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La Policía Nacional responde a la última paliza en el parque Bruil de Zaragoza

La Jefatura Superior de Aragón activó este viernes un dispositivo especial con patrullas de uniforme y de paisano, ya que al violento ataque sufrido hace unos días por un conocido hostelero se suma un repunte de las denuncias vecinales. 

Una patrulla de la Policía Nacional, este viernes, junto a la terraza del parque Bruil donde se produjo la paliza al hostelero.
Una patrulla de la Policía Nacional, este viernes, junto a la terraza del parque Bruil donde se produjo la paliza al hostelero.
Francisco Jiménez

La Policía Nacional  activó este viernes por la tarde un dispositivo especial de vigilancia en el parque Bruil de Zaragoza. Y lo hizo en respuesta a la paliza sufrida hace unos días por el responsable de la empresa que gestiona el quiosco-terraza situado frente al Centro de Historias, un conocido hostelero que acabó en el hospital tras ser atacado por un cliente por el simple hecho de pedirle que pagara una cerveza al contado. «La agresión a Emilio no ha sido un hecho aislado; ha sido la gota que colma el vaso», advierten los vecinos, que desde hace meses vienen denunciando un preocupante incremento de la delincuencia tanto en el interior del parque como en el entorno de la plaza de Tauste. La Jefatura Superior de Policía no es ajena al problema, ya que sus patrullas son requeridas cada vez con más    frecuencia. De ahí que ahora intente contribuir a mitigar la sensación de inseguridad de los residentes reforzando la vigilancia en la zona.

La presencia del albergue municipal en la calle de Alonso V puede provocar algún conflicto puntual, pero no parece ser la principal inquietud de quienes viven en este rincón del barrio de Tenerías. «El pasado miércoles tuvimos una reunión con el concejal de Acción Social del Ayuntamiento de Zaragoza, Ángel Lorén, para informarnos de la futura ampliación de estas instalaciones. Y aunque es algo que nos preocupa, porque nosotros creemos que sería mejor abrir centros de acogida más pequeños en distintos puntos de la ciudad, no pensamos que sea el mayor problema», explica Carmen Turégano, portavoz del la Asociación de Vecinos Parque Bruil-San Agustín.

Los residentes lamentan y mucho lo ocurrido el pasado 2 de junio en la terraza del quiosco, pero creen que el suceso puede servir de «altavoz» para denunciar el «abandono» que arrastra una zona en la que «siempre se ha vivido bien». «No me gustaría que la gente pensara que esto es el Bronx, porque no lo es. Pero sí es cierto que hay personas que confiesan que viven con miedo y no se atreven a dejar que sus hijos bajen solos a la calle o al parque», asegura Turégano.

Los vecinos creen que la conflictividad que se respira en el barrio radica en dos hechos concretos. Por un lado, la llegada de varias familias okupas vinculadas al mundo de la delincuencia a los pisos del grupo Aloy Casas, antiguamente conocido como Sementales. Se trata de un conjunto residencial con cerca de 750 viviendas, de las que alrededor de un centenar están vacías. Según los vecinos, en la actualidad, 22 de estos pisos han sido okupados por familias sin techo no especialmente pacíficas    con menores sin escolarizar de los que a veces se sirven para delinquir.

«Pasar por allí a ciertas horas da bastante respeto. Al hijo de una amiga, de solo 9 años, le pincharon hace poco con una navaja.Pero es que también usan    pistolas y escopetas de balines para disparar a los chavales que juegan en la plaza de Tauste», comenta la portavoz de la asociación SanAgustín.

Acampados en los soportales

El segundo gran problema que denuncian los vecinos es la acampada habitual de personas sin techo en los soportales de dos  edificios de la calle Pascual Albero Burillo. Y no solo allí, también en el interior del aparcamiento público situado junto a la escuela infantil, que tras varios intentos fallidos por fin ha sido adjudicado a una empresa para su explotación. Previamente deberán ejecutarse obras para urbanizar la explanada superior, un proyecto muy demandado pero que no estará acabado hasta finales de este año o comienzos del próximo.

La Policía Local reconoce que ha tramitado varias denuncias relacionadas con la presencia de transeúntes, pero «de forma puntual y sin mayores problemas». El Cuerpo Nacional está más acostumbrado a intervenir en esta zona. La última vez, esta misma semana, cuando tuvo que enviar varios furgones a un conflictivo bar de la calle Asalto, identificado por los vecinos como otro foco habitual de altercados.

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