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La nueva vida de refugiados ucranianos en Aragón tras medio año de la guerra: "¡Que termine ya!"

La Asociación Ucraniana de Residentes en Aragón ha organizado este miércoles un acto en la plaza del Pilar de Zaragoza (a las 19.00) en conmemoración del Día de la Independencia de su país.

Arriba, Maryna Yadrevska (i) y Olena Kubrushko, con sus hijos Aryna) y Andrii. Abajo, Svitlana Loktieva (i) y Valeriya Yusupova.
Arriba, Maryna Yadrevska (i) y Olena Kubrushko, con sus hijos Aryna) y Andrii. Abajo, Svitlana Loktieva (i) y Valeriya Yusupova.
Heraldo.es

El 24 de agosto no es un día cualquiera en Ucrania. Ese día del año 1991 el Parlamento ucraniano aprobaba el acta de proclamación de independencia del país, tras 70 años bajo la órbita de la Unión Soviética. Este 2022 la fecha de tal celebración coincide con medio año de guerra en el corazón de Europa, tras la invasión de Rusia el pasado 24 de febrero, que ha dejado cientos de muertos y miles de desplazados en un conflicto para el que no se vislumbra un final cercano.

Durante estos seis meses, en Aragón se han tramitado un total de 3.174 protecciones temporales para ucranianos (832 en Huesca, 1.805 en Zaragoza y 537 en Teruel), según datos de la Delegación del Gobierno en la Comunidad a fecha de esta semana. Para los refugiados que han llegado a la región -como Svitlana Loktieva, Olena Kubrushko, Valeriya Yusupova y Maryna Yadrevska- ha supuesto comenzar una nueva vida alejados de sus familiares y teniendo que aprender un idioma que les resulta, de primeras, difícil. Algunos ya tenían allegados o amigos aquí y todos ellos agradecen la buena acogida que han tenido de los aragoneses.

Reconocer ese respaldo es uno de los objetivos del acto que ha organizado la Asociación Ucraniana de Residentes en Aragón (AURA) mañana, miércoles, en la plaza del Pilar de Zaragoza (a las 19.00) en conmemoración del Día de la Independencia de Ucrania. "Entregaremos diplomas a los voluntarios y a las personas que nos están ayudando y han donado material y alimentos. También haremos un resumen de los seis meses de invasión con fotos y actuarán cantantes ucranianos", avanza su presidenta,  Alina Klochko.

Esta se muestra esperanzada en una victoria de su país, aunque al mismo tiempo su opinión "personal" es que quien puede terminar con esta guerra son los políticos. "Lo que ocurre es que piensan de forma lenta y eso nos cuesta como mínimo 200 soldados y civiles que mueren cada día. Son cifras oficiales; en realidad serán más", apunta Alina, que comparte la petición del presidente Volodimir Zelenski a los miembros de la OTAN de más armamento para llevar a cabo una contraofensiva frente a las tropas rusas.

Estos son los testimonios de cuatro refugiadas ucranianas en Aragón.

Svitlana Loktieva: "Espero que se termine muy pronto la guerra, quiero volver a Ucrania. Me preocupa mucho mi familia que está ahí"

Svitlana Loktieva, de 43 años, llegó en marzo a Zaragoza junto a su hija de 8 años, donde tiene unos amigos con los que vive.
Svitlana Loktieva, de 43 años, llegó en marzo a Zaragoza junto a su hija de 8, donde tiene unos amigos con los que vive.
Heraldo.es

Svitlana Loktieva, de 43 años, no puede evitar emocionarse cuando se le pregunta cómo está viviendo la guerra a miles de kilómetros separada de su marido (que es militar) y del resto de la familia que ha quedado en Ucrania. Con él tiene un contacto habitual, aunque nunca le habla de su trabajo. "Lo único que pide es que si es posible me quede en Zaragoza con mi hija, de 8 años, y no vuelva de momento a Kyiv (nombre de la capital en ucraniano). Mis padres también residen en la capital y mi madre me informa de que siempre suenan las sirenas; ya no vive con tranquilidad. Me preocupan mucho", afirma.

Svitlana trabajaba en un banco cuando Rusia invadió su país. Fue entonces cuando se mudó, junto a su pequeña y su esposo, a una región del este más alejada, confiando en que ahí estarían más tranquilos y a salvo. Pero no ocurrió así y es cuando decidió venir a Zaragoza, donde tienen unos amigos. Eso fue a principios de marzo y desde entonces vive con ellos en su piso. "Para lo básico, las primeras necesidades, tengo mis ahorros (que van mermando). No cuento con ayudas. Querría trabajar en un puesto similar al que tenía en mi país. La mayor dificultad es el idioma, con él se abren muchas puertas", dice esta refugiada, que asiste a cursos de español (organizados desde la Universidad de Zaragoza y la asociación Aura).

"Vivo con mis amigos en su piso. Para lo básico tengo mis ahorros; no cuento con ayudas. Querría trabajar, pero la mayor dificultad es el idioma"

Ante todo, Svitlana agradece la acogida que le han brindado los aragoneses y de lo que está más contenta es del colegio de su hija. "La están cuidando y tratando muy bien", señala. En cuanto a la evolución del conflicto bélico, apunta que solo cree en las Fuerzas Armadas ucranianas y "en Dios". "Espero que se termine muy pronto la guerra, quiero volver a Ucrania. Confío en nuestra victoria, no vemos otra opción".

Olena Kubrushko: "Mis hijos van adaptándose poco a poco. El español les resulta difícil, pero aun así están muy ilusionados y contentos"

Olena Kubrushko, junto a su hijos Aryna y Andrii, en Cuarte de Huerva.
Olena Kubrushko, junto a sus hijos Aryna y Andrii, en Cuarte de Huerva.
Heraldo.es

Después de tres días recorriendo Europa en tren, Olena Kubrushko, de 36 años, llegaba a Aragón también en marzo desde Krivói Rog (el pueblo natal del presidente Zelenski), donde trabajaba de profesora en la Universidad de Ingeniería. Junto a ella viajaron sus hijos: Aryna, de 5 años, y Andrii, de 13. "Mi marido está en Ucrania, pero por su puesto en el trabajo todavía no lo han llamado a filas. Me comunico con él a diario; le echamos mucho de menos", señala.

Olena decidió venir a España porque en Cuarte de Huerva tiene familia, en concreto una prima que le fue a buscar en coche hasta Hendaya. Allí vive tras solicitar un piso con la ayuda de la asociación Aura y en este tiempo ha trabajado un mes y medio en FCC. "Espero que me vuelvan llamar ya que me trataron muy bien y estaba muy contenta con el empleo. Agradezco su apoyo y ayuda junto con el de Aura, el del grupo del PSOE de Cuarte y el de mujeres progresista de la localidad", apunta. En cuanto a sus hijos, afirma que se van adaptando "poco a poco". "El idioma les resulta difícil, pero aun así están muy ilusionados y contentos aquí", añade.

"Están destrozando mi país, pero la moral de la gente allí es muy alta. Ya se notan los seis meses: hay menos trabajo, los salarios han bajado a menos de la mitad y la vida es más difícil"

A Olena le gusta "mucho" nuestro país y si tuviera la posibilidad igual se quedaban a vivir en Cuarte con su marido, pese a tener toda su familia (padres, hermana, sobrinos y abuelos) en Krivoy Rog. Pero antes tendrá que llegar el fin de la guerra, "con una victoria para Ucrania". "Será duro porque hay que reconstruir mucho de lo que han destrozado los rusos. Ya se notan seis meses de conflicto: hay menos trabajo, los salarios han bajado a menos de la mitad de lo que se cobraba y la vida ahora es más difícil. Están destrozando mi país pero la moral de la gente allí es muy alta", subraya.

Valeriya Yusupova: "Estoy cansada de huir de los rusos. De momento, quiero quedarme en Zaragoza y aprender el idioma"

Valeriya Yusupova, de 27 años, este martes en el Parque Grande José Antonio Labordeta de Zaragoza.
Valeriya Yusupova, de 27 años, este martes en el Parque Grande José Antonio Labordeta de Zaragoza.
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La joven Valeriya Yusupova, de 27 años, confiesa tener el "síndrome" de un "superviviente" de la guerra por partida doble: en 2014 cuando comenzó en la región separatista prorrusa de Lugansk (donde vivió hasta 2016) y ahora en 2022, que le pilló residiendo en la capital ucraniana. "Observando cómo están yendo las cosas, creo que la guerra durará como mínimo un año. Estoy muy preocupada por mis familiares y amigos; toda mi vida se ha quedado ahí", afirma.

No obstante, si se compara con otros refugiados de su país reconoce que para ella las cosas han sido más fáciles. En Zaragoza tiene a una prima, con una hija, y por eso se trasladó a Aragón. "Vine en marzo sola y vivo con ellos. Tengo la suerte de no tener novio (los hombres están llamados a filas) ni hijos ni animales. Mi familia se ha quedado allí; mi madre trajo después a mi hermana para que estuviera conmigo, pero se ha vuelto de nuevo a Ucrania. Allí está su trabajo y su esposo", explica esta joven, que trabajaba de administrativa en una tienda de Kyiv.

"Mis abuelos y mi padre se creen las palabras de Rusia; no consideran que tengan la culpa y están como zombis. Me duele mucho porque no ven la realidad y hay muchas familias así"

Ahora Valeriya está al cuidado de su sobrina, da clases de español y acude como voluntaria a los almacenes de la Asociación Ucraniana de Residentes en la Comunidad. "Estoy contenta en Zaragoza; los aragoneses siempre quieren ayudar y son muy alegres. Estoy cansada de huir de los rusos. De momento, quiero quedarme aquí y aprender el idioma, que es lo más difícil", destaca. Junto a este hándicap tiene otro "a nivel psicológico": una parte de su familia es prorrusa. "Mis abuelos y mi padre se creen las palabras de Rusia; no consideran que tengan la culpa de la invasión y están como zombis. Me duele mucho porque no ven la realidad y dicen que son buenos. Hay muchas familias así", explica con pena.

Maryna Yadrevska: "No estoy cerca de mi pareja y mi familia y es difícil. Nadie entiende el porqué de la invasión de Rusia"

Maryna Yadrevska, de 36 años, en la sede central de Cruz Roja en Zaragoza.
Maryna Yadrevska, de 36 años, en la sede central de la Cruz Roja en Zaragoza.
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Maryna Yadrevska, de 36 años y madre de una adolescente de 13, no quería abandonar su país por culpa de la guerra, pero ver el miedo en los ojos de su hija fue determinante para salir rumbo a Zaragoza, donde vive una prima lejana desde hace ya dos décadas. Llegó el 23 de marzo y está dentro del programa de acogida y protección internacional de solicitante y beneficiarios de asilo de la Cruz Roja española.

Está en la primera fase de dicho programa y reside en un piso compartido con otros refugiados internacionales. Asimismo, recibe una cantidad pequeña de dinero para sus gastos, cuenta con un bono para alimentación y otras prestaciones, además de ser beneficiaria de todos los servicios de la ONG (encaminados a su atención e integración en la sociedad). En su país han quedado su pareja, que reside en la capital, y el resto de la familia (es originaria de Makiivka). "Había estudiado español durante cinco años. Aunque no la conocía, España era mi sueño y Ucrania es mi amor, mi corazón", subraya. Ingeniera y economista de formación, su pasión es la joyería y a ello se dedicaba hasta que Moscú invadió su país y tuvo que cerrar la tienda que tenía en Kyiv. "Busco trabajo; de joyera mejor pero me da igual. Lo importante es que sea un trabajo con contrato. Cuando termine la guerra creo que me volveré a mi país, aunque si tengo empleo y estoy mejor aquí me quedaré. Tengo residencia para dos años", indica.

"Busco trabajo; de joyera mejor pero me da igual. Lo importante es que sea un empleo con contrato. Cuando termine la guerra creo que me volveré a mi país"

En Zaragoza, madre e hija se encuentran bien y han hecho amigos. Comenta que le gusta mucho el café con leche que se sirve en la ciudad, los granizados (que en Ucrania no se venden), la tortilla de patatas o el pan con tomate y jamón ("es mejor el de España"). Y también el clima, siempre que no haga 45 grados. Todo ello no quita para que cada día piense en lo que ha dejado atrás. "No estoy cerca de mi pareja y mi familia y es difícil. Veo las noticias que llegan de Ucrania y me encuentro muy mal. Cada semana, mi hija y yo vamos a la psicóloga y para nosotras es importante. Nadie entiende el porqué de la guerra. Mi sueño es que terminara en septiembre u octubre, aunque creo que no va a ser así. No me gusta la política", afirma.

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