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Sueldos y jornadas de los camareros en Aragón: de la subida del convenio al pago en B

Los sindicatos piden salarios más altos y que se cumplan las condiciones, mientras los empresarios destacan que las nóminas han crecido "un 20%" desde 2008.

Un camarero atiende una mesa en una de las terrazas de la plaza de España, este jueves en Zaragoza.
Un camarero atiende una mesa en una de las terrazas de la plaza de España.
Oliver Duch

“La solución está en pagar más”. Esa es la salida que la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha sugerido esta semana ante el problema de la falta de camareros en España. La carencia de profesionales cualificados es una realidad también en Aragón, donde los empresarios se las ven y se las desean para completar sus plantillas. Y más ahora, en plena temporada de comuniones, en el inicio de la época de bodas y ante un verano que se prevé pleno de actividad.

Las condiciones laborales de los camareros han estado tradicionalmente en entredicho. Los salarios bajos y las jornadas inacabables han sido habituales, por lo que el prestigio de la profesión ha estado en cuestión. “La gente se lo toma como un sector de tránsito hacia un trabajo mejor. Si no se paga bien, seguirá siendo así”, señala Gerardo Montori, secretario de organización de CC.OO. Servicios Aragón.

El convenio provincial de hostelería de Zaragoza -con sueldos algo mejores que los de Huesca y Teruel- marca un salario base mensual bruto de entre 1.035 y 1.371 euros, dependiendo de la categoría del establecimiento, del nivel profesional del trabajador… Además, también contempla pluses por domingo y festivos (11,07 euros), paga de octubre (1.193 euros), gastos de transporte (90,42 euros), servicios extra (63,99 euros)… “No hay trienios, pero si llevas 20 años, suele haber gratificaciones”, asegura José María Marteles, presidente de la asociación Cafés y Bares de Zaragoza.

A su juicio, “el problema no es el dinero”. “Ha habido gente veterana que ha cambiado de profesión, pero ahora no los encuentras”, señala. En su opinión, el empresario “prefiere pagar 2.000 euros a alguien que sea profesional de verdad que 1.050 a uno que tienes que estar con él todo el día para enseñarle”. Para revertir esta situación, hay que apostar por "la formación" y, además, los negocios deberían intentar “dar más flexibilidad” a los trabajadores para garantizar una buena conciliación familiar, algo que -reconoce- es particularmente complicado en este sector. Sobre las condiciones de los trabajadores, es consciente de que “hay gente que dice que hace 70 horas a la semana en vez de 40”. No obstante, rebate que “con la demanda que hay de camareros, esas personas podrían buscar algo mejor”.

Por su parte, el presidente de la Confederación de Empresarios de Hostelería y Turismo de Aragón, Fernando Martín, apunta que las condiciones de estos profesionales “han mejorado de diez años a esta parte”. "Desde 2008, los sueldos han subido más de un 20%", asegura. Aunque admite que “piratas ha habido y habrá siempre”, cree que los casos de abusos laborales “son minoritarios”. Considera que el aumento de salarios “claro que sería una solución”, pero se pregunta si la gente “estaría a dispuesta a pagar los cafés a 5 euros o las cervezas a 7”. “Los salarios que marca el convenio están bien. Otra cosa es que haya gente que no los cumpla, como en todos lados”, apunta.

Sobre las condiciones laborales de los empleados y el exceso de horas, Martín señala que en la hostelería “los horarios a veces son difíciles de cumplir”. “Si organizas una boda y los novios llegan una hora tarde al banquete, todo se retrasa. ¿Qué haces entonces? ¿Los dejas sin el baile? Esto no es una empresa de producción que toca una sirena y vuelves al día siguiente, o con un cambio de turno. Aquí no se puede”, asegura.

Los pagos con dinero en B

Los sindicatos tienen una visión diferente. Tanto UGT como CC. OO. señalan a este sector como uno de los más incumplidores de los convenios colectivos. “Es un trabajo muy esclavo y sujeto a muchas variables, como las del dinero negro”, apunta Esteban Lauroba, secretario de Acción Sindical de la Federación de Servicios de UGT. “Hay bajos salarios y jornadas maratonianas sometidas a una alta presión”, denuncia. Además, también asegura que una práctica habitual es “contratar a tiempo parcial y obligar al trabajador a estar una jornada completa, o incluso más”.

Gerardo Montori (CC. OO.), por su parte, considera que tras el paso de la pandemia -este fue uno de los sectores que más ERTE tuvo que aplicar-, “se está volviendo a lo que ha sido la hostelería”: “Jornadas de 10 u 11 horas, muy por encima del máximo legal, en las que el trabajador solo cotiza por 6”. Además, denuncia que en muchas ocasiones “se dice al empleado cuál es su jornada para la semana el domingo por la noche”, lo que impide una adecuada conciliación familiar. 

Montori, no obstante, admite que “es cierto que la casuística es muy diferente dependiendo del tipo de empresa”, ya que habitualmente “las grandes cadenas tienen menos fraude que el típico restaurante o bar con seis trabajadores”. Por eso, pide mejores salarios y “más inspecciones” para controlar a los pequeños negocios, en los que “cosas como pedir una reducción de jornada para cuidado de hijo es inverosímil”.

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