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El fin de los peajes de la autopista libra a la N-II de más de la mitad del tráfico que soportaba

La AP-2, en su primer año tras la liberalización, logra atraer buena parte de los coches y, sobre todo, de los camiones de la Nacional.

La N-II, sin circulación durante esta pasada semana.
La N-II, sin circulación durante esta pasada semana.
Marcos Cebrián

Era uno de los grandes anhelos de Aragón. La liberalización de los peajes de la AP-2 perseguía descargar de tráfico la vieja N-II, la carretera nacional entre Madrid y Barcelona que, en su tramo aragonés, se cobró decenas de víctimas en las últimas décadas. Casi un año después, el objetivo se ha cumplido. La vía, antes repleta de camiones y turismos, ahora soporta un nivel de circulación fluido y, en ocasiones, prácticamente despejado. Tanto que algunos usuarios han decidido volver a ella en algunos momentos para evitar la intensidad que ahora -como consecuencia- lleva la autopista liberalizada.

Según los datos recopilados por el Centro de Gestión de Tráfico de Aragón, la circulación por la N-II se ha desplomado a menos de la mitad desde que el 1 de septiembre de 2021 se eliminaran los peajes de la AP-2 en el tramo entre Zaragoza y el Vendrell. El descenso ha sido pronunciado tanto en vehículos como en camiones, pero especialmente en estos últimos, que se han trasladado de forma masiva a la autopista desde que es gratuita.

Si se coge como ejemplo el sentido Barcelona, el tramo aragonés de la N-II soportó entre enero y el 23 de agosto de 2021 (antes de la liberalización) el paso de 710.661 vehículos, de los cuales 466.737 eran pesados (camiones) y 243.924, ligeros (coches y motos). Este curso, un año después y ya sin peajes en la autopista, la carretera nacional ha visto cómo se reducía el tráfico un 64,2%, ya que en estas mismas fechas han pasado 253.831 vehículos. La reducción ha sido del 59% en el caso de los vehículos ligeros (pasaron 99.897) y del 67,02% en los pesados (circularon 159.834).

En la AP-2 aún no se ha arreglado el asfalto de la zona de peajes de Pina de Ebro, lo que entorpece la circulación.
En la AP-2 aún no se ha arreglado el asfalto de la zona de peajes de Pina de Ebro, lo que entorpece la circulación.
Marcos Cebrián

De manera paralela, y como consecuencia directa, el tráfico se ha disparado en la autopista. Allí no hay medidores de aforos, pero sí se colocaron unos equipos portátiles durante unos días para comprobar la evolución de la circulación. Se compararon 18 días consecutivos de septiembre y octubre de 2019 (antes de la pandemia, y aún con peajes) con esas mismas jornadas de 2021, ya con la autopista liberalizada. El resultado fue un aumento del 54% en la intensidad del tráfico, de los 289.258 vehículos de 2019 a los 446.743 de 2021.

El incremento ha sido especialmente llamativo en el caso de los camiones. En 2019 se contabilizaron 83.881 vehículos pesados en los días analizados, pero en 2021 fueron 147.035, un 75% más. Casi el doble. En cuanto a los turismos, el incremento se quedó en el 45%, de 205.377 en 2019 a 299.708 en 2021.

Para José Antonio Moliner, presidente de la asociación de empresarios de transporte Tradime Aragón, el balance de este año es “positivo”, sobre todo por el aumento de la seguridad que ha supuesto para todos los usuarios de la vía, incluidos los transportistas. “Era una vieja reivindicación del transporte aragonés, porque la siniestralidad que había en la nacional era una barbaridad”, señala. A su juicio, el problema es que no se previeron “más áreas de servicio” que permitan aparcar y descansar a los conductores. “Por eso, muchos se salen a la nacional para comer”, cuenta. Una solución, en su opinión, sería ofrecer a los hosteleros de la vieja N-II gestionar áreas de servicio en la autovía. “Así se matan dos pájaros de un tiro”, apunta.

Por su parte, Fernando Viñas (secretario general de Fetraz) considera que la libaralización ha sido “muy buena para el sector, tanto por la seguridad como por el ahorro económico que supone”. “Soy consciente de que los turismos se quejan de que la autopista ahora está llena de camiones, pero hay que tener en cuenta que en conjunto se ha mejorado la seguridad de todos”, señala.

Daniel Gog, transportista rumano que hace la ruta por la AP-2.
Daniel Gog, transportista rumano que hace la ruta por la AP-2.
Marcos Cebrián

Los transportistas, a título individual, también están más cómodos. Juan Ruiz, que hace todas las semanas la ruta Madrid-Barcelona llevando residuos, descansaba esta semana en Rausán y apuntaba que “por autopista es más cómodo, más seguro y más rápido”. Este camionero calculaba en media hora el ahorro de tiempo que consigue. Y eso que aún no se ha adecuado la zona de asfalto donde estaban los peajes de Pina de Ebro, lo que obliga a frenar a todos los conductores cuando pasan por allí. A su lado, Daniel Gog coincidía en estas mejoras, pero añadía que “hacen falta más aparcamientos”. “Como ahora vamos muchos, no cabemos todos para descansar, así que tenemos que parar en las entradas y salidas de las áreas de servicio”, añadía.

Juan Ruiz, en la cabina de su camión.
Juan Ruiz, en la cabina de su camión.
Marcos Cebrián

Para el caso particular de Octavio Salgado, otro transportista, el cambio ha sido a peor. Como lleva mercancías peligrosas, él ya circulaba antes por la autopista cuando era de pago, por lo que ahora ha visto cómo 'su' vía se llenaba de tráfico. “Antes íbamos cuatro camiones y algún coche, y ahora va llena. La diferencia es una pasada”, contaba este transportista de asfalto.

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