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Ucranianos en Utrillas: una nueva vida cuando la guerra trunca todos los planes de futuro

Tras varias semanas en tierras aragonesas, las familias ucranianas que siguen residiendo en la Comunidad rehacen su vida y sus sueños con la vista puesta en su país.

Vitalic y Diana, sus hijos, la madre de ella y dos profesores de español, en el albergue de Utrillas.
Vitalic y Diana, sus hijos, la madre de ella y dos profesores de español, en el albergue de Utrillas.
H. A.

De los 33 ucranianos que llegaron a Utrillas en un autobús fletado por el Ayuntamiento a los pocos días de que estallara el conflicto solo 13 permanecen en el centro de acogida de la localidad turolense, ahora dirigido por Cruz Roja. El resto se han trasladado a Logroño, Zaragoza, provincias de Andalucía y Lisboa (Portugal), donde tienen familiares o amigos compatriotas. No obstante, en las últimas semanas han llegado alrededor de 20 personas más, por lo que el albergue de la localidad minera suma actualmente 39 refugiados.

Quienes se han quedado dedican buena parte de su tiempo a aprender español con la ayuda de profesores voluntarios. También les gusta practicar deporte en las instalaciones municipales para distraerse y estar en buena forma, a la espera, en el caso de los adultos, de encontrar trabajo.

El alcalde de Utrillas, Joaquín Moreno, destaca que los recién llegados pasean por la localidad, acuden a las verbenas que ya empiezan a celebrarse con la llegada del buen tiempo y la progresiva superación de la pandemia y, estos días, contemplan las procesiones de la Semana Santa. "Son unos vecinos más entre nosotros, pasan desapercibidos", dice Moreno. Los niños, diez en total, están escolarizados y juegan con el resto de los pequeños de la localidad.

Una de las refugiadas, Elvira, que domina el castellano, ya ha encontrado trabajo en el sector de la hostelería. Los demás esperan conseguirlo pronto, después de que dos empresas hayan realizado entrevistas a los interesados. También ayuntamientos de la zona les han ofrecido una oportunidad, pero el apoyo que reciben de Cruz Roja les inclina a permanecer en Utrillas.

Según el alcalde, los ucranianos están avanzando muy rápido en el conocimiento de la lengua española, sobre todo los niños y los jóvenes, "que empiezan a hablarlo ya muy bien". El pueblo se ha volcado con ellos. Una vecina con formación en el lenguaje de signos está ayudando a Vitalic y Diana, ambos sordos y padres de dos niños de corta edad. Varias familias de Utrillas están dispuestas a acoger a los refugiados en su propia casa o a prestarles viviendas ahora en desuso, pero los recién llegados no quieren correr para dar ese paso, conscientes de las dificultades que pueden encontrar al independizarse del albergue sin hablar bien español.

De Peralta al resto de España

Peralta de la Sal fue parada y fonda de casi 40 mujeres y niños desplazados que llegaron el 7 de marzo en un convoy solidario impulsado desde Binéfar, aunque todos acabaron partiendo hacia nuevos destinos donde contaban con familiares o amigos. Tarragona fue uno al que terminaron viajando muchos. "Ahora mismo, en el albergue de los padres Escolapios están hablando para llegar a un acuerdo con la organización Accem. Hay unas ocho o diez familias de mujeres y niños de hasta 14 años que han ido llegando en las últimas semanas", explica Francisco José Llop, consejero de servicios sociales de la comarca de La Litera. "Las puertas de los Escolapios siguen abiertas, tienen experiencia en trabajar y tratar este tipo de situaciones de emergencia", subraya.

Ahora, los refugiados van llegando "de forma más organizada" y, en su opinión, con "la intención de quedarse en la zona siempre que a medio plazo puedan encontrar una estabilidad y vivir de forma autónoma". Sus corazones siguen estando a 3.000 kilómetros de aquí, y muchos consultan a diario en el móvil la aplicación que les alerta de los bombardeos. Según Llop, las mujeres "tienen experiencia laboral y formación", pero el desconocimiento del español es "un hándicap" para poder empezar a hablar de posibles contrataciones. No obstante, a su parecer un impedimento añadido será el alojamiento: "Hoy por hoy es complicado encontrar una vivienda familiar".

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