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Una pequeña vuelta al mundo sin salir de Aragón

El Pentágono, la Muralla China o la prisión de Alcatraz. Algunas localizaciones aragonesas a pocos kilómetros de casa evocan (y nada envidian) a míticos destinos turísticos.

Unas pocas postales de rincones aragoneses (aunque parezcan de fuera) con mucho encanto.
Unas pocas postales de rincones aragoneses (aunque parezcan de fuera) con mucho encanto.
V. Meneses

El fin de semana los responsables de Turismo de la provincia de Huesca colgaron en las redes sociales una imagen aérea de la Ciudadela de Jaca. “Aquí tenemos nuestro propio Pentágono”, decía un ocurrente texto, que fue muy celebrado en Twitter. De hecho, haciendo un poco de ‘scroll’ en la misma herramienta, aparece la ‘Muralla China’ pero de Finestres o la Toscana aragonesa de la plaza de Graus.

 

Existen un puñado de localizaciones en la Comunidad que pueden evocar paisajes míticos y lejanos de esos en los que todos quisiéramos pasar el verano. Si este 2022 no se dan las circunstancias para dar una vuelta al mundo -ya se sabe, los combustibles, la inflación, etc.- sí se puede recorrer Aragón deteniéndose en algunos parajes que parecen emular los más sorprendentes de las guías viajeras.

 

Que uno no tiene suficiente ‘cash’ para escaparse a Roma, pues puede hacer un viajecito a Fabara donde se encuentra uno de los mausoleos mejor conservados de Europa. Es del siglo II y está dedicado a Lucio Emilio Lupo. El estado de conservación de sus columnas, su friso y su tímpano es sorprendente, a pesar de llevar casi 2.000 años en pie. Bien de Interés Cultural y capaz de maravillar a escritoras como Irene Vallejo, el mausoleo de Fabara es una de las joyas patrimoniales de Aragón (así lo atestigua su podio en el Sistema de Información de Patrimonio Cultural, Sipca), si bien es cierto que de vestigios romanos anda la Comunidad sobrada, y el viajero que desee impregnarse de yacimientos arqueológicos haría bien en revisitar en Zaragoza sus termas, su foro, su teatro…

Es posible que los glaciares pirenaicos disten un poco de los que se puedan ver en Islandia, pero la excursión por Saravillo y el ascenso hasta el ibón de Plan o Basa de la Mora no tiene nada que envidiar. Lo mismo sucede con un puñado de cataratas y cascadas desperdigadas por toda la geografía aragonesa, desde la Cola de Caballo de Ordesa hasta las que se encuentran junto a las pozas de Beceite o las del Monasterio de Piedra, una por provincia. Sorprendente es la imagen del salto del Bierge, en el parque natural de Sierra y Cañones de Guara que, salvando las distancias -las alturas en este caso-, podría parecer las cataratas del Niágara. Se le pone el teleférico centenario de Torres Quevedo y aún tiene un pase para emular una peli de Hitchcock.

 

Lo mismo sucede con los aún popularmente desconocidos Aguarales de Valpalmas, que en formato más humilde pueden evocar al gran Cañón del Colorado. Lo saben bien los publicistas que han aprovechado este paisaje natural (como también el de las Bardenas Reales) para ‘dar el cambiazo’ en algunas grabaciones. Desde hace unos meses la cineasta Laura Sipán, ahora afincada en Sodeto, lleva adelante un proyecto para hacer fomentar los rodajes profesionales en los Monegros. Los paisajes de este territorio pueden recordar lejanamente a los de Arizona, como también sucede en la rambla de Barrachina, en Teruel, donde también se está apostando por que nuevos Sergio Leone acudan a este trasunto del Lejano Oeste con películas de indios y vaqueros. De hecho, según explican desde la Film Office Teruel City son estas formaciones montañosas y las instalaciones del aeropuerto turolense las más demandadas para grabaciones.

En este verano de 2022, en el que según las encuestas el 40% de los españoles se ha visto obligado a posponer sus planes de vacaciones debido al encarecimiento de los precios, tampoco es mala opción acercase a Panillo para tirar algunas fotos ‘exóticas’ -como si se estuviera en Bután- en el templo budista de la localidad. Es posible, por cierto, que en unos meses se construya otra lamasería en la localidad de Cajigar, hasta donde viajó el año pasado Kalu Rimpoché, una de las mayores figuras del budismo tibetano. El templo de Panillo fue construido en 1984 por la reencarnación del anterior Kalu y, desde entonces, este rinconcito de la Ribagorza ha recibido multitud de visitas pero siempre de forma escalonada, tratando de mantener el remanso de paz entre montañas que constituye.

 

Otro exotismo más urbano y que requiere -cierto es- un esfuerzo mucho mayor de imaginación es el obelisco de la plaza de Europa de Zaragoza. Solo en el caso de que se diera una severa e inopinada tormenta de arena podría hacernos pensar que estamos en tierras del Nilo, porque lo cierto es que el obelisco zaragozano de egipcio poco tiene. Es más está cubierto de losas de piedra de Calatorao y sus proporciones no son las que exhiben los originales que hay en Londres, París, Roma y, por supuesto, El Cairo. En su día, antes de la Expo de 2008, se llegó a proponer que se decorase con jeroglíficos en color, pero aquella propuesta no llegó a buen puerto. Si se busca algún vestigio egipcio a orillas del Ebro quizá sea mejor pasearse por el cementerio de Torrero, donde algunas tumbas de finales del siglo XIX (véase los panteones de las familia Herrero o Repullés) están decoradas con esfinges.

También sin abandonar Zaragoza, alguna huella de la mismísma Nueva York se puede rebuscar entre el asfalto. Una evidencia que el World Trade Center del Actur se denominó así al tratar de emular las malogradas torres de Manhattan. Además, la ciudad del Hudson y Zaragoza comparten obra de arquitectos de renombre como Zaha Hadid y Rafael Moneo. La primera es autora del pabellón Puente y de un icónico edificio del High Line, mientras que el segundo tiene el Northwest Corner Building que es clavadico al centro comercial Aragonia. Hace pocos años, además, Jaume Plensa, escultor de ‘El Alma del Ebro' de Ranillas, colocó frente a Nueva York su obra 'El Alma del Agua'.

Paralelismos con más o menos fortuna podrían encontrarse en un montón de lugares (¿acaso las cárceles de la Inquisición del Matarraña no son un poco Alcatraz?), incluso, en los que se quedaron en proyecto, boceto o plano como fue la intención en su día de crear un nuevo Las Vegas -Gran Scala se llamaba- junto a Farlete y Monegrillo. Y, por descontado, hay muchos otros atractivos aragoneses -de San Juan de la Peña a Belchite o todo el mudéjar del territorio- que son 100% autóctonos y no tienen comparación posible en este juego de evocaciones y semejanzas.

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