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De Zaragoza a Santa Cruz de la Serós para 'embarrarse' en arte

José Miguel Castejón lleva desde el año 92 afincado en Santa Cruz de la Serós con su taller de cerámica. Es natural de Zaragoza y anteriormente fue electricista pero la artesanía es su vocación.

José Miguel Castejón en su taller de cerámica de Santa Cruz de la Serós.
José Miguel Castejón en su taller de cerámica de Santa Cruz de la Serós.
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Embarrarte es el nombre del taller de cerámica que José Miguel Castejón tiene en Santa Cruz de la Serós, junto al monasterio de San Juan de la Peña, en La Jacetania. Él es natural de Zaragoza y en tiempos fue electricista pero desde hace 30 años su vocación es la de artesano. 

“Cuando toqué el barro por primera vez en los talleres de Zaragoza me gustó tanto que ya no lo he podido dejar”, asegura. Después de ese flechazo, un jovencísimo José Miguel, que por aquel entonces tenía 22 años, se formó en esta labor con el maestro Francisco Buetas, en un taller de Naval donde la única luz con la que trabajaban era la que entraba por la ventana.

Cuatro años más tarde, con 26 y prácticamente con lo puesto, este apasionado de la montaña y del Pirineo decidió establecer su nuevo domicilio en Santa Cruz de la Serós, donde vivía un amigo suyo. “Fue una decisión entre la coincidencia y la premeditación porque vivir en el Pirineo, en plena naturaleza, y tener mi propio taller de cerámica siempre había sido mi sueño. Y así me vine, con todo el ímpetu del mundo y sin pensar en nada más”. Ahora tiene 58 primaveras y sigue ahí, vendiendo sus piezas de cerámica tanto a los vecinos de la comarca como a los muchos turistas que pasan por allí, atraídos, sobre todo, por el monasterio de San Juan de la Peña.

"Cuando toqué el barro por primera vez en los talleres de Zaragoza me gustó tanto que ya no lo he podido dejar"

En estas tres décadas, José Miguel ha pasado por varias crisis económicas y también vio cómo su negocio se veía afectado por la terrible inundación del camping de Biescas. El último contratiempo que le ha tocado vivir es la pandemia y asegura haber sacado una lección importante: “Ahora no pienso mucho en el futuro, sólo en el presente, en ser feliz hoy, y mañana ya veremos”. Reconoce que ha sido una vivencia extraña y única, tanto en lo laboral como en lo personal, que le ha hecho cuestionarse muchas cosas. 

En lo económico, el primer año de la covid-19 fue complicado. “No llegué ni al 50% de las ventas de 2019, que era cuando estábamos casi superando la crisis del 2008. Para sobrellevar ese batacazo con la incertidumbre de no saber qué iba a pasar había que estar mentalmente muy positivo”, reconoce. Él lo estuvo y, gracias a alguna ayuda económica a la que pudo optar como autónomo y a los ahorros hizo frente a unos gastos mensuales que rondan los 2.000 euros mensuales en su caso. “Tampoco lo pasé muy mal porque al menos estaba vivo, cuando tanta gente estaba muriendo”, reflexiona.

Tras aquel 2020 para olvidar, 2021 no tuvo nada que ver. De hecho, José Miguel casi se vio sobrepasado por la situación. “No me preparé pensando que no se iba a vender casi y en cuanto abrimos fue de órdago, con cifras de batir récords. En los meses de julio y agosto tuve que trabajar 16 horas diarias para poder fabricar piezas a tiempo y hacer frente a la demanda de tanto turista”, recuerda. Su temporada alta va desde Semana Santa hasta noviembre, más o menos, y en enero, febrero y marzo, la tienda está cerrada mientras él se dedica a producir en el taller. En pleno verano, cuando más turistas hay, José Miguel hace el agosto, literalmente. “Las ventas son como dos o tres veces más que las de un mes de primavera”. 

"No me preparé pensando que no se iba a vender casi y en cuanto abrimos fue de órdago, con cifras de batir récords"

De la decoración al utilitario

En los 30 años que este alfarero lleva dedicado a la cerámica en Santa Cruz de la Serós las tendencias han cambiado y, con ellas, los gustos del cliente y su demanda. “En los 90, cuando yo empecé, se vendía mucho más producto decorativo y ahora es todo lo contrario. Se busca lo utilitario, cosas que se vayan a usar en casa y que, además, tengan el valor añadido de que están hechas a mano, de forma artesanal, y por una persona a la que pones cara”, explica José Miguel. 

Él solo lleva todo este tiempo trabajando en su taller, ubicado en lo que antes había sido una cuadra. “Los primeros meses del año que llegué, trabajé en la construcción, rehabilitando bordas. En cuanto pude, alquilé una casa con una cuadra y la acondicioné para habilitar en ella el taller. Entonces no había ayudas y no se apoyaba tanto a los que nos veníamos al medio rural”. Tanto tiempo después ya es uno más en el pueblo y reconoce que la acogida fue muy buena desde el primer momento.

Entre sus creaciones, además de las piezas de vajilla, que es lo que más vende en la tienda, también hay placas con nombres de calles y otras cosas por encargo. Lo más habitual es que el cliente pase por su establecimiento, que está en el mismo espacio que el taller (plaza Mayor, 8), y compre directamente allí. Pero también ha elaborado pedidos especiales, como una vajilla que le encargó un joven aragonés pero residente en aquel momento en Singapur. “Su hermana estaba de turismo por la zona y me conoció. Habló con él de lo que yo hacía y mediante vídeos y hablando por whatsapp fui elaborando lo que me pidió. Tiempo después, cuando regresó a España, pasó por aquí, nos conocimos y se llevó su vajilla. Quedó encantado”, relata José Miguel. 

Su forma de trabajar es muy artesanal, empleando las técnicas de torno en el 90% de su trabajo, como lo han hecho los alfareros de toda la vida. “Lo único que ha cambiado es que ahora el torno es eléctrico y que tengo luz artificial”, apunta. Así, elaborar cada pieza, por ejemplo una jarra, le lleva entre 45 minutos y una hora de tiempo. “Hay que desarrollar unos nueve procesos cortos, de entre tres y cinco minutos cada uno, pero al final, acumulados, llevan un rato”. La materia prima que emplea es barro rojo y esmalte blanco con cobalto, que da una tonalidad azul y cuece en horno a 1.040 grados.

Uno de los últimos éxitos de José Miguel es la olla jacetana, un recipiente elaborado por él que se emplea en más de 40 restaurantes de La Jacetania para servir una serie de platos de puchero. Los motivos decorativos, tanto de la sopera como del plato en el que se sirve, son el ajedrezado jaqués, como muestra del patrimonio cultural jacetano; una exafolia, que simboliza la mitología pirenaica; y el propio nombre de Olla Jacetana. Los colores son el azul y el blanco, como la vajilla que existía en el monasterio de San Juan de la Peña. Gracias a esta creación, muchos turistas lo han conocido y han pasado después por la tienda para comprar su propia olla y llevársela a casa.

Muchas de estas personas fueron en su momento un turista puntual pero, desde que conocen su trabajo, se han convertido en clientes recurrentes que cada año, cuando están en la zona, acuden a Embarrarte en busca de una nueva pieza para su vajilla. Además, para romper con las fronteras y las limitaciones, sus creaciones se podrán comprar pronto a través de internet, en su propia web (ahora en construcción) y en dos marketplaces que también están en camino. 

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