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reportaje

En la zona cero del fuego tras 6 días de lucha

Por tierra y aire, brigadistas, agentes forestales, bomberos y militares plantan cara a las llamas para salvar el monte,

Los héroes del incendio de Ateca.
Los héroes por tierra y aire del incendio de Ateca.
Guillermo Mestre

Esta semana se han convertido en héroes por tierra y aire. Los medios aéreos son esenciales para frenar un incendio como el de Ateca, pero sin las cuadrillas terrestres sería imposible perimetrarlo y apagarlo del todo. Han combatido sin descanso durante seis días contra las lenguas de fuego soportando temperaturas muy superiores a los 40 grados -a la ola de calor se suma el efecto de las llamas- con el equipo a cuestas las brigadas terrestres y muchas veces subiendo y bajando por laderas escarpadas. Cuentan que pueden llegar a perder tres o cuatro kilos, y eso que llegan a beber varios litros de agua que llevan encima o que bien guardan en el lugar más fresco que encuentran, si lo hay.

Este sábado el "punto crítico" del siniestro, como lo llama José María Ruiz, agente de protección de la naturaleza (APN) del Gobierno aragonés, estuvo en el sector de Embid de Ariza. Aquí trabajaban ayer dos cuadrillas terrestres, el retén R67 Valle del Manubles y el R74 Valle de Ribota con sus autobombas. Cada una integrada por cinco brigadistas (una de ellas con cuatro porque no son ajenos a la covid) y con un APN al frente. Hubo conatos en este sector la tarde y la noche del viernes al sábado. A primera hora de la tarde, cuando más pegaba el sol, les tocó correr para acudir a sofocar un posible rebrote, algo que entraba dentro de sus previsiones aunque el incendio ya se dé por estabilizado. Llegaron a las 7.00 y tras un turno de 12 horas esperaban el relevo. 

Tras lo vivido estos seis días, Ruiz considera que también han llegado a la Comunidad los llamados incendios de sexta generación, mucho más voraces, devastadores e incontrolables, con diferentes focos simultáneos y una capacidad de destrucción muy alta que arrasan hectáreas y hectáreas a su paso.

"La forma de evitar grandes incendios como este es minizar los riesgos de inicio"
José María Ruiz, en la zona de Embid de Ariza.
José María Ruiz, en la zona de Embid de Ariza.
Guillermo Mestre

José María Ruiz, agente de protección de la naturaleza (APN) de la DGA, peleó contra las llamas como brigadista en el incendio del verano de 2015 en Luna. Ahora le ha tocado dirigir una de las cuadrillas terrestres, la R67 Valle del Manubles. El lunes por la tarde estuvo en el punto de inicio del incendio, la madrugada del martes al miércoles vivió cómo se cortaba la N-II y las grandes lenguas de fuego en la A-2 las compara "con los pavorosos incendios forestales que se producen en California y que hasta ahora no habíamos vivido aquí".

"Ni todos los recursos del mundo hubieran evitado lo que pasó la noche del martes, estaba fuera de capacidad de extinción", opina. Cree que tras la ocurrido hay que plantearse si los actuales medios están adaptados para hacer frente a estos fuegos que tienen una mayor virulencia y si se necesita una formación específica. Y aunque no se moja sobre si la Administración debería prohibir ciertas labores en plena ola de calor, deja caer que "la forma de evitar grandes incendios como este es minimizar los riesgos de inicio".

A su parecer, el operativo aragonés "está bien distribuido en el territorio" y es uno de sus puntos fuertes. Sí se suma a las críticas de la asociación de APN por la antigüedad de la flota de vehículos.

Estos días no podía evitar echar algún vistazo al móvil "porque la abuela y la tía de mi mujer estaban en Cetina y podían ser evacuadas". Ahora que está ya todo más tranquilo, siente pena por la pérdida de un monte en el que han dejado "muchos días de trabajo, hay compañeros de 60 años que llevan desde los 20 dedicados a la mejora de esta zona".

"La empresa tiene que responder por los daños y hay que regular algunas actividades"
Claudio Herreros junto a algunos compañeros del retén.
Claudio Herreros junto a algunos compañeros del retén.
Guillermo Mestre

A Claudio Herreros, brigadista desde hace tres años, le tocó acudir el pasado lunes por la tarde a la finca de Bubierca en la que se originó el incendio. Un cambio en la dirección del viento les dio "un buen susto" esa primera noche cuando las llamas empezaron a propagarse rápidamente hacia dónde se encontraban y tuvieron que salir de allí "por patas". Lo que no podía imaginar entonces es que su voracidad le obligaría, a última hora de la mañana del martes, a ir a buscar a su madre de 69 años a su pueblo, Moros, porque las llamas empezaban a cercarlo y había que evacuar a los vecinos. "La Guardia Civil me dijo que subiera y me llevara a cuantas personas pudiera en el coche. El casco era ya una nube de humo", recuerda.

Lucha en primera línea del infierno que se ha vivido y es un afectado más que ha perdido la finca de cerezos, "pero soy joven, tiraré hacia adelante y volveré a plantarlos", se propone. Pero asegura que habrá agricultores de cierta edad que tendrán que dejar su trabajo en el campo "porque si se pierden los árboles, los nuevos tardan por lo menos cinco años en volver a ser productivos". El potencial turístico del valle del Manubles, basado en buena parte en el paisaje y las rutas micológicas, opina que también se va a ver "muy perjudicado".

Reclama que la empresa que originó este "desastre" responda por los daños. Sobre la necesidad o no de regular algunas actividades lo tiene claro: "Cosechar hay que cosechar porque no se puede dejar el grano en el campo, pero, en condiciones de calor extremo, hay que regular o prohibir actividades que se pueden posponer". 

"Las llamas en la carretera de Ateca a Moros recordaban los fuegos de Australia"
Daniel Aparicio, en el camión de bomberos de la DPZ
Daniel Aparicio, en el camión de bomberos de la DPZ
Guillermo Mestre

Daniel Aparicio, bombero de la Diputación de Zaragoza (DPZ), desde hace 11 años se encontraba este sábado en el casco urbano de Moros refrescando rescoldos y sofocando los focos de fuego que aparecen en las casas deshabitadas que han sido pasto de las llamas en la parte baja del pueblo. Una imagen desoladora consecuencia de esa "tremenda" noche del martes en la que el incendio avanzaba sin control. "Las llamas en la carretera de Ateca a Moros, de gran altura y a ambos lados, me recordaban las imágenes de los incendios forestales que asolaron Australia en la temporada de 2019 y 2020", asegura este profesional. "Todos temíamos que iba a llegar al pueblo porque no había manera de controlarlo y el viento cambiaba continuamente. Creo que se hizo lo mejor que se pudo y con todos los efectivos posibles", apunta.

Aunque ha trabajado en la extinción de siniestros industriales "también complejos por la presencia de sustancias químicas y peligrosas", reconoce que este es el de "mayor magnitud y virulencia al que se ha tenido que enfrentar" en su carrera.

Junto a otro compañero, con unautobomba urbana, permaneció en Moros desde las 8.00 a las 17.00. Los vecinos acudían a ellos en cuanto veían salir algo de humo de un pajar quemado. "Tienen todavía el susto metido en el cuerpo, es muy comprensible", dice. "Estos días estoy notando unas muestras de agradecimiento constantes por parte de mucha gente, siempre recibes algunas pero no de forma tan masiva", concluye.

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