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El papa Adriano VI se marchó "contento" de Zaragoza con reliquias de San Lamberto

Especialistas en la primera Edad Moderna analizan en un congreso en Unizar la figura del Pontífice, que visitó en 1522 la capital del reino de Aragón. Durante más de dos meses fue el centro de la Cristiandad.

Hernan Pizarro, izquierda, y Jaime Elipe, durante el congreso celebrado este martes en Zaragoza sobre la figura de Adriano VI.
Hernan Pizarro, izquierda, y Jaime Elipe, durante el congreso celebrado este martes en la Universidad de Zaragoza sobre la figura de Adriano VI.
Guillermo Mestre

Hay una vivienda en la ciudad de Utrecht, en el centro de los Países Bajos, que nunca fue habitada por la persona que la ideó. Se la conoce como la 'casa del Papa' y en la actualidad el gobierno provincial la dedica a todo tipo de actos. Se trata de la residencia que mandó construir Adriano VI, el Pontífice que pasó más de dos meses en Zaragoza en 1522, convirtiendo durante ese tiempo a la ciudad en el centro de la Cristiandad. 

"La encargó cuando estaba en España. Pensaba regresar a Utrecht, donde nació, a su jubilación como gobernador de Castilla, pero le llamaron de Roma y poco después moría", recuerda Raymond Faget, de la Universiteit Leiden y uno de los especialistas en la primera Edad Moderna que ha participado este martes en el congreso 'Zaragoza, corte pontificia. Adriano VI y la ciudad en 1522' -organizado dentro de las actividades del Grupo de Investigación de Referencia Blancas y coordinado por el aragonés Jaime Elipe, profesor de Historia en la Autónoma de Madrid-, que ha tenido lugar en la Universidad de Zaragoza. Su objetivo: arrojar luz sobre su figura y su estancia en la ciudad cuando se cumplen 500 años de tan histórica visita.

La carrera de Adriano de Utrecht (1459-1523) va ligada a la historia de Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, del que fue su maestro en su juventud cuando era príncipe. A su servicio fue deán de Lovaina, embajador de España, obispo de Tortosa, cardenal, inquisitor general y gobernador de Castilla. Su ascenso al solio pontificio lo conoció en Vitoria, donde estaba preparando la defensa del reino de Navarra ante una "hipotética invasión francesa". "Fue elegido Papa en un cónclave muy difícil y al final se optó por un candidato de consenso. Era un hombre devoto (educado en el movimiento espiritual 'devotio moderna'), culto y que fue considerado siempre extranjero", apunta Fermín Labarga, de la Universidad de Navarra.

Desde el 5 de febrero de 1522, en el que tuvo noticia de su elección, Adriano VI emprendería un periplo de seis meses, hasta llegar a Roma en un viaje por mar "accidentado", jalonado de paradas: Logroño, Tudela, Mallén, Pedrola, Zaragoza, Caspe, Fabara, Tortosa... "En Zaragoza es donde estuvo más tiempo. Era la capital del reino de Aragón y se había reunido mucha gente para esperarle. En aquel momento nadie conocía ni había visto a un Papa y atrajo verdaderas multitudes en todos los sitios del camino. Era un acontecimiento y todo el mundo tenía mucho interés en agasajarle", explica Labarga, quien resalta que su breve pontificado (murió al año) le impidió poner en marcha una serie de medidas. "Quería introducir una reforma de la Curia, sobre todo de una mayor austeridad, e intentar frenar la reforma protestante".

En Zaragoza permaneció del 22 de marzo al 11 de junio y en ese tiempo promulgó las reglas de Cancillería y la bula 'omnímoda'. "Esta última, clave para la evangelización de las Américas y por la que el rey puede nombrar misioneros", informa Eliseo Serrano, de Unizar, que ha avanzado que la Facultad de Filosofía y Letras tiene previsto organizar visitas al palacio de la Aljafería, a la iglesia de Santa Engracia y la plaza del Pilar, lugares en los que estuvo Adriano VI durante su estancia.

Entre lo festivo y lo devocional

Su llegada fue un acontecimiento extraordinario, en el que se tiró 'la casa por la ventana', tal y como afirma Jesús Criado, profesor titular del campus público aragonés. "Es una visita que gira entre lo festivo y lo devocional. El concejo organizó una procesión casi excepcional, similar a la que se organizaba el día del Corpus, para recibirlo en la puerta del Portillo y acompañarlo hasta La Seo. Asistieron todas las cofradías, todas las parroquias y conventos con sus cruces... La documentación dice que también se sacaron todas las cabezas, es decir, todos los bustos reliquiarios que había en la ciudad. De la Zaragoza que recorre sabemos poco porque a los cronistas les interesan más los hechos políticos y religiosos", explica.

Lo que se conoce es que se instaló en la Aljafería (entonces, sede de la inquisición) y que desde la torre del Trovador dio la bendición a toda la ciudad. Y también que estuvo alojado en Santa Engracia unos días. "Seguramente del 16 al 21 de abril de 1522; celebró la Semana Santa con los religiosos de la casa porque quedó muy satisfecho con el obsequio que le hicieron unos días antes. Parece ser que el mismo día de la entrada a Zaragoza pasó por el Monasterio de Santa Engracia; ya antes de venir había mostrado su interés por disponer de reliquias de San Lamberto de Zaragoza. La comunidad lo atendió a la entrada y quedaron otro día para que pudiera bajar a la cripta y venerar las reliquias de San Lamberto, lo que sucedió después. La ciudad, que era la propietaria de las reliquias, cedió unas pocas al Papa en una cajita de plata, que se llevó muy contento. Actualmente no se sabe qué ha podido ser de ella", explica Criado.

Catedral de La Seo y retrato del papa Adriano VI
Catedral de La Seo y retrato del papa Adriano VI
HA

No obstante, este profesor de Unizar considera que el Pontífice tuvo que ver más cosas de Zaragoza, aunque no haya quedado registrado. "Tuvo que ir al Pilar donde se conservaba la reliquia más importante del reino, que era el sagrado pilar que la Virgen había encomendado a Santiago para que construyera una iglesia en su honor, en torno a él. Según la tradición de ese momento, era la iglesia dedicada a la Virgen más antigua de la Cristiandad, incluso más antigua que Santa María la Mayor de Roma. Y con algunas se tuvo que encontrar de camino al Monasterio de Santa Engracia. Tuvo que pasar por lo que es hoy la plaza de España, ahí estaba la Cruz del Coso. Era otro punto caliente desde el punto de vista religioso de la ciudad", apunta Jesús Criado.

"Tuvo que ir al Pilar y pasar por la Cruz del Coso en su camino al Monasterio de Santa Engracia"

Por su parte, Fagel hace hincapié en que a través de las más de cien cartas, que se conservan, de Adriano de Ultrech a Carlos V se pone de manifiesto que era "un político" que conocía la situación de España y tenía una visión de la política en general. "Todo el mundo lo ve como alguien blando, que no sabía de las cosas. Yo digo que es un político, que conocía perfectamente lo que hacía; a través de sus ojos podemos ver toda la rebelión de los comuneros y conocer lo que era la política del siglo XVI", dice.

Mientras, Henar Pizarro, de la Universidad Pontificia de Comillas, lo describe como un hombre de paz y de mediación. "Se puso al frente de la inquisición española en un momento que va a marcar un cambio dentro de la propia institución. Va a comenzar a perseguir al humanismo más crítico, de cuño erasmista. Y la institución inquisitorial es mucho menos agresiva hacia el conjunto de la sociedad", sostiene.

Elipe, que ha hecho un repaso de la situación política en Aragón a principios del siglo XVI, señala de Adriano VI su carácter austero, sobrio y "consistente" en lo espiritual. "A la muerte de Fernando el Católico, en 1516, se produce un cambio muy importante. Hasta buena parte del siglo XV y principios del XVI, los principales cargos políticos y, sobre todo, dentro de la Iglesia los habían ocupado familiares del rey de Aragón. A su muerte se trastoca todo ese tablero político y Carlos V lo que hace es repartir todos esos puestos de forma distinta para crearse una base de poder, premiando a otras gentes de su confianza (nobles, personas bien posicionadas en la corte...)", informa.

En el congreso también han participado este martes Juan M. Carretero, de la Universidad Complutense de Madrid, que ha hablado del Ducado de Borgoña; y Álvaro Fernández de Córdova, de la Universidad de Navarra, quien ha disertado del 'Papado ante el conflicto hispano-francés'. Una jornada con la que se ha querido suscitar la curiosidad entre los ciudadanos ante una visita excepcional. De hecho, desde 1522 solo otro papa, Juan Pablo II, se ha acercado hasta Zaragoza.

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