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aragoneses extraordinarios

Helena Castillo: "Fui nadadora, soy payasa y me hubiera gustado ser científica"

Cofundadora de la compañía teatral Facultad Mermada, dramaturga y actriz especializada en la comedia y el clown, esta técnica municipal de gestión deportiva canaliza sus energías a diario en diferentes niveles. 

Helena Castillo, caracterizada parcialmente como Aspasia, su personaje cómico predilecto sobre las tablas.
Helena Castillo, caracterizada parcialmente como Aspasia, su personaje cómico predilecto sobre las tablas.
Guillermo Mestre

Helena Castillo lleva 48 de sus 55 años de vida en Zaragoza. Por arraigo, recuerdos infantiles y un poquillo de acento, no tiene siquiera que reclamar el título de aragonesa honorífica. Nadadora de impacto nacional en sus años adolescentes, ha consagrado su vida profesional a la gestión deportiva; paralelamente, se ha prodigado en las artes escénicas como actriz, productora y empresaria, y presume de su condición de payasa. Todo eso en una sola vida, con la energía y disciplina almacenada en el cuerpo desde sus años competitivos y una singular alegría de vivir como impulso y aderezo.

“Al agua me tiré muy pronto, tenía meses. Eso sí, el deportista vocacional era mi padre, y el que primero empezó, mi hermano, que también fue nadador, y mejor que yo: llegó a tener mínima olímpica. Los efectos de la ley Elola Olaso se notaban en la educación española desde que se promulgó, a principios de los 60, y mi padre estaba convencido de que nadar tenía todas las virtudes para el desarrollo infantil. A mí me gustaba más bailar, pero no hubo alternativa; empezamos en Albacete y cuando llegamos a Zaragoza, al estar en Helios la única piscina cubierta de entonces, para allá fuimos. Ahí crecí como deportista”.

Helena pasó por el Centro Nacional de Natación en Izarra (Álava) entre los 12 a los 15 años, con una breve estancia en Cerrado de Calderón (Málaga) a final del tercer año, en un nuevo Centro que suplió al vasco. “Allá estaban futuros nadadores olímpicos como Kimbo Vallejo, Ramón Lavín que estuvo en Moscú y murió en accidente bastante joven, o Ricardo Aldabe que fue finalista en los juegos de Los Ángeles; en chicas estaba Pilar Mañes, que era buenísima y nadaba 400 y 800 como yo, además de Natalia Autric… éramos chiquillos entonces. Tras pasar por Málaga, ya volví a Zaragoza”.

Helena coleccionó títulos regionales en diferentes distancias y estilos, incluyendo las combinadas, con la excepción de la braza. “Mi ídola en Zaragoza era Pilar Tejel, compañera en Helios; también Julia López-Zubero, la primera española que bajó del minuto en el 100, que vivía fuera y venía a entrenar de vez en cuando aquí, sus hermanos fueron medallistas olímpicos y son de sobra conocidos. Yo tenía buen fondo: en el ocho solía hacer el segundo 400 más rápido que el primero”.

Algunas de las medallas de natación obtenidas por Helena en sus años competitivos.
Algunas de las medallas de natación obtenidas por Helena en sus años competitivos.
G. Mestre

En los escenarios aún no es fondista, pero sí en la gestión deportiva. “Llevo como jefa de complejo deportivo cuatro años, actualmente me encargo del Gran Vía, el Perico Fernández o antiguo Salduba y el pabellón Cesaraugusto de la calle Asín y Palacios. Anteriormente dirigí en Peñaflor-Montañana, pasé por La Granja como técnico de gestión… llevo trabajando en el Ayuntamiento desde 1986, cuando empecé como socorrista; ya había dado clases de natación mientras estudiaba la carrera de Veterinaria, que acabé y en la que me doctoré pero que no he ejercido. Después de ser socorrista fui operaria de mantenimiento de las instalaciones, luego gané la oposición de maestra de oficios de instalaciones deportivas y finalmente, jefa de complejo”.

… y salió la payasa

Helena siempre supo que quería gestionar sus emociones a través del arte, incluso cuando aún no podía articular ese propósito en forma de concepto, por su temprana edad. “Supongo que desde pequeñita me salía lo de la expresión artística, me encantaba, era un juego. Haciendo mi tesis doctoral empecé a aprender baile africano, luego danza española, flamenco, jota con Berna… un día, el socio de un primo albaceteño, que tenía compañía de teatro y había trabajado con José Luis Cuerda, me sugirió que probase a hacer teatro para ‘vivir otras vidas’. Hice un curso en la Universidad Popular, nos juntamos un grupo para hacer obras, probé con el clown y ahí disfruté de verdad, aunque me tocaba la moral el hecho de que nadie se reía cuando yo salía a escena”.

Helena aprendió la técnica del clown, que califica de curativa, y las risas afloraron; ya no se han ido. “Después de años preparándome, el maestro belga Gromic me dijo que ya iba siendo hora de enfrentarme a un público de gente no conocida; él vive en Barcelona, y sí trabaja para público familiar. El clown que hago es para adultos, necesito hablarle a un público que asimile cuestiones sociales más allá del chiste sin más; me gusta trabajar en casa, porque el público en Zaragoza es justo, y cuando te brindan su apoyo sabes que puedes desenvolverte en cualquier parte”.

Algunas de las máscaras empleadas en los espectáculos de la compañía Facultad Mermada.
Algunas de las máscaras empleadas en los espectáculos de la compañía Facultad Mermada.
G. Mestre

‘Cosmoagonías’ (2015) fue el primer montaje de la compañía Facultad Mermada (facultadmermada.com), que lleva Helena junto a su pareja, el dramaturgo Sergio Plou. “En un libro hallé una reflexión acerca de lo necesaria que era una cosmogonía moderna basada en hechos científicos, más allá de la derivadas de creencias, y le di forma a esta idea en hora y cuarto de espectáculo. De ahí pensamos en hacer algo lorquiano, pero acabamos haciendo una especie de ‘Cinco horas con Mario’ que llamamos ‘No somos ná’, que abunda en la semilla del patriarcado y el machismo, aunque no es una reflexión panfletaria”.

El montaje ‘Pasar por el aro’ mezclaba los dos mundos de Helena: el deporte y la dramaturgia. “Aquí entran en escena mi albornoz del Centro de Alto Rendimiento, las medallas, unas gafas de natación muy especiales… se analiza el cambio del cuerpo con la edad, los achaques, los imperativos sociales sobre la figura… recordamos además a una serie de mujeres deportistas de los años de la III República, que fueron borradas de los libros de historia y podían haber sido olímpicas en Berlín en el 36 si no hubiera estallado la guerra civil: Margot Moles fue la más popular: acabó participando en los Juegos de Invierno como esquiadora, pero también destacaba en atletismo, natación y hockey”.

Helena tiene infinidad de reconocimientos en campeonatos regionales como nadadora, y ha mostrado su talento en otras plazas. “Casi todas son de plata y de bronce -sonríe- pero sí es cierto que llegaron en muchas pruebas distintas: 100 y 200 espalda, 200 y 400 estilos y 400 y 800 libres, mis pruebas favoritas. Batí un récord de España alevín, y un año gané el trofeo a la nadadora más completa de España en menores de 14 años. También nadé una Copa Seis Naciones en Bélgica, otra en Bremen (Alemania) y un triangular en Francia, en Lille; de ahí recuerdo una piscina espectacular. Y tengo un oro en 200 espalda en los Juegos de la (Federación Internacional del Deporte Escolar Católico (Fisec), que conseguí en Milán. Eso sí, los dos trofeos a los que tengo más cariño son el Marqués de la Figuera y el Manuel Molinero. Son recuerdos muy bonitos”.

"Con el clown aprendes a saber quién eres, entiendes que tienes el cuerpo que tienes y debes vivir con él, cuidarlo y disfrutarlo"

Los entrenamientos juveniles de Elena eran espartanos. Miles y miles de metros semanales, más la preparación física y sin descuidar los estudios. “Y sin calentar ni estirar adecuadamente, muchos estamos fastidiados de la espalda ahora -señala- porque la preparación ha cambiado bastante. Curiosamente, con el clown he canalizado también eso; aprendes a saber quién eres, entiendes que tienes el cuerpo que tienes y debes vivir con él, cuidarlo y disfrutarlo, quererte, poner ganas y pasión para ir siempre un poco más allá. Aquí en nuestro espacio doy clases y también las recibo; aprendí mucho de Alfonso Pablo, por ejemplo, y aprendo de David Ardid; tuve la suerte de trabajar también con Pep Vila, de Els Joglars,… y con Sergio Plou, dramaturgo y crítico literario, productor, distribuidor y la persona con la que comparto la vida, nos complementamos muy bien”.

La payasa y nadadora se congratula de tener esa doble aproximación a lo cotidiano. “El trabajo y la disciplina del deporte me templan y me ayudan a afrontar los retos, el baile flamenco me enciende y emociona, canto con la ucraniana Yelena Panasyuk que es una genia... y el clown me lleva más allá, trabajas con un personaje que se parece tanto a ti... me vacía emocionalmente, y me llena muchísimo al mismo tiempo. Por las mañanas trabajo en la gestión deportiva y lo que gano lo invierto en todas estas ilusiones”.

En su local de la calle Monasterio de Poblet, donde ensayan muchos días esos ‘oregoneses’ de la comedia “que son unos fenómenos -afirma Helena, con brillo cómplice en los ojos-, porque siguen con la ilusión del primer día”, Helena Castillo mira al futuro inmediato con optimismo. Para lucir sonrisa no le hace falta payasear ni maquillarse: la lleva ya puesta.

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