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Heraldo escolar

Un colegio, un pueblo, una comunidad educativa

Hace falta un pueblo entero para educar a nuestras niñas y niños. Lo saben bien en la escuela de Alpartir, que en 2022 cumple 15 años. Un ejemplo del futuro de la escuela rural en Aragón que ya es presente.

Manos a la obra en el jardín aromático del colegio de Alpartir.
Manos a la obra en el jardín aromático del colegio de Alpartir.
CEIP Ramón y Cajal de Alpartir (Zaragoza)

Alpartir, pequeña localidad de la Comarca de Valdejalón en la provincia de Zaragoza, tiene una escuela rural incompleta con cinco docentes y 42 alumnos repartidos en tres unidades. Uno de los objetivos de nuestro proyecto educativo es impulsar la calidad de la educación. Se apoya en la capacidad de la comunidad escolar para buscar vías de innovación y renovación que se adapten a las exigencias del alumnado y de una sociedad en continuo cambio. Entendemos la innovación como un proceso de intervención, reflexión y evaluación para la mejora de la práctica de toda la comunidad, por eso es clave la participación de las familias y la sociedad de Alpartir.

Esa implicación colectiva fue reconocida en 2017 por el Gobierno de Aragón con la Medalla de la Educación Aragonesa por nuestra "contribución a la innovación y ejemplo del futuro de la escuela rural en Aragón". Pero, en realidad, hablamos del presente de la escuela rural, de tantas maestras y maestros que ya están desarrollando el currículo con el diseño de proyectos de innovación. No son solo las niñas y niños, principales protagonistas del sistema educativo, sino también las familias, conjunto imprescindible además del tejido social que los sustenta: hace falta un pueblo entero para educar a nuestro alumnado.

En el caso de Alpartir, el empoderamiento de nuestro alumnado ha permitido que sean agentes de cambio con su visión transformadora. Por eso trabajamos para conseguir que la empatía, el trabajo en equipo o la creatividad tengan el mismo peso que las competencias académicas tradicionales.

La participación de las familias y la sociedad de Alpartir resulta clave

Reconocimientos

Qué duda cabe que los reconocimientos de fuera han sido un estímulo para seguir manteniendo viva la comunidad. Los señalamos para que se entienda nuestro escenario pedagógico: Premio Nacional al Fomento de la Convivencia Escolar (2018), Premio Aragón de Educación Inclusiva y Convivencia (2014), a las Buenas Prácticas Lectoras por el Ministerio de Educación (2012) o el Premio Medio Ambiente Aragón (2011). Además, somos Centro Referente de Unicef en Educación en Derechos de Infancia y Ciudadanía Global, Escuela Changemaker de la Fundación Ashoka y Centro Embajador de Save the Children. Pertenecemos a la Red de Derechos Humanos de Amnistía Internacional, a la Red de Escuelas Unesco, somos Escuela Promotora de Salud. Durante el confinamiento, fuimos promotores del proyecto #LibrosQueUnen, un programa de aprendizaje y acompañamiento emocional que demostró que la educación es responsabilidad de toda la comunidad educativa.

Escuela de vanguardia

Las particulares características de una escuela rural como la de Alpartir, deberían ser tenidas en cuenta por las Administraciones educativas, tal como establece el Artículo 82 de la LOE, "a fin de proporcionar los medios y sistemas organizativos necesarios para atender a sus necesidades específicas y garantizar la igualdad de oportunidades". En consecuencia, cualquier proyecto educativo debe contemplar la educación como un elemento compensador de desigualdades sociales y territoriales; ha de reconocer la escuela como un servicio público sin exclusiones. Pero, además, contribuir a la integración, a la vertebración de nuestro territorio y a la cohesión social, conformando así una sociedad más justa y equitativa. Toda la comunidad educativa cumple un papel importante en el mantenimiento de una escuela de calidad, construyendo un espacio democrático para que todo el alumnado pueda acceder en igualdad de condiciones a la educación, lo que requiere a su vez una atención especial por las propias características de la escuela rural.

Participación y movilización contra la basuraleza.
Participación y movilización contra la basuraleza.
CEIP Ramón y Cajal de Alpartir (Zaragoza)

Si algo caracteriza a la comunidad autónoma de Aragón es su diversidad. Las escuelas cercanas a los Pirineos aprovechan la exuberancia natural y de biodiversidad. Aquí es la estepa nuestra riqueza. Alberga una biodiversidad riquísima adaptada a unas condiciones inhóspitas. Pues algo así sucede en educación: si algo hay que proteger es la escuela rural como contexto pleno de diversidad. Ya decía Tonucci, que "la escuela rural es la escuela de vanguardia, donde las diferentes edades se confrontan cada día". Esta peculiaridad no pasa desapercibida para organismos internacionales como la Unesco o la Unión Europea. Ambas proponen considerar la educación como agente de cambio y la escuela como su escenario para promover el desarrollo de las comunidades rurales.

La educación, como agente de cambio de las comunidades rurales

Proyecto educativo

Digamos que gira en torno a tres proyectos: el proyecto de convivencia, el proyecto lingüístico y el proyecto digital, que son, por tanto, los ejes que argumentan todos los programas y actividades que llevamos a cabo.

Libros para todos.
Libros para todos.
CEIP Ramón y Cajal de Alpartir (Zaragoza)

Con estas actuaciones pretendemos realizar una importante aportación a la formación integral del alumnado, implicar a toda la comunidad educativa, caracterizar al proyecto educativo, centrarnos en el aprendizaje dialógico y aplicarlo mediante el trabajo en equipo. También usamos las distintas actividades para desarrollar la competencia social y ciudadana. Convencidos de que así permitirá a los alumnos y alumnas comprender la realidad social del mundo que les toca vivir y ayudarles a formar parte de una sociedad democrática. Adquirir esta competencia supone ser capaz de ponerse en el lugar del otro, aceptar las diferencias, ser tolerante y respetar los valores, las creencias, las culturas y la historia personal y colectiva de los otros. Necesitan aprender a convivir en una sociedad cada vez más plural, relacionarse con los demás, cooperar, comprometerse y afrontar los conflictos. En fin, conseguir una importante aportación a la formación integral del alumnado.

El modelo HIP

En la escuela de Alpartir, aplicamos el HIP, el Hexágono de la Innovación Pública, un modelo para acelerar el cambio sistémico de las organizaciones que concibe la innovación como redes de conversaciones: deseos, visiones y afectos compartidos. A este respecto, para hacer visible la escuela rural necesitamos organizaciones escolares que impulsen una cultura democrática firme, que colaboren en el acceso a la educación en nuestros territorios.

Proyecto contra el racismo sobre el color de la piel.
Proyecto contra el racismo sobre el color de la piel.
CEIP Ramón y Cajal de Alpartir (Zaragoza)

La escuela rural del siglo XXI debe estar permanentemente visible en el sistema educativo que potencie un paradigma más equitativo, inclusivo y de calidad educativa. Para ello, el HIP ofrece un modelo sintético de seis vectores conducentes a la creación de ecosistemas de innovación y creatividad, cuyo objetivo es acelerar la transición de las instituciones tradicionales, jerárquicas, compartimentalizadas y cerradas. Quiere convertirlas en redes abiertas, dinámicas, empáticas y democráticas.

Y en ello estamos, aplicando el modelo HIP, el Hexágono de la Innovación Pública, para abrir, transversalizar, agilizar, modelar, colaborar y digitalizar nuestro centro. En suma, se trata de hacerlo agente colectivo capaz de liderar el desarrollo sostenible de nuestra comunidad educativa.

Por: CEIP Ramón y Cajal de Alpartir (Zaragoza)

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