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El 'full contact medieval' golpea con fuerza en Aragón

Entre espadas, mazas y hachas, este fin de semana se celebra en Zaragoza una competición nacional con combates inspirados en los de los siglos XIII y XIV.

Una de las exhibiciones del grupo aragonés en las calles de Zaragoza.
Una de las exhibiciones del grupo aragonés en las calles de Zaragoza.
Guillermo Mestre

“Los combates son auténticos, una batalla de golpes reales, no hay trampa ni cartón”, explican quienes este fin de semana próximo se batirán el cobre en Zaragoza entre mazas, espadas y hachas. Un total de ocho equipos llegados desde Madrid, Barcelona, La Rioja, Burgos y, por descontado, Aragón participarán en una competición de ‘full contact medieval’, a la que también acudirán duelistas procedentes de la Comunidad Valenciana o Andalucía.

“Se inspira y se recrea lo que hacían los ejércitos en el siglo XIV cuando no guerreaban. Para no perder la forma, hacían este tipo de torneos que les permitía seguir entrenados”, explica Miguel Ángel Pantaleón, más conocido como Miki, que es el organizador de la competición nacional que se celebrará el sábado, en dos sesiones (11.30 y 17.30), en el pabellón del colegio Salesianos. Las entradas están ya a la venta en la web de Entradium al precio de 6 euros. 

Pero, ¿qué es el ‘full contact medieval’? Se trata de un espectáculo de luchadores de combate medieval, en el que los participantes portan armaduras y se golpean con espadas, mazas, hachas… “No es un juego, es un deporte de contacto, todo ello reglado y con mucha seguridad”, explican. De hecho, no se trata de recreaciones sino de combates de verdad, aunque rara vez suele salir alguien herido. Los caballeros van protegidos con armaduras que suelen costar unos 1.500 euros y está perfectamente calculado cómo un yelmo de acero de tres milímetros puede absorber los golpes de una maza de un kilo. El sábado podrán verse dos modalidades de competición: las peleas de uno contra uno, que suelen durar un minuto y medio, y las de equipos, que serán de tres contra tres. 

“Las individuales son duelos en los que se juzgan los golpes que se lleva el adversario: si se toca el casco, la armadura, hay distinta puntuación si se alcanza el pecho, la cabeza, las extremidades… En las grupales, en luchador pierde en cuanto toca con tres partes de su cuerpo el suelo: si hinca la rodilla, por ejemplo, ya está fuera. Entonces nadie le puede golpear y ese luchador queda inmovilizado, aunque sus compañeros continúan en inferioridad hasta que los jueces ven que la lucha es inviable”, explica el organizador del evento del sábado. “Hemos optados por un tres contra tres, pero también pueden ser cinco contra cinco, doce contra doce o hasta 150 como se ha llegado a celebrar alguna contienda de carácter internacional”, cuenta Pantaleón, presidente de Combate Medieval Aragón.

Sin armas de filo

Estos días los aspirantes ya están sacando brillo a sus cascos, escudos y lanzas, para practicar una disciplina que -insisten- es muy segura. De hecho, a las armas más contundentes se les quita el filo y las puntas para que no sean dañinas, pero resulte igualmente impresionante ver el uso de pesadas espadas y hachas a dos manos. “No utilizamos el filo y no suele haber heridos. Antaño se buscaban los huecos de la armadura para meter una espada, pero aquí eso no puede hacerse". 

"El público disfruta porque ve que los golpes son de verdad, que golpeamos con toda la fuerza, pero sabemos que nadie va a hacerse daño por el reglamento. Todo son tajos, esto es, golpes contra los escudos y las corazas”, comentan. Conviene recordar también el tremendo peso de las armaduras (hasta 45 kilos), pues en algunas batallas medievales quienes estaban malheridos caían y apenas podían moverse, por lo que se consideraba que estaban ya muertos.

En Aragón, de un tiempo a esta parte, está creciendo la afición por el ‘full contact medieval’, que lleva ya casi una década arraigado a orillas del Ebro. De hecho, el aragonés -con sede en El Burgo de Ebro- es uno de los equipos más antiguos de la península y en los últimos meses ha dado muestras de su buen hacer en competiciones internacionales o en escaparates como el Festival Saraqusta de cine histórico, cuando se les invitó a hacer una exhibición en la plaza del Pilar. “Hay savia nueva. Va llegando gente que quiere probar, sobre todo, jóvenes que proceden de otras disciplinas de deporte de contacto o de rugby. Les gusta porque comprueban que es un deporte muy intenso y, en apariencia, violento”.

En las competiciones importan los golpes, pero también el rigor histórico de las vestimentas y las armaduras propias de la época de la guerra de los Cien Años, que enfrentó a Francia e Inglaterra entre 1337 y 1453. Algunos duelistas, de hecho, investigan en tapices cómo eran las armas de los siglos XIII y XIV para luego confeccionarlas a su estilo y hacer réplicas de las botas, los cinturones o las pellizas de antaño.

Según cuentan, el origen de esta disciplina -que visualmente traslada al espectador en el túnel del tiempo- se encuentra en los países del este de Europa. De hecho, ahí se encuentran las fábricas donde emulan las armaduras de acero y Ucrania era, hasta la fecha, uno de los máximos productores, aunque últimamente se recurre cada vez más a herreros nacionales. En España este tipo de combates están arraigando con fuerza, azuzada también por la rica historia en lo que a fortalezas y castillos se refiere, pues una muestra mundial se celebró hace unos meses en Cuenca, a la sombra del castillo de Belmonte, con 400 luchadores de una veintena de países. ¿Habrá una próxima cita en Loarre? Países como Polonia, Reino Unido o Francia también tienen buena tradición de este deporte, que ha calado “porque engancha e impacta”, aunque requiere de fuerza y agilidad a la hora de practicarlo.

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