor

Está sorprendentemente extendido el culto a la Virgen de Guadalupe en Aragón y son muchas las iglesias parroquiales que tienen alguna imagen de la llamada ‘Emperatriz de las Américas’. Muchas de estas imágenes, no obstante, son toscas recreaciones, de escasa calidad, y que se veneran en alguna capilla secundaria de los templos. La gran excepción es la Virgen de Guadalupe que se conserva en Gallur, que es -según se indica- "copia fiel del Sagrado Ayate de San Juan Diego" y está autentificada por el primado de México. ¿Cómo ha llegado esta réplica, de las que hay muy poquitas en el mundo, a la Ribera Alta del Ebro?

El Centro de Estudios Borjanos, dependiente de la Institución Fernando el Católico, lleva tiempo recopilando manifestaciones del culto que en tierras aragonesas se brinda a la Virgen mexicana. Tienen registrados cuadros en su honor en la colegiata de Calatayud o en la iglesia parroquial de Ainzón, si bien estos no dejan de ser meras copias de la imagen hechas “al por mayor”. La de Gallur, sin embargo, es muy singular: tanto por su tamaño como por la composición de sus materiales constituye una réplica oficial y exacta. !Las reproducciones oficiales del Santo Ayate gozan de una dilatada tradición y vienen autentificadas por las autoridades eclesiásticas del momento de su impresión. En el caso de la de Gallur, a la derecha aparece la firma del cardenal Norberto Rivera Carrera, primado de México y, a la izquierda la de monseñor Diego Monroy Ponce, Vicario General y Episcopal de Guadalupe, rector del Santuario!, explican desde el Cesbor.

Una de las celebraciones en el convento de Santa Clara de Borja.
Una de las celebraciones en el convento de Santa Clara de Borja.
Cesbor

El ayate es una tela de hilo confeccionada con fibras y, según la leyenda, fue en este tipo de superficie en la que quedó impresa la imagen de la Virgen cuando se le apareció al indígena Juan Diego. En original es un lienzo de 1,95 metros de largo por 1,05 de ancho y en él se distinguen perfectamente las fibras de maguey, un tipo de planta más conocido en Europa como agave. Se supone que fue el 9 de diciembre de 1531, cuando sólo habían transcurrido diez años desde la conquista, cuando al bueno de Juan Diego se le apareció la Virgen en el cerro del Tepeyac, pidiéndole que fuera levantado allí un templo en su honor. La Virgen le instó a llevar unas flores blancas al obispo que el indígena guardó en el pliegue de su ayate y, al desplegar la prenda, apareció impresa la imagen que hoy se venera y que es origen de mucho mitos y enigmas como el hecho de que en sus ojos se hayan descubierto hasta trece símbolos distintos.

El caso es que en Aragón siempre ha habido veneración por esta Virgen, como confirman desde el Arzobispado de Zaragoza, donde señalan que también en Gelsa o, incluso, en la Seo hay imágenes de la ‘Guadalupana’, como se conoce popularmente. “Es muy reseñable igualmente el caso de la iglesia parroquial del barrio rural del Alfocea, donde toda la ambientación es muy próxima a las celebraciones mexicanas”, explican. En la capital aragonesa, en un local del barrio de Las Delicias (en la calle de Eloy Martínez) hay una parroquia que lleva su nombre y que a principios de diciembre celebra con solemnidad la festividad de Nuestra Señora de Guadalupe. 

El papa Juan Pablo II, con el ayate a su espalda, durante un viaje a México en 1999.
El papa Juan Pablo II, con el ayate a su espalda, durante un viaje a México en 1999.
Reuters

Lo mismo sucede en muchos de los rincones citados, donde acostumbra a verse la imagen en el altar junto a las banderas de México y España. Mucha tradición hay en Borja de esta celebración, pues en el convento de Santa Clara, muchas de las religiosas proceden del país centroamericano. Por cierto, que la Guadalupana comparte (o ‘compite’) con la Virgen del Pilar en lo que a “Patrona de la Hispanidad” se refiere, pues en el continente americano se la conoce como la “reina de la Hispanidad”, con anterioridad a que el papa Pío XII se refiriera en estos mismos términos a la Virgen del Pilar.

De vuelta a la tilma de Gallur, la más fiel de todas las existentes, se especula con que pudiera recalar en la iglesia a finales del siglo pasado (1999), cuando fue beatificado Juan Diego en un viaje apostólico a México de Juan Pablo II. Sin embargo, fue años más tarde, en 2002, cuando el mismo Pontífice lo canonizó, convirtiéndolo en el primer santo indígena de América. Dado que en la tela se dice que es "San Juan Diego", la llegada del lienzo ha de ser más reciente. Curioso es también que, según el prior de la colegiata bilbilitana, el retablo que se conserva en Calatayud sería el primer lienzo con la representación de la Patrona de México que llegó a la península, de la mano del canónigo José Cuber Liñán, que había sido inquisidor en la Nueva España.

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