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Marisa Muñoz, profesora en El Frago: "Una escuela es un foco de cultura, de vida y de futuro"

Marisa Muñoz Fuertes (Monreal del Campo, Teruel, 1980). Diplomada en Magisterio. Profesora del Centro Rural Agrupado (CRA) de Monlora

Con esta sonrisa imparte magisterio Marisa Muñoz.
Con esta sonrisa imparte magisterio Marisa Muñoz.
Toni Galán

Después de más de tres décadas cerrada, la semana pasada reabrió sus puertas la escuela del municipio cincovillés de El Frago. Una de sus profesoras es Marisa Muñoz Fuertes.

¡Qué noticia tan bonita, Marisa!

Pues sí. Todo el mundo está muy contento en El Frago después de tantos años sin escuela. Vuelven a oírse niños en las calles, vuelve a haber vida. Una escuela es un foco de cultura, pero también de vida y de futuro. Un pueblo sin escuela es un pueblo muerto.

¿Cómo afronta este reto?

Con muchísima ilusión. Es un reto apasionante. Antes había estado en escuelas rurales como Nonaspe, pero con más alumnos. Después estuve en el Jerónimo Blancas, en Valdefierro. También, en Cantavieja, en Teruel, aunque allí solo dos semanas.

¿Solo dos semanas…?

El mundo del interino es lo que tiene. Luego, un mes en el Catalina de Aragón, en el Parque Goya, para terminar el curso en Sobradiel. Almonacid de la Sierra y La Almozara fueron mis últimos centros.

Y ahora, El Frago.

Me adjudicaron la plaza en el llamamiento de septiembre, concretamente el día 7. Me incorporé el 8 en Erla. Pertenezco al Centro Rural Agrupado (CRA) Monlora, del que forman parte Luna, Erla y El Frago. Alberto es el director. También impartimos clase Miguel y yo. En El Frago hay cinco alumnos y estamos esperando la llegada de dos más.

El esfuerzo en educación en Aragón es enorme.

Eso es cierto. Hay ratios muy bajas de alumnos en el mundo rural, colegios de incluso tres alumnos.

¿Qué colegio se ha encontrado?

El colegio llevaba cerrado 32 años. Han habilitado un aula en el edificio del Ayuntamiento, donde está la biblioteca. Deprisa y corriendo, montaron un aula exprés el director, Alberto, y el alcalde, José Ramón Reyes.

El inefable José Ramón Reyes…

Así es. Todo se ha hecho a toda prisa para atender a los alumnos en las mejores condiciones.

¿Qué le han dicho los lugareños?

Fue muy emocionante. Una mujercica se emocionó en la plaza cuando nos vio. Tantos años sin escuela...

¿Pasamos lista a la clase?

Perfecto. Yuri tiene cuatro años y es ucraniano. Su hermana, Sofía, de siete años. Y Bogdan, que también es hermano y tiene ocho años. Bogdan vino hasta la puerta de la escuela, pero tenía un flemón y se fue al pediatra. Su padre trabaja en Ejea merced a un convenio del Ayuntamiento.

Qué bien...

También están los hijos de las personas que gestionan el bar. Vinieron de Madrid. Son los hermanos Isaac, de ocho años, y Nizar, de seis. El alcalde me dijo que hay previsión de que vengan Rafa, de siete años, y Raquel, de ocho, que han iniciado el curso en Zaragoza.

¿Cómo se educan niños de distinta edad en una misma aula?

Es una experiencia educativa excepcional. Además, los tres niños ucranianos apenas dicen hola y adiós en español. También saben decir ‘Chocolate con almendras’.

¿Son golosos los chavales…?

No. ‘Chocolate con almendras’ es una canción infantil.

¡Cuánto hace que no veo la programación infantil…!

¡Ja, ja, ja!

¿Dónde hacen el recreo?

Donde podemos. En la plaza de la iglesia, por ejemplo. Allí están bien resguardados los niños.

Veo que no buscan excusas, sino soluciones.

Por supuesto. He llevado una maleta entera con juegos manipulativos para facilitar la adquisición del idioma a los niños ucranianos. Son niños muy pequeños y aprenden haciendo y jugando.

¡Qué buena metodología!

También he llevado dotación de instrumentos musicales de mi casa: panderos, crótalos, claves, sonajas, xilófono… Todo para la mejor formación de los chavales. Su futuro será nuestro futuro.

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