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patrimonio

Adiós a la Universidad Laboral de Zaragoza, la ciudad ideal que acabará en escombros

Pese a su valor arquitectónico, será el primero de los 21 edificios de esta histórica red de centros que es derribado. Ex alumnos y ex trabajadores rememoran aquellos años.

Estado actual de la Universidad Laboral Vírgen del Pilar de Zaragoza.
Estado actual de la Universidad Laboral Vírgen del Pilar de Zaragoza.
Guillermo Mestre

Entrar hoy en la antigua Universidad Laboral es pasear por el pasado. Resulta imposible dar una vuelta sin imaginar cómo fue aquello medio siglo atrás. Miles de personas estudiaron, crecieron y vivieron literalmente en una obra mastodóntica, que los arquitectos califican de “ciudad ideal”. Este complejo con aires ‘lecorbusianos’ quedará reducido a escombros y se transformará en dos grandes naves que levantará Montepino para atraer dos empresas logísticas y crear 2.500 empleos.

Era una muerte anunciada. La Universidad Laboral Virgen del Pilar de Zaragoza lleva 25 años abandonada en Malpica, por lo que su estado es casi terminal. La maleza se ha comido el terreno y resulta peligroso adentrarse en la mayoría de los edificios por el riesgo de derrumbe de estructuras -algunas sufrieron aluminosis- o falsos techos. Un triste final para un centro que fue todo un orgullo para la ciudad. Tanto por sus dimensiones como por su modernidad, con una biblioteca con 40.000 volúmenes y con una fantástica zona deportiva que incluía piscina climatizada, polideportivo y pista de atletismo. Llegaron a estudiar 3.500 chicos y -sobre todo- chicas al mismo tiempo, atendidos por más de 300 profesores y empleados.

Pese a su nombre, las universidades laborales no impartían estudios universitarios, sino bachillerato (BUP y COU) y FP. La de Zaragoza fue la primera de España femenina. Solo hubo otra más, en Cáceres. “Aquí venían alumnas de toda España e incluso del extranjero, hijas de emigrantes españoles. Eran chicas de la España rural que habían demostrado su valía. En sus lugares de origen había habido algún maestro o algún cura que decía que había que promocionarlas porque tenían muchas capacidades. El objetivo era que no se perdiera ningún cerebro por falta de medios”, explica Luis Vecino, que fue profesor y secretario general del centro. Por sus méritos, llegaban hasta la Laboral con una beca que incluía la formación, el internado, la comida, la manutención y el transporte. Recibían una educación de alto nivel que, en muchos casos, desembocó en estudios universitarios.

Eva García nació en El Burgo Ranero, un pequeño pueblo de León, y vive en Mataró (Barcelona), donde es arquitecta técnica. Estudió en la Universidad Laboral de Zaragoza entre 1985 y 1989 y gestiona un grupo de Facebook con más de 3.500 exalumnos y extrabajadores. “Aquello era nuestra casa y nuestra segunda familia. Vivíamos allí y no volvíamos a nuestro pueblo hasta Navidad. Además, desde Malpica no teníamos fácil ir a Zaragoza, por lo que pasábamos mucho tiempo allí”, cuenta. Su memoria le trae recuerdos “muy entrañables” de la vida en esta miniciudad. Ahora, detecta entre sus excompañeras “mucha pena” por el derribo. “Son muchas historias las que pasamos allí”, rememora.

Eva García, con sus compañeras de la Universidad Laboral en 1986.
Eva García, con sus compañeras de la Universidad Laboral en 1986.
Heraldo

Andrés Martínez Herrera vivió de cerca muchas de esas andanzas, ya que trabajó en la Laboral 46 años. Primero como cocinero, más tarde como recepcionista y al final -con el centro ya cerrado- como encargado del recinto. Su experiencia en la cocina sirve para calibrar el volumen del complejo. “Si hacíamos pollo, teníamos que comprar 550 o 600 pollos”, ejemplifica. Cuando entró a trabajar, en 1970, había 40 cocineros que trabajaban en turnos, a los que ayudaban varias mujeres que pelaban patatas, hacían albóndigas… “Era un trabajo duro, pero les dábamos de comer bastante bien”, asegura. Recuerda que los domingos se servía “entremeses y trucha”, y que por la tarde se hacía chocolate para todas. Ya en su última época, con el centro cerrado, hacía visitas a exalumnas que acudían a recordar viejos tiempos. "Era muy emocionante porque había mucho sentimiento, algunas eran mujeres que empezaron cuando se inauguró el centro", señala.

Andrés Martínez Herrara, en labores de mantenimiento en la Laboral.
Andrés Martínez Herrara, en labores de mantenimiento en la Laboral.
Heraldo

En sus años en la recepción, se encargaba de “cuidar de los alumnos” si necesitaban algo y de vigilar que se comportasen bien. “No había ningún problema, no eran chicas conflictivas”, señala. El profesor Luis Vecino certifica que en la Universidad Laboral no entraba cualquiera: “Entre compañeros nuestros siempre se ha dicho que con estos alumnos podía ser profesor cualquiera. Tenían que sacar una nota media determinada para poder seguir, así que se lo tomaban en serio”, apunta.

El edificio más grande, el que destaca en el paisaje de la N-II, es una enorme colmena de 12 plantas con capacidad para 1.200 internas. “Dependía del año en el que entrabas, te tocaba una planta y un color. Yo estuve en la décima planta, en el colegio blanco”, recuerda la exalumna Eva García. Cada ‘colegio’ tenía su propia directora y hasta gozaba de cierta autonomía. La mayoría de las alumnas eran internas, pero también venían de pueblos de los alrededores de Zaragoza, en 32 rutas de autobús que desembocaban en la Laboral. “Si alguna línea se suspendían porque tenían que emplear el coche en otro servicio, tenían que poner 30 o 40 taxis para traer a las chicas”, señala Andrés Martínez.

"El conjunto tenía mucha dignidad, es una Brasilia en pequeñito, salvando las distancias"

En 1988, el asesinato de la joven Carmen Romero, una de las alumnas del centro, conmocionó a toda la ciudad y puso de manifiesto los problemas de comunicaciones que había entre la Laboral y la ciudad, lo que provocaba que muchas alumnas hicieran autostop para pasar la tarde del sábado o del domingo en Zaragoza.

Tras varios lustros siendo solo para chicas, en 1975 entraron los primeros chicos, que también dispusieron de una residencia, aunque mucho más pequeña. En total, la Laboral ocupaba 20 hectáreas de terreno en Malpica. “En su diseño hay una organización de ciudad moderna ideal, con pequeños barrios, la residencia de alumnas, la de profesores, la de la rectora, la zona deportiva... El edificio institucional, el más representativo, es como un puente con un salón de actos que hace de foro. Todo unido por corredores y paseos. El conjunto tenía mucha dignidad, es una Brasilia en pequeñito, salvando las distancias”, destaca el arquitecto José Antonio Alfaro, que está haciendo una tesis doctoral sobre los edificios de educación laboral en Aragón.

Imagen aérea de la Universidad Laboral cuando estaba en funcionamiento.
Imagen aérea de la Universidad Laboral cuando estaba en funcionamiento.
Heraldo

La de Zaragoza va a tener el dudoso honor de ser la primera universidad laboral española en caer víctima de la piqueta. El resto de los 21 centros educativos se han reconvertido, generalmente en otro tipo de edificios de enseñanza. La pérdida es dura también en el plano patrimonial, ya que el conjunto recibió el premio Ricardo Magdalena en 1967 y está incluido en el catálogo Docomomo de conservación de la arquitectura moderna. Obra de Manuel Ambrós Escanellas, es “de las pocas universidades laborales que no están protegidas”, señala Alfaro. Este arquitecto es consciente de que, una vez que cerró, el conjunto “era ingestionable”, y que ahora ya tiene difícil (o imposible) solución. Pero reclama que, al menos, el edificio más ‘noble’ -el institucional- se rehabilite y se conserve “como memoria de lo que había allí”.

La Universidad Laboral cerró sus puertas en 1997. Aunque se detectó aluminosis, no hubo en su día voluntad para darle una segunda oportunidad. “Fue en una zona muy concreta, y ya se arregló. En los edificios grandes no parecía haber restos aluminosos”, señala el exsecretario general Luis Vecino, profesor de Historia del Arte. Tras cerrar, la ciudad ideal se convirtió en una especie de enorme trastero del Gobierno de Aragón. Distintos departamentos dejan allí parte de sus pertenencias -algunas ya casi inservibles- y de su archivo. Hasta sirvió de refugio durante varias décadas para la estatua ecuestre de Franco cuando salió de la Academia General Militar.

Ahora, el Gobierno de Aragón ha iniciado una enorme labor de estudio para ver “qué se puede tirar y qué se puede conservar”, señala Marta Aparicio, directora general de Patrimonio y Organización de la DGA. Se trata de una operación de traslado de grandes dimensiones, que acabará con todos estos objetos en un nuevo almacén que se levantará para que sirva de ‘almacén de Aragón’ en un polígono industrial de Zaragoza.

Estado actual de la Universidad Laboral Vírgen del Pilar de Zaragoza.
La directora general de Patrimonio, Marta Aparicio, en un pasillo de los archivos de la Laboral.
Guillermo Mestre

Cuando esto ocurra, y se firmen todos los permisos pertinentes, la ‘operación derribo’ de la Universidad Laboral estará en marcha. Será el final de una historia que comenzó hace poco más de medio siglo y que ha formado parte de la vida de miles de personas. “Esta semana estuve con un antiguo alumno. Ahora tiene 55 años y me reconoció como su profesor. Me dijo que pasa todos los días por Malpica para ir a trabajar, y que esta semana -cuando se conoció que se iba a derribar- se le saltaban las lágrimas en el coche. La Laboral provocó en nosotros un sentimiento emocional muy fuerte”, resume el exsecretario general Luis Vecino.

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