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"En España, que te muerda una serpiente es muy difícil, y morirte por ello, rarísimo"

Con la llegada del buen tiempo, estos reptiles comienzan a dejarse ver en sus hábitats naturales. Los expertos aconsejan no molestarlas, y dan pautas para actuar si se sufre una mordedura.

Diferentes víboras y culebras que se pueden encontrar en Aragón.
Diferentes víboras y culebras que se pueden encontrar en Aragón.
CSIC

Hace apenas unos días, una ciudadana estadounidense fue mordida en una mano por una víbora cerca de la localidad navarra de Lintzoain. La mujer estaba realizando una etapa del Camino de Santiago cuando sufrió el incidente, tras lo cual se dirigió al pueblo y desde allí llamó a emergencias. 

De inmediato se alertó a un equipo médico, que la atendió en el lugar. Sin embargo, y aunque en el momento solo presentaba hinchazón en la zona afectada, la mujer fue evacuada en helicóptero al Hospital Universitario de Navarra, en Pamplona, para prestarle atención sanitaria especializada.

Todo quedó en un susto. Pero quedan en el aire algunas preguntas tras este suceso. ¿Son frecuentes las mordeduras de serpiente en España? ¿Son peligrosas? ¿Incluso letales? ¿Qué debo hacer si me pasa?

Ante todo, vaya por delante un mensaje de tranquilidad. En la península existen tres especies de víboras y varias de culebras, pero ninguna es tan peligrosa como para llegar a matar a un adulto sano. Más concretamente, en Aragón viven dos tipos de víboras venenosas de cierta importancia, la Vipera áspid y la Vipera latastei, y las serpientes que más comúnmente se suelen encontrar son la culebra de escalera y la culebra bastarda. También una totalmente inofensiva que se confunde habitualmente con las víboras, la culebra viperina, o Natrix maura.

“La más peligrosa es la víbora áspid, que vive sobre todo en la zona de los Pirineos, pero que sea la más peligrosa no quiere decir que sea superpeligrosa. Tenemos en la península varias especies de escorpiones o de ciempiés que pueden suponer un mayor riesgo para la salud de las personas, pero nadie tiene miedo de un ciempiés”, explica Carlos Vicente, experto en reptiles del Acuario de Zaragoza. En general, entre la población existe un gran desconocimiento de las serpientes que viven en la península Ibérica, de sus costumbres y sus hábitats. Y ello conlleva un miedo, quizá irracional pero no por ello menos sincero, a su sola presencia; sufrir una mordedura ya son palabras mayores en el nivel de recelo de los ciudadanos.

Mayo y junio, la época de mayor actividad

Con la llegada del calor, las serpientes despiertan de su letargo invernal, empiezan a salir de sus escondrijos y se desplazan más, sobre todo los machos, que buscan hembras para comenzar el cortejo y reproducirse. Por ello, es en esta época del año, mayo y junio, cuando más avistamientos pueden darse en sus zonas de influencia. “A veces recibimos llamadas de personas muy alteradas porque han visto un ejemplar y no saben qué hacer. La respuesta es nada. Si la serpiente corre peligro, sí hay que llevarla a un sitio seguro; si no, deja que se vaya, no la molestes”, indica Vicente. 

De hecho, explica este experto que la primera opción de una serpiente cuando se topa con un humano es huir, o quedarse quieta para pasar desapercibida. “Solo te muerde si la molestas: si la quieres coger, si te acercas para hacerle una foto, o con un palo para ahuyentarla o, peor aún, intentar matarla. Puede incluso que tú no la veas pero accidentalmente pases cerca, o te sientes en el suelo y la roces sin querer. El animal interpreta que corre peligro, se defiende y te muerde. Pero siempre será su segunda opción”, incide.

Las víboras y culebras más frecuentes en Aragón

Víbora áspid.
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Víbora áspid

Se trata de una serpiente de mediano tamaño (menor de 70 centímetros) y aspecto robusto, cola pequeña, cabeza de aspecto triangular y bien diferenciada del cuerpo, con el extremo del hocico ligeramente prominente y levantado, pero sin formar un apéndice, pupila vertical y patrón de coloración dorsal con un zigzag anguloso u ondulado o una línea vertebral con rayas transversales sobre fondo gris o pardo. ​En España, su presencia se restringe a la cordillera pirenaica, prácticamente toda la zona prepirenaica, desde Barcelona hasta el norte de Burgos, el valle del Ebro en sus tramos alto y medio, y el sistema Ibérico septentrional.

Vípera latastei.
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Víbora latastei

Se caracteriza por su cuerpo grueso y corto, cola pequeña, tamaño variable pero inferior a 60 centímetros, cabeza de aspecto triangular y bien diferenciada del cuerpo con un apéndice nasal elevado hacia arriba, escamas cefálicas muy fragmentadas, pupila vertical, y patrón de coloración dorsal generalmente con una banda negra en zigzag sobre fondo ceniciento. En la península Ibérica ocupa casi toda su extensión, faltando apenas en su extremo septentrional.

Culebra de escalera.
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Culebra de escalera

Su longitud media hocico-cloaca es de 720 milímetros (rango 233-1.385 milímetros), con cola relativamente corta. Cabeza algo pequeña, con hocico agudo, que sobrepasa el extremo anterior de la mandíbula. Tiene de media 27 rangos de escamas dorsales. Color de fondo amarillento, con diseño de manchas dorsales en escalera en los ejemplares pequeños, y dos líneas dorsolaterales en los de mayor tamaño. La longitud total máxima es de 1.650 milímetros. En la península Ibérica, su presencia se ajusta muy bien a los límites de la región Mediterránea. 

Culebra bastarda.
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Culebra bastarda

Cabeza alta, estrecha, con hocico agudo. Escamas supraoculares y borde superior agudo de las preoculares, de modo que forman a modo de una visera, bajo la cual quedaría el ojo protegido. En la cabeza la placa frontal es la mitad de ancha que las supraoculares y aparecen dos loreales a cada lado. En animales jóvenes y hembras, el diseño del cuerpo es un rico variegado de negros, blancos, grises y marrones, con un claro fin críptico. En machos adultos el diseño es uniforme, con un color de fondo entre marrón y verdoso, y una mancha negra en el dorso, detrás del cuello. Su longitud total máxima es de 2.290 milímetros. En la península Ibérica solo está ausente de la mayor parte de las dos provincias gallegas más septentrionales, Asturias, Cantabria y el País Vasco; en el resto está ampliamente repartida, excepto en las partes más altas de las montañas. 

Culebra viperina.
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Culebra viperina 

Serpiente de tamaño medio, cola corta y cabeza ensanchada y bien delimitada respecto al resto del cuerpo. Generalmente hay dos escamas preoculares y dos postoculares, 7 escamas supralabiales y 9 escamas infralabiales. Dorsales claramente carenadas. El diseño es muy llamativo pues se trata de una amplia banda en forma de zig zag que recorre todo el cuerpo en posición dorsal. Existe un patrón alternativo que consiste en dos líneas longitudinales y paralelas, de colores claros, de recorrido también dorsal. El diseño rayado es más frecuente hacia el sur de la península y la costa mediterránea, aunque poblaciones muy cercanas pueden tener frecuencias muy dispares. La coloración corporal de fondo es variable aunque destacan los tonos verdosos, pardos y oliváceos. El vientre es generalmente gris amarillento con manchas oscuras en forma de diseño ajedrezado. Las hembras son mayores pero la longitud de cola y el número de subcaudales son mayores en machos. Longitud total máxima en la Península Ibérica, 910 milímetros. En la península Ibérica su presencia es muy uniforme.

Una vez mordidos, ¿qué debemos hacer?

“Ante todo, conservar la calma y acudir al médico lo antes posible. Hay personas que sufren ataques de ansiedad o de pánico más peligrosos para su salud que la mordedura en sí misma”, ilustra Carlos Vicente. Es primordial identificar la especie de reptil, por lo que hacerle una foto tampoco está de más. Si el suceso ha tenido lugar en el campo, seguramente se trata de una especie autóctona, pero si ha ocurrido en un parque urbano cabe la posibilidad de que sea una especie exótica que se ha escapado de algún domicilio, y el protocolo sanitario de actuación sería en ese caso diferente. “En países como la India o Australia tienen que inyectarte un antiveneno diferente si el animal es una cobra, una serpiente de coral o una de cascabel, por ejemplo, pero en España el antídoto es el mismo para todas las especies que habitan naturalmente en la península: de ahí la importancia de determinar si el animal es autóctono o exótico”, explica el experto.

Los efectos de la mordedura de serpiente suelen ser leves, con inflamación de la zona mordida y dolor local. Sin embargo, pueden darse casos de sangrado, dificultad respiratoria, bajada de la tensión arterial, náuseas y vómitos, y dolor, entumecimiento y hormigueo en la zona afectada, así como decoloración de la piel.

En los hospitales tienen procedimientos de actuación para contrarrestar el efecto del veneno, pero no siempre es necesario hacer uso del antídoto, que a veces puede causar una reacción peor que la de lo que haya podido inocular el animal. Será el médico quien decida, en cada caso y en función de la evolución del paciente, si se inyecta este suero o no. 

En un adulto sano, es raro que la mordedura vaya más allá de unos días de molestias, pero se puede ser alérgico a los componentes del veneno y no saberlo, o ser una persona anciana o un niño pequeño, o estar inmunodeprimido, por lo que en estos casos el afectado sí requerirá de una observación médica más exhaustiva. “En España, que te muerda una serpiente es muy difícil, y morirte por ello, rarísimo”, asegura Carlos Vicente. El veneno que inoculan tiene una función digestiva, lo inyectan a sus presas cuando ya se las están tragando. Esto es, para que inyecten veneno tienen que ‘masticar’ un poco, “y es raro que a alguien le muerda una víbora y se deje masticar un rato por ella”, ironiza este experto.

¿Y qué no hacer?

Hay muchas leyendas urbanas y acciones más o menos heroicas que hemos visto en las películas. Eso de succionar el veneno de la herida, improvisar un torniquete o hacer un corte por encima de la zona afectada. ¡Si hasta Frank de la jungla lo recomendaba en su programa de televisión! Nada más alejado de la realidad. El veneno, una vez inyectado, pasa inmediatamente al torrente sanguíneo, con lo que intentar “estancarlo” en un solo punto no es útil en absoluto, e incluso puede provocar gangrena. Tampoco es aconsejable aplicar hielo ni tomar aspirinas o antiinflamatorios antes de acudir al médico "cuanto antes mejor -reconoce Vicente-, pero como las serpientes autóctonas no son muy venenosas, el margen de actuación es mayor que en otros países”.

Saber qué hacer si alguien se topa con alguno de estos reptiles también resulta muy útil a bomberos y fuerzas de seguridad, que frecuentemente son a quienes recurren los ciudadanos cuando avistan un ejemplar, sobre todo en las ciudades. Para ello, en el propio Acuario de la capital aragonesa organizan de vez en cuando cursos de manipulación de reptiles dirigidos a estos profesionales. "Ellos no son biólogos, ni tienen por qué saber qué tipo de animales son o cómo capturarlos. Necesitan una formación en procedimientos para no correr peligro", explica Carlos Vicente.

De hecho, hace un par de años, en agosto de 2020, se creó una sección específica en los Bomberos del Ayuntamiento de Zaragoza, la Unidad de Rescate y Recuperación Animal (URRA), esencial para llevar a cabo tareas relacionadas con la fauna, tanto doméstica como salvaje, y para proteger el medio ambiente. Javier Fernández Mora es el responsable de esta unidad, que en la actualidad consta de 15 miembros que sobre todo se dedican a la manipulación de colmenas de abejas y avispas, amén de captura de gatos salvajes y reptiles. Dice que agradecen estos cursos, que les ayudan a identificar y saber cómo enfrentarse a estos animales, y revela que también tienen apalabrado otro sobre el manejo y rescate de aves rapaces.

A todo esto, la ofidiofobia es el miedo a las serpientes. Quienes la padecen no solo sienten el miedo al exponerse a una serpiente real, también son presas del pánico al contemplar ejemplares de juguete o simplemente pensando en ellas. El experto del Acuario de Zaragoza, sin embargo, aprovecha para romper una lanza a favor de estos reptiles, "grandes controladores de plagas". "Nos hacen un favor inmenso, tanto a los agricultores en el campo como a quienes vivimos en las ciudades. Hay quien dice que tiene gatos para evitar a los ratones, pero son las culebras, así como las lechuzas, los grandes cazadores de estos roedores, también de los topillos. Nos beneficia que las serpientes vivan cerca de nosotros. La gente tiene miedo de que les entren en sus casas, pero eso pasa en países muy lejanos. Aquí, que ocurra eso es rarísimo", concluye Carlos Vicente.

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