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Un ucraniano herido de guerra busca una silla de ruedas para poder moverse por Zaragoza

Procede de Zaporiyia, la ciudad de la central nuclear de Ucrania, y sufrió la explosión de una bomba que le  provocará la amputación de su pierna izquierda.

Maxym, un herido de guerra ucraniano de 42 años, en el servicio de medicina nuclear en el Hospital Miguel Servet.
Maxym, un herido de guerra ucraniano de 42 años, en el servicio de medicina nuclear en el Hospital Miguel Servet.
Heraldo

Maxym tiene 42 años y llegó a Zaragoza con un grupo de ucranianos heridos de guerra hace ya cinco meses. A él le explotó una bomba cerca y le destrozó la pierna. Desde que aterrizó ha estado bajo tratamiento médico en el Hospital Militar y en el servicio de medicina nuclear del Hospital Miguel Servet. Ahora busca que alguien pueda prestarle una silla de ruedas para poderse mover por la ciudad, ya que a pesar de los tratamientos recibidos está abocado a la amputación de su pierna izquierda y ya tiene muchos problemas de movilidad.

Maxym procede de la ciudad Zaporiyia, que está marcada por su central nuclear y la ocupación por las tropas rusas desde marzo pasado. Durante los combates sufrió los efectos de la explosión de una bomba, con el agravante de que, dada la situación de la zona, tuvo que esperar muchas horas hasta poder recibir atención médica tras resultar herido. 

Oksana Jantya es una mujer ucraniana que lleva viviendo 21 años en Zaragoza y le ha ayudado durante su estancia en Zaragoza. Maxym ya salió del hospital pero no tiene el alta todavía, así que vive en un hotel en Gran Vía, como otros compatriotas en circunstancias parecidas, pero ahora tiene que acudir a los centros hospitalarios para completar el tratamiento. 

Maxym, herido de guerra ucraniano, en un bar de la Gran Vía.
Maxym, herido de guerra ucraniano, en un bar de la Gran Vía.
Heraldo

Oksana Jantya está moviéndose para conseguir que le presten una silla de ruedas porque Maxym se mueve con bastantes dificultades. “No tiene rodilla y ha perdido parte del hueso. Acabarán amputándole la pierna para ponerle una prótesis”, relata su amiga traductora, poco antes de entrar a trabajar.

El militar ucraniano ha perdido treinta kilos desde la explosión. Puede desayunar en el hotel, pero para comer y cenar tiene que salir, y con las dificultades que padece para poder moverse con las muletas se pierde más de una comida.

Tiene miedo a caerse y romperse la pierna cuando tenemos que salir e ir en el tranvía a la cita del traumatólogo o a la del aparato de medicina nuclear en el Servet”, relata Oksana Jantya, quien busca alternativas para poder trasladarlo de otra manera. Ha preguntado a varias personas, y no sabe si alguna organización se la podría prestar,  por eso cree que es mejor hacerlo público a través de los medios para encontrar alguna solución.

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