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Jerónimo Ors: "Tu piel eres tú y tus circunstancias"

El farmacéutico zaragozano Jerónimo Ors, de la veterana marca aragonesa Paquita Ors, explica las cuestiones que hay que tener en cuenta en esta época del año para que la epidermis luzca sana y bonita en el buen tiempo. 

Cuando llega la primavera quien más quien menos se prepara para la operación bikini o se lamenta del color blanco de su piel. ¿Pero hace falta una operación bikini para la piel? Jerónimo Ors cree que sí. Y lo dice con la experiencia que le avala en sus ya muchos años al frente de la firma cosmética aragonesa Paquita Ors. En este tiempo, su labor ha ayudado a que caigan muchos mitos en torno al cuidado dermocosmético. Y también ha potenciado nuevas rutinas que tienen que ver más con la salud que con la belleza. En este sentido, la primavera es una de los momentos del año en el que la piel debe prepararse ante el buen tiempo y el gran enemigo de la epidermis: el sol.

"Si la primavera la sangre altera, la piel mucho más", asegura Ors, quien recuerda que la piel es el órgano de contacto con el medio ambiente, actúa como filtro y a la vez es vehículo para eliminar toxinas. En la primavera, además ,empieza a haber alérgenos y se está en contacto con sustancias menos habituales, que alteran la piel y el cuerpo, lo que comúnmente se conoce como la astenia primaveral. "La piel también la sufre -avisa Ors-, va más lenta, se encuentra más cansada y envejecida. Por otro lado se vuelve más reactiva, por lo que salen rojeces o granitos que nos avisan. Y eso es lo bonito de la piel, que nos dice: 'Oye, lleva cuidado, que no estoy bien'".

¿Y entonces qué hacemos?

Cuando la piel empieza a ir por el mal camino hay que prestarle atención. Actualmente, nosotros apostamos por las cremas calmantes, cremas que tranquilicen la piel. En Aragón hay muchos productos adecuados para ello, como la caléndula, la malva. Estas plantas son ricas en mucílagos que hacen un guante invisible que protege la piel. Nos hemos dado cuenta de que durante décadas nos hemos dedicado a acelerar la piel, pero en muchos casos lo que hay que hacer es lo contrario, como pasa en primavera. Hemos inventado un método, que hemos llamado la cosmética tranquila o 'slow cosmetics', que lo que hace es tratar adecuadamente los momentos de estrés, cuadros hoy en día muy comunes.

¿Ha influido la pandemia?

Vivimos unos años con una realidad muy especial. Las mascarillas o el teletrabajo no ayudan: hay más granitos, flacidez, celulitis o bolsas.

¿En la cosmética, se sigue primando la belleza sobre la salud?

La gente viene a vernos para que le pongamos la piel bonita, para estar más guapa y más joven, pero nosotros lo que hacemos es poner la piel más sana. La salud implica belleza y viceversa. Pero ese objetivo no es igual para un adolescente que para una persona súper estresada, medicada o en la menopausia. Por eso reivindico el neohumanismo: no hables con una máquina, no rellenes cuestionarios. Lo que hay que hacer es estar en contacto con alguien que conozca algo de tu vida, que sepa por lo que estás pasando.

¿Farmacéutico y psicólogo?

Soy farmacéutico, pero siempre digo que me dedico a afinar la piel. Necesitas saber algo de la gente para saber sobre su piel. Tu piel eres tú y tus circunstancias.

¿Cómo afecta el estrés en la piel?

Cuando el estrés se centra en la piel, empieza el drama. Pero no solo hay que tratar a la persona en el momento de la crisis, sino hacerle un seguimiento, como en la nutrición o la salud mental. En nuestros comienzos, en el barrio de Las Fuentes, nuestra clientela eran principalmente trabajadores. Nos dimos cuenta de que la gente necesitaba tener la piel bien y de una forma barata.

En la cosmética se suele identificar lo caro con lo más efectivo.

Eso es una tontería. Nuestras cremas son asequibles porque prescindimos de todo lo superfluo. Funcionamos por el boca a boca.

La efectividad pasa también por la constancia.  ¿Cómo casa eso con sus clientes estresados?

Hablamos de dedicar tres o cinco minutos al día. Es más la conciencia, el compromiso, que el tiempo. Es incorporarlo. Lavarse los dientes es un rollo, pero todo el mundo lo hace.

Otro gran agresor de la piel, que no siempre se ha visto como tal es el sol. Pero llega el buen tiempo y parece que se olvida

El sol es el gran enemigo de la piel. Ocurre que hoy en día se han hecho pruebas sistemáticas de vitamina D y casi todo el mundo la tiene baja. Así que la gente nos dice: "Si tomo el sol puedo tener cáncer o envejecer la piel, pero que si no lo tomo los huesos se me ponen mal" ¿Qué es lo que se puede hacer? Tomar el sol en el reverso de los brazos. Y eso es suficiente para tener vitamina D, porque no se fabrica solo por tomar el sol en la cara, sino en cualquier parte del cuerpo, en los brazos, en las piernas... Si no la gente de Finlandia se caería a trozos

Cada vez se sabe más al respecto.

Por ejemplo que el 80% del sol que una persona adulta ha tomado es antes de llegar a los 20 años. Y la piel a esas alturas ha envejecido mucho. Cuanto más sol has tomado, piel más envejecida y mas probabilidad de lesiones.

¿Y qué hace la gente que ha tomado el sol por desinformación? Antes era lo normal, incluso recomendando.

Claro, antes no había información y como consecuencia ahora nos encontramos con envejecimientos muy agresivos. Una consulta muy típica es: "En medio año he envejecido diez. ¿Qué me está pasando?" Pues que el daño reiterado del sol hace que de pronto la piel deje de regenerarse y que cuando se regenera se regenera mal. No queda otro que devolverle a la piel horas de sol.

"El 80% del sol que una persona adulta ha tomado es antes de llegar a los 20 años"

​"El daño reiterado del sol hace que de pronto la piel deje de regenerarse y que cuando se regenera se regenere mal".

​"Que la gente te cuente cómo es su vida, porque solo así sabrás cómo es su piel".

Cuidarse la piel es más el compromiso que el tiempo. Es incorporarlo. Lavarse los dientes es un rollo, pero todo el mundo lo hace".

¿Y eso es posible?

Todos nacemos con lo que se llama un capital de horas solares, que depende de cada piel. La gente de piel fina tiene menos que una persona muy morena. Cuando la piel ya no tiene recursos empieza a venirse abajo y a dar problemas. Hemos aprendido a, por decirlo de alguna manera, volverle a meter ahorritos a la piel, a devolverle el capital solar para que tenga más colchón.

Si se ha llegado a los 40 o los 50 sin haberse cuidado nunca la piel, ¿tiene sentido empezar? 

Siempre hay remedio. Tenemos un cuerpo humano maravilloso, no somos conscientes de lo bien que estamos hechos. A pesar de la mala vida, de que fumemos, de que comamos guarradas, de que no nos movamos, el cuerpo aguanta muchísimo, con muy poquito que le demos nos lo va a agradecer.

¿Por dónde van las tendencias en cosmética?

Están todos los horizontes abiertos. Está lo que viene de Oriente, con rutinas de doce y catorce pasos. Por otro lado, está el ‘clean beauty’, que a mí me gusta. Ingredientes muy puros, con fórmulas potentes y sencillas. Tú tienes cuperosis o no quieres tener bolsas ni flacidez, pues te doy algo para eso. No catorce cosas más. Y también me encanta la tecnología, para estar en contacto con clientes que no pueden venir a verte, de la España vacía o de Nueva Zelanda.

¿De Las Fuentes a Nueva Zelanda?

Sí, literalmente (risas). Y eso es precioso. Sobre todo hablar. Que la gente te cuente cómo es su vida, porque solo así sabrás cómo es su piel.

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