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Frank Norton: "El arte es como una ventana a la esencia del ser humano"

El escultor irlandés, afincado desde hace años en Aragón, es autor de destacadas esculturas visibles en las carreteras del Pirineo oscense, como 'Los Arqueros' o 'San Jorge y el dragón', entre otras.

El escultor Frank Norton en su taller.
El escultor Frank Norton en su taller en Peñaflor (Zaragoza).
Guillermo Mestre

¿Cómo le gustaría que fuera el diálogo entre el espectador y su obra? Las esculturas que tiene por las carreteras del Pirineo son un referente.

Me gusta que sea una obra que despierte a la gente y después tiene que haber una lectura más poética. Para mí, el arte es como una ventana a la esencia del ser humano, a través de la cual podemos ver su sensibilidad y complejidad.

Y con la escultura de Ramón y Cajal en la Gran Vía de Zaragoza, recientemente inaugurada, ¿a qué ventana nos asomamos?

Es una réplica, no es mi obra original (la escultura de bronce original es de Ángel Bayod, realizada en 1933). Como busto es una pasada: su mirada es intensa y a la vez sosegada. Sin embargo, el pedestal, que para mí es muy importante, tiene atrás una pequeña alusión (Norton ha realizado la representación de un nervio) que recuerda al espectador su tremenda aportación a la Medicina.

¿Una obra que no se entienda llega al espectador?

No todo es racional en el ser humano, hay un nivel prerracional o inconsciente que es muy potente. Creo que nos falta un poco de cultura de apreciar una obra; es como si hubiéramos perdido la capacidad de estar en silencio en todos los aspectos de la vida y ante una obra de arte, también.

¿Por qué le gusta trabajar por encargo?

Entre otros motivos porque estás al servicio de. Todos estamos al servicio de y está bien. Además, actúa un poco de contrapeso a tu ego. Aunque es muy importante en el ser humano, el ego es también un demonio, puede convertirse en un tirano y en muchos artistas creo que el yo es demasiado poderoso. Lo cual no quiere decir que yo no tenga obra mía más personal.

Usted es conocido sobre todo por sus trabajos en escultura para obra civil, ¿qué le encuentra de atractivo?

Me gusta lo del encargo y que sea para un público muy generalista, no para uno que va a una exposición o a un museo. A mí me gusta ese público: el camionero, el niño que va en el coche... Todo el mundo.

"Nos falta un poco de cultura de apreciar una obra; es como si hubiéramos perdido la capacidad de estar en silencio en todos los aspectos de la vida y también ante el arte"
"En muchos artistas el yo es demasiado poderoso"
"Me gusta que mis esculturas sean para un público muy generalista; el camionero, el niño que va en el coche... Todo el mundo"

Hay quien señala que es una obra más anónima.

Sí. No tengo ningún problema en que sea anónima.

Por lo tanto, se lleva bien con su ego.

Me agrada que la gente me diga que le encanta, por ejemplo, 'Los Arqueros'. Lo principal es que les guste.

¿Cuál es la escultura a la que le tiene especial cariño?

‘San Jorge y el dragón’, por la sorpresa que incluye: que el dragón mata al caballo. El mensaje es que a veces para matar al dragón (que puede ser lo que sea) hay que hacer sacrificios. Y en esa batalla mi interpretación es que San Jorge tuvo que perder algo muy querido para ganar algo humanamente más necesario.

¿Y usted ha tenido que hacer sacrificios?

Sí, pero quién no hoy en día.

¿Qué papel juegan las tecnologías en su creación artística?

Un papel muy importante en la ejecución material de la obra y muy poca en la concepción. El ser humano nos bastamos y sobramos para la creatividad; no necesitamos más herramientas. Sí que las necesitamos para luego coger esa idea y plasmarla. Pueden ser tecnologías digamos de la industria del metal o las tecnologías 3D. Yo tiendo a utilizar esas tecnologías porque creo que es el presente de la escultura. Hay una visión un poco de rehuir de ellas; pero si llevas un cincel en la mano y una maceta, eso es también tecnología.

¿Qué escultores le atraen?

Pablo Gargallo me gusta mucho; 'el Profeta' es una pasada. Los clásicos, Miguel Ángel... Y también Anish Kapoor.

"Las tecnologías, entre ellas la 3D, juegan un papel muy importante en la ejecución material de la obra y muy poca en la concepción. Yo tiendo a utilizarlas porque creo que es el presente de la escultura"

¿Cómo le gustaría ser recordado como artista?

Nunca me lo he planteado. Que mi obra sorprendiera y que despertara de este letargo habitual en el que nos movemos muchas veces, ensimismados con nuestro pequeño mundo. Y que hiciera reflexionar, claro.

¿Cómo ve a la sociedad?

Dormida y anestesiada. El grado de dolor que está soportando el ser humano solo lo aguanta porque se anestesia con la tele, el móvil, con el consumismo… No queremos sentir lo que en el fondo estamos sintiendo.

Lleva 40 años afincado en Aragón, a donde llegó por amor. ¿Con qué tierra se encontró cuando vino de Irlanda en 1982?

Si te digo la verdad, no me gustaba mucho, tan seca y árida. Pero tiene una magia... A veces voy de paseo al monte y puedes ver kilómetros y kilómetros. La sensación de espacio es increíble. Eso en Irlanda a veces falta por su orografía. Y me chifla el Pirineo, es un paraíso.

Y después de tantos años, ¿qué opinión tiene de los aragoneses?

Es un poco tópico, pero es gente acogedora y noble. También es un tópico que los aragoneses son testarudos y lo son un poco. Es una cualidad que yo también tengo. Me parece una virtud en la adversidad; si no eres un poco testarudo te vas a plegar a la primera y vas a rendirte. Y viviendo del mundo del arte en general hay que ser un poco así: primero, tiene que ser una pasión; y, en segundo lugar, debes tener ese empeño en que te salga.

¿Alguna vez ha estado en la tesitura de abandonar la escultura?

Nunca.

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