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‘Atrapados’ en el colegio hasta el día 22. ¿Pérdida de tiempo lectiva o actividad curricular obligatoria?

Los alumnos de Secundaria pasan estos días, superados los exámenes y con la vista puesta en las inminentes vacaciones, entre talleres, actividades extraescolares y prácticas. Las opiniones al respecto están divididas.

Imagen de archivo de una aula de enseñanza secundaria.
Imagen de archivo de una aula de enseñanza secundaria.
Efe

En medio de una sofocante ola de calor, con el goloso reclamo de las piscinas municipales ya abiertas y a precios reducidos, con el cansancio de todo el curso escolar y la vista puesta en un verano que todavía no ha llegado en el calendario, pero sí se barrunta entre pupitres y pizarras. Así están afrontando estos días los alumnos aragoneses de Secundaria, con todo el pescado vendido en cuanto a exámenes pero con la obligación de asistir a sus respectivos centros educativos hasta el 22 de junio, día oficial del final de curso.

Y este puñado de días extraños, lectivos pero exentos de presión, inútiles para unos, imprescindibles para otros, están en el ojo del huracán por las diferentes opiniones al respecto que tienen las familias y los diversos aprovechamientos que de ellos hacen colegios e institutos.

Talleres, visionado de películas, prácticas de biología, física o química, extraescolares por los barrios y hasta viajes a Portaventura son algunas de las actividades que entretienen a los adolescentes aragoneses hasta el ansiado ‘campana y se acabó’ del miércoles que viene. Además, este es el primer curso escolar que no tiene exámenes de recuperación, porque la convocatoria extraordinaria a finales de junio quedó suprimida tras el dictamen emitido en su día por el Consejo de Estado. De modo que quienes han suspendido una o varias asignaturas ni siquiera tienen que repasar conocimientos estos días para presentarse a la repesca, y su paso de curso si se tienen hasta tres ‘cates’ queda en manos de los equipos docentes, que de forma colegiada decidirán al respecto.

"La desaparición de los exámenes extraordinarios fue una decisión tomada sin centrarse en nuestros hijos"

Desde el Gobierno de Aragón, Felipe Faci, consejero de Educación, reconoce que son los centros quienes adoptan “las medidas necesarias para atender a los alumnos, intentado que haya la menor incidencia posible en el calendario escolar”.

Sin embargo, haber prescindido de los exámenes extra debería llevar a una reorganización del final de curso, a juicio de Conchita Ibáñez, presidenta de la Federación Cristiana de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos de Aragón (Fecapa Aragón). Considera que la eliminación de la segunda oportunidad “es una pérdida de tiempo lectiva” tal y como está planteado el calendario, porque los alumnos tienen que seguir yendo a clase hayan o no superado el curso sin un aprovechamiento real de estas jornadas. Por ello, realizar los exámenes tan temprano y dejar esa suerte de ‘tiempo muerto’ hasta el día 22 de junio es “un error”.

Como también lo es, dice, la desaparición de las convocatorias extraordinarias, ya no en junio, sino incluso la de septiembre, decisiones en materia educativa tomadas “sin centrarse en nuestros hijos, sino en otras cuestiones ajenas”, desliza Ibáñez.

Todo lo contrario opinan desde la Federación de Asociaciones de Padres de Aragón, Fapar, que valoran de forma “muy positiva” la cancelación de las repescas, tanto en junio como en septiembre, porque “rompen con la evaluación continua, que está al servicio de la mejora del sistema educativo”.

"Hasta el día 22 es obligatorio asistir a clase, y los profesores son los responsables de organizar actividades para cumplir con el calendario"

Desde Fapar se muestran “sorprendidos” por el debate sobre esta cuestión, y no comprenden que haya quien piense que los alumnos que ya han superado el curso “estén obligados a seguir yendo a clase”. “Hasta el día 22 es obligatoria la asistencia, y los profesores son los responsables de organizar actividades para cumplir con el calendario”, insisten desde la Federación. Los docentes tienen una unidad didáctica que han programado para que dure todo el curso, y es responsabilidad suya “seguir motivando al alumnado cuando todos, profesores y alumnos, quieren irse ya de vacaciones”.

A su juicio, es erróneo el mensaje de que ‘como de estas actividades no hay que examinarse, no son importantes’. “Parece que se trabaja solo aquello que va a entrar en las evaluaciones, pero son igual de importantes las actividades, los trabajos transversales, los talleres e incluso algunos aspectos de las asignaturas que no ha dado tiempo a tratar en profundidad durante el curso”, consideran desde Fapar.

"Les das a elegir entre la piscina y estar en clase, y claro..."

“Se trata de actividades curriculares no evaluables”, indica por su parte Pilar García, presidenta de Adiaragón (Asociación de Directores y Directoras de Institutos de Educación Secundaria de Aragón), que “no conllevan una nota pero son importantes”. Sin embargo, admite que en el IES Clara Campoamor de Zaragoza, centro donde es directora, los alumnos de últimos cursos de Secundaria dejarán de ir al colegio a partir de este mismo miércoles. “Es ya una tradición”, indica.

Es difícil para los adolescentes, tras los exámenes, con las piscinas abiertas, el calor que hace… Les das a elegir entre la piscina y estar en clase, y claro...”, reconoce. Quienes asisten, realizan prácticas o actividades extraescolares por los alrededores del centro. Pero poco más. Y menos mal que ya no hay que estudiar para la repesca. “La convocatoria extraordinaria no tenía ningún sentido, por lo menos en Secundaria. En Bachillerato puede, porque el alumno es un poco más maduro y podría responder. Pero un adolescente que iba a segunda convocatoria no la superaba, ni diez días después de la primera ni tras todo un verano de repaso”, zanja Pilar García.

A todo esto, ¿por qué se prescindió de la convocatoria de septiembre? Cabe recordar que el proceso de Bolonia adelantó a principios de ese mes el inicio del curso universitario, con lo que no tenía mucho sentido que hubiera alumnos que se incorporaran a sus estudios superiores con varias semanas de retraso porque tenían exámenes pendientes a la vuelta del verano. Por eso también se adelantó a junio la convocatoria extraordinaria de la Selectividad, la Evau. Así todos los alumnos comenzaban a la vez y, además, los centros podían tener antes programada su planificación: saber con qué estudiantes iban a contar les permitía cerrar los grupos, los horarios de profesores y las plazas de interinos antes de irse de vacaciones.

Reducción de jornada para hacer frente al calor extremo en las aulas

En otro orden de cosas, y debido precisamente a la sofocante ola de calor a la que se aludía al principio de este texto, que afecta a gran parte de España, incluida Aragón, los sindicatos han reclamado a la Administración educativa medidas urgentes para hacer frente a las altas temperaturas que se pueden dar en las aulas, y que podrían superar los 35 grados a lo largo de esta semana.

Según el CC. OO., el alumnado y el personal de algunos centros deben asistir a sus puestos para realizar exámenes, impartir docencia o asistir a juntas de evaluación haciendo frente a temperaturas “que incumplen lo establecido en las disposiciones de seguridad y salud en el trabajo”. “No podemos permitir que nuestros hijos tengan que acudir a clase a ejercer su derecho a recibir una educación de calidad en condiciones indignas”, afirman desde CC. OO. 

Las altas temperaturas, advierten, generan situaciones en las que el alumnado tiene que ser atendido “por golpes de calor, lipotimias, vómitos o mareos”. Por ello, instan a las autoridades educativas a ser “más ágiles, más decididas, más empáticas y más racionales de lo que suelen ser para acordar, con carácter urgente e inmediato, la entrada en vigor de horarios de verano en Infantil y Primaria y la reducción de la jornada escolar en al menos una o dos horas en Secundaria. “En situaciones excepcionales deben tomarse medidas igualmente excepcionales”, aseguran desde la Federación de Enseñanza de Comisiones Obreras.

También consideran necesario abordar un plan nacional para adaptar los centros escolares a estas nuevas realidades derivadas del cambio climático, e insisten en que "no tiene ningún sentido que todos los edificios de oficinas, establecimientos comerciales, y edificios oficiales cuenten con aparatos de aire acondicionado, mientras que los lugares en los que estudian niños, más propensos junto a los mayores a sufrir golpes de calor, no dispongan de ellos".

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