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Asesinatos en El Salvador: "Estamos en niveles de guerra. Que 62 personas mueran al día es horrible"

El Gobierno atribuye a las maras la ola de violencia que vive el país centroamericano. La aragonesa Alejandra Cortés, que trabaja con pandilleros allí, y dos salvadoreños afincados en Aragón analizan la situación.

Pandilleros de la Mara Salvatrucha y Barrio 18 en el Centro Penal de Quezaltepeque (El Salvador), este lunes.
Pandilleros de la Mara Salvatrucha y Barrio 18 en el Centro Penal de Quezaltepeque (El Salvador), este lunes.
Gobierno de El Salvador

"Paren de matar ya". Este es el llamamiento -vía Twitter- del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, a los pandilleros ante la escalada de homicidios que sufre este país centroamericano desde el pasado viernes. En solo tres días cerca de 90 personas han sido asesinadas, siendo el sábado -con 62 muertos- el día más mortífero de la historia reciente de esta nación.

Las autoridades atribuyen a las pandillas -principalmente a la Mara Salvatrucha (MS13)- esta ola de violencia, aunque no han explicado el qué la motiva. Estos delincuentes cuentan con unos 70.000 miembros, de los cuales 17.000 están ya en prisión. Precisamente, en su mensaje, Bukele les advirtió de que si los crímenes no cesan sus compañeros encarcelados "la van a pagar también". "Tenemos 16.000 'homeboys' (pandilleros) en nuestro poder. Aparte de los 1.000 arrestados en estos días. Les decomisamos todo, hasta las colchonetas para dormir, les racionamos la comida y ahora ya no verán el sol", publicó en su cuenta de esta red social.

Junto a los arrestos masivos de pandilleros, el Congreso -a petición del presidente salvadoreño- decretó este domingo (de madrugada) un régimen de excepción para tratar de frenar el "incremento desmedido" de los asesinatos, lo que implica la suspensión de algunas garantías constitucionales. En concreto, atañe a la libertad de asociación y reunión, al derecho a la defensa y a la prohibición de intervenir las telecomunicaciones. Además, se ha ampliado el plazo de detención a 15 días (cuando lo normal eran tres) y la presencia policial y militar es continua en diferentes zonas del país.

Una de las personas que sobre el terreno estaba muy pendiente de las nuevas medidas es la aragonesa Alejandra Cortés (de Épila), que desde hace 9 años trabaja directamente con pandillas en la Fundación Eserski, especializada en educación y prevención de la violencia y de la que es su directora de proyectos. "Estaba en alerta a ver cómo teníamos que actuar al día siguiente. Teníamos miedo de que nos quitaran el derecho de movilidad. El domingo fui a dos comunidades y los militares y policías te paraban en la puerta y registraban a todo el mundo. En la ciudad (está afincada en San Salvador, la capital) se ven muchos militares en la calle, también van en los autobuses y hay muchos retenes, en los que te piden la documentación", cuenta vía telefónica.

Ese mismo sábado, dos jóvenes con los que trabajaban fueron asesinados por tres pandilleros en presencia de otro chaval (de 14 años y también 'rescatado' de meterse en una mara). Estaban en el lugar equivocado -pasando por una calle del barrio contrario al que vivían- y eso les costó la vida. Tal y como dice Alejandra, hay zonas en las que saben que no pueden ir y calles en las que mejor no meterse para no acabar como los desafortunados menores. "El país está dominado en su totalidad por las pandillas -la MS13 y la mara 18- por comunidades, barrios, cantones... y entre ellos están enfrentados. El Salvador está en una guerra entre pandillas desde que se firmaron los acuerdos de paz en 1992. Los asesinatos son entre pandillas", explica.

"El país está dominado en su totalidad por las maras MS13 y la 18 por comunidades, barrios... y entre ellos están enfrentados. Los asesinatos son entre pandillas"
La aragonesa Alejandra Cortés trabaja con pandillas en El Salvador, es directora de proyectos de la Fundación Eserski.
La aragonesa Alejandra Cortés , directora de proyectos de la Fundación Eserski, trabaja con pandillas en El Salvador .
A. C.

La directiva de la Fundación Eserski recuerda que desde que Bukele llegó al poder, hace dos años, la violencia disminuyó. De ahí que le llamara la atención que en solo 24 horas pasara de proclamar que había 0 crímenes a hablar de 62 muertos. "Todos los gobiernos anteriores negociaron con los pandilleros para que hubiera una disminución de la violencia y no lo lograron. El actual presidente afirma que no ha negociado con ellos, pero que consiguió descender esa violencia. De repente algo ha pasado. Ahora los pandilleros, en forma de reivindicación, han tirado los cadáveres a las calles. Se han podido contabilizar esas personas muertas, cuando hace dos meses no se decían las cifras pero había muchos desaparecidos", informa.

Salir del país huyendo de las amenazas de muerte

Mientras, Isabel (nombre ficticio) vive con tristeza la espiral de violencia en su país, del que tuvo que salir huyendo en 2017, embarazada de su segundo hijo, junto a su marido y un niño de corta edad. Miembros de la Mara 18 se presentaron en su casa en Zacatecoluca, agredieron y amenazaron de muerte a su esposo y a ella (que es abogada) le encargaron que llevara el caso de un pandillero detenido. Desde octubre de ese año residen en Zaragoza y, aunque han dejado atrás a mucha familia, no han regresado ni de visita a El Salvador para no poner en riesgo sus vidas.

"La violencia vuelve con la misma intensidad, es como algo de nunca acabar y no me sorprende. Desde 2000 no ha parado esta ola; siempre es represión, la situación se calma porque a los pandilleros presos les restringen las visitas y otras cosas, pero después vuelve la violencia. Veo bastante complicado que esto termine", se lamenta esta joven, que acusa a los políticos salvadoreños de utilizar el 'modus operandi' de las maras para atacar a sus contrincantes. "Aunque el presidente Bukele lo quiera hacer todo bien, que a mi juicio lo está haciendo, los políticos que no son de su ideología apoyan a grupos criminales para que se alcen contra el Gobierno, empiecen con las extorsiones y las amenazas, vuelva el caos y así baja la reputación del Ejecutivo", sostiene. Ante el panorama que dibuja, Isabel señala que el que sufre las consecuencias es el pueblo.

También el salvadoreño Guillermo A. -radicado en Aragón- señala que cada cierto tiempo, de forma cíclica, las pandillas aumentan el nivel de violencia, pero que de forma sostenida (como ahora) no sucedía desde hace unos años. "En los últimos 5-6 años ha habido momentos puntuales en los que se ha incrementado. Ahora no se sabe muy bien si es porque los pandilleros quieren intentar presionar al Gobierno o desestabilizar cualquier movimiento. Mi familia y conocidos me comentan que se nota muchísimo la presencia policial e incluso militar en la calle, en locales de restauración y centros comerciales. Ellos intentan salir menos a la calle porque al final tienes miedo y debes tener mucho cuidado con las zonas en las que puedas estar. También te digo que hay otras donde nunca se ha notado la violencia. Yo por internet he visto de todo, incluso un vídeo impresionante de pandilleros disparando con metralletas a la Policía. Ya no sé qué es real y que no", cuenta.

"Hay mucho narcotráfico y extorsiones. De ahí las maras sacan recursos y tienen unas estructuras enormes"

Este joven cree que el Gobierno logrará controlar "rápido" la situación con las medidas que ha tomado. "Estamos en niveles de guerra en número de fallecidos. Que en un país mueran 62 personas al día es horrible, muy triste y súper preocupante; no sucede ni en Ucrania en estos momentos", advierte. No obstante, explica que el tema de las maras en El Salvador es más profundo y está "muy metido" en la sociedad. "Sobre todo en los barrios pobres y humildes, donde seguramente el Ejecutivo ni pueda llegar. Las pandillas nacieron en Estados Unidos; mucha gente de la guerra se fue a vivir ahí y se fueron haciendo esos guetos de poblaciones de inmigrantes. Cada vez que alguno cometía un delito, se les iba deportando y cuando el Gobierno se dio cuenta ya había estructuras criminales organizadas muy grandes. Eso fue en auge con el tema de la droga, hay mucho narcotráfico y extorsiones (en gran parte del territorio cobran a la población un 'impuesto' por tener un pequeño local, un negocio...) De ahí sacan recursos; tienen unas estructuras enormes", indica.

Policías armados patrullan una calle de San Salvador.
Policías armados patrullan una calle de San Salvador.
Dpa

Cuando dejar la mara te cuesta la vida

Alejandra Cortés hace hincapié en que son los jóvenes los que se acercan a las pandillas, y no al revés, en busca de una seguridad y sentido de la familia que en la suya propia no la encuentran. Y, al mismo tiempo, destaca que es muy complicado salir de ellas. "Tienen que seguir unas reglas súper estrictas y al final acaban matándolos", subraya.

A pesar de que la realidad no es "nada fácil" y de que se trate de uno de los países más violentos del mundo, esta aragonesa resalta que los salvadoreños son gente acogedora. "Si vine para seis meses y llevo ya nueve años, por algo ha sido", concluye.

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