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Apoyo emocional entre cuidadores para superar situaciones delicadas

Los hogares de mayores organizan reuniones grupales destinadas a personas que se dedican a cuidar a familiares para que encuentren un apoyo emocional y social.

De izquierda a derecha, Mikaela, Aurora Chacón, Rosa Sanz y Ángel Ruiz, en una reunión grupal.
De izquierda a derecha, Mikaela, Aurora Chacón, Rosa Sanz y Ángel Ruiz, en una reunión grupal.
Guillermo Mestre

"Al principio me daba vergüenza contar lo que me pasaba. Poco a poco, cuando te das cuenta que a todos nos sucede algo similar, te abres a explicar tu situación. Yo he contado cosas que no había dicho antes y que no imaginaba contar nunca". Son las palabras de Rosa Sanz -de 68 años-, que cuidó en su casa "durante mucho tiempo" a su madre, que ahora tiene 95 años y sufre demencia. Sanz es una de los 3.267 cuidadores no profesionales de Aragón que se han unido al programa ‘Cuidarte’. Consiste en participar en sesiones de grupo que se centran principalmente en trabajar la autoestima, las necesidades personales y el duelo, entre otras cuestiones. En concreto, hay 56 espacios donde se desarrolla el programa entre centros del IASS (Instituto Aragonés de Servicios Sociales) del Gobierno de Aragón, Servicios Sociales Comarcales y Entidades del Tercer Sector y 69 profesionales que implementan el programa.

Aurora Chacón es la trabajadora social del hogar de San José, donde acude Rosa Sanz a las reuniones de grupo. "Adquieren habilidades para cuidarse mejor ellos mismos y así mejorar su bienestar y el de las personas a las que están cuidando", asegura Chacón.

Gracias a estos grupos de apoyo, Sanz se dio cuenta de que necesitaba ayuda. "Estoy muy feliz de participar en estas sesiones porque he aprendido muchas cosas a nivel emocional y he aceptado lo que tengo y ahora sé que hay que seguir adelante", sostiene. Con ella, acude a este grupo Ángel Ruiz -de 81 años-. Es el segundo año que participa en este curso que tiene una duración de diez sesiones que se extienden durante dos horas, una vez a a la semana. "Un día me llamó Aurora -la trabajadora social- y me dijo que me vendría bien acudir a estas reuniones. Me di cuenta que no estaba solo ya que muchos están en la misma situación que yo. Bueno, cada uno con su circunstancia particular", relata. La mujer de Ruiz sufre alzhéimer desde hace 6 años. Ahora está ingresada en una residencia pero durante un tiempo, su marido, con la ayuda de algunas profesionales, se encargó de sus cuidados. "Ahora estoy más tranquilo porque sé que la tratan bien. Aún así se me parte el corazón verla enferma. Al final, llevo 60 años con ella y ha sido la única mujer para mí", aclaró. Ruiz ha encontrado en las reuniones un lugar donde desahogarse, sentirse comprendido y apoyarse en otros compañeros que sufren la misma situación. "Voy a verla todos los días. Según la miro a los ojos veo si está mejor o peor. Ella es incapaz de mantener una conversación fluida y eso es muy duro", apunta.

Mikaela tiene 73 años y compartió experiencia con Sanz y Ruiz en el centro de San José. "Para mi las sesiones marcaron un antes y un después en mi vida como cuidadora", asegura. Ella se veía capaz de encargarse de "todo". "Lo primero que aprendí es que tenemos que sacar tiempo para cuidarnos nosotros mismos. Si nosotros no estamos bien no podemos cuidar al enfermo. Y yo no estaba bien", recuerda emocionada. Su marido sufre hidrocefalia, una enfermedad degenerativa y cada día es "más dependiente". "Aurora -la trabajadora social- me hizo ver que yo necesitaba ayuda. Yo me encargaba de todas las labores y me costó entender que no podía ser así. Aunque creía que podía con todo, la realidad no era esa", recuerda. Ahora tiene la ayuda de una profesional en casa. Poder contar sus vivencias le sirve de "consuelo". "Yo se lo recomiendo a todos los cuidadores. Es una experiencia muy enriquecedora y te sientes tan comprendido...", afirma.

El acceso al programa

"Al tener una atención social en el barrio, ellos acuden a mi para preguntarme ciertas cuestiones y realizar algunas gestiones. Si veo a alguien que está sobrecargado emocionalmente, le animo a que venga", explica Aurora Chacón. A este programa se puede acceder solicitándolo directamente en los hogares de mayores y a través de la web del IASS. "Los primeros años nos costaba llenar los grupos, pero ahora sucede lo contrario. Hay más demanda", añade. Son los propios cuidadores los que recomiendan a sus amigos y conocidos que acudan a las sesiones si les sobrepasa el cuidado de un familiar.

La confidencialidad es la ‘ley máxima’ que se impone en estos espacios grupales. Es la mejor manera de que los cuidadores, que mayoritariamente están jubilados, estén seguros y se vean capaces de contar lo que les preocupa.

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