Aragón
Suscríbete por 1€

zaragoza

"Si los urbanistas respetaran los 'caminos naturales' se darían muchos menos rodeos"

La discontinuidad peatonal en el bulevar de Constitución o las vallas de entrada al Parque Grande son algunos ejemplos de un urbanismo poco pensado para el ciudadano.

Imagen aérea de las praderas del campus San Francisco y sus caminos de paso.
Imagen aérea de las praderas del campus San Francisco y sus caminos de paso en forma de cruz.
Heraldo

Esta semana se viralizó una imagen del campus de la Universidad de Ohio, en la que se apreciaba cómo los caminos pavimentados en sus praderas se basaron en los caminos utilizados por los estudiantes de forma natural sobre el césped. Estos andadores espontáneos se llaman ‘desire paths’ y en Zaragoza los hay a raudales, muchos de ellos urbanizados y otros, obviados por los responsables de planificar la movilidad.

“Se cuenta que el modelo de diseño japonés consiste en primero dejar que los usuarios tracen los senderos, para luego urbanizarlos”, explica el arquitecto Carlos Martín La Moneda, consciente de que en Occidente rara vez las zonas verdes se diseñan pensando en los viandantes. “Por ejemplo, un parque con una acera perimetral y una zona verde central obliga a los usuarios a dar la vuelta”, explica. La única excepción en Europa serían los países escandinavos, que sí han aprovechado tradicionalmente las huellas en la nieve para trazar los planos de la forma más lógica posible.

Es cierto que con el transcurrir de los años -y también con la terquedad de la gente-, en ocasiones, de facto, se acaba poniendo un paso de cebra o una entrada en un lugar en donde antes no existía. Dicen las entidades vecinales que “se impone la razón”, después de muchas protestas y reclamaciones. Los caminos asfaltados del parque de Torreramona, del Bruil o de la Ciudad Jardín podrían ser un ejemplo, pero no todo se limita a las zonas verdes. El paseo de la Constitución, sin ir más lejos, puede ser un quebradero de cabeza para los peatones. Es habitual ver aperturas entre muchos de sus setos porque, por ejemplo, si se baja de León XIII a la plaza de los Sitios, el peatón no tiene modo de cruzar ‘legalmente’. Junto al monumento a las víctimas del Yak siempre hay viandantes asumiendo riesgos porque la alternativa poco lógica implica dar un rodeo de más de 170 metros para alcanzar la calle de Mefisto. No son uno, ni dos, ni tres… De hecho, hay quien ha colocado en mitad del parterre tres baldosines buscando una ‘homologación’ del cruce.

Las baldosas puestas en un cruce alegal del paseo de la Constitución.
Las baldosas puestas entre los arbustos un cruce alegal del paseo de la Constitución.
Heraldo

Otro problema sangrante de Constitución es que, a pesar de las últimas reformas del entorno no ha conseguido tener continuidad peatonal por su bulevar, algo que sí se proyectó dentro del plan de ‘La senda del Huerva’, dado que el río pasa por debajo, pero nunca llegó a buen puerto. Los viandantes se quedan varados a la altura de San Ignacio de Loyola y, también, en su intersección con el paseo de la Mina.

Durante años se luchó para que desde la plaza de Paraíso se pudiera cruzar a Constitución y con la implantación del tranvía, allá por 2012, sí se obtuvo esta ganancia, a pesar de que hubo que hacer un trabajo de fina ingeniería para cuadrar los muchos semáforos que coinciden en la zona.

"Cada vez hay más voces que se preocupan por escuchar a los ciudadanos, y urbanistas que consideran que otras ciudades son posibles"

¿Qué reto queda pendiente en esta encrucijada de caminos? Los vecinos del entorno sueñan con que más pronto que tarde se pueda cruzar desde la plaza Paraíso también al paseo de Sagasta, pero este paso se antoja complicado porque sumaría una variable más a la compleja ecuación y porque son casi 20 metros (y con una isleta de por medio) los que separan ambas zonas.

El paseo de Sagasta sí se dinamizó con los pasos peatonales longitudinales (a la altura de Tenor Fleta o Camino de las Torres) que antes no tenía, y eso permitió que muchos más peatones estén ocupando hoy el bulevar central”, explica Martín La Moneda.

La anunciada reformas de la avenida de Navarra o la presentación hace pocos días de las mejoras en los parterres de Sagasta dan una nueva oportunidad para procurar mejores conexiones y acabar con los puntos de discontinuidad en algunas arterias esenciales.

La entrada principal del Parque Grande es inaccesible.
La entrada principal del Parque Grande es inaccesible.
Heraldo

“Si los urbanistas respetaran los ‘caminos naturales’ habría que dar muchos menos rodeos”, comenta la arquitecta María Rosa Sanz, que cita también otros problemas elocuentes y conexiones mal resueltas del entramado de Zaragoza. El más grave es que la entrada al principal parque de la ciudad “es una valla”. No se puede acceder al parque Grande por el puente de los Cantautores de manera directa desde Fernando el Católico, sino que hay que cruzar primero a Manuel La Sala y esperar dos semáforos. Esto sería inconcebible en muchas otra ciudades, pero parece que el zaragozano lo asume como un mal menor.

“Cada vez hay más voces que se preocupan por escuchar a los ciudadanos, y urbanistas que consideran que otras ciudades son posibles”, apunta el arquitecto Alberto Sánchez, que cree que este debate se plantea desde hace décadas en Europa. “En España se ha azuzado la discusión gracias a un libro de Izaskun Chinchilla, titulado ‘La ciudad de los cuidados’, en donde explica cómo las urbes no deben ser tan hostiles para quienes las habitan”, comenta. “Es cierto que los caminos rectos siempre funcionan sobre el papel, pero luego en la realidad es posible que no, y es necesario buscar alternativas”, apunta Sánchez.

Algunos senderos naturales trazados por los estudiantes del campus San Francisco.
Algunos senderos naturales trazados por los estudiantes del campus San Francisco.
Heraldo.es

¿Se ha mejorado algo en estos años? Sí, desde luego, con el desembarco del tranvía no solo se potenciaron los carriles bici (y de patinete) sino que se ganaron cientos de metros de continuidad peatonal, como una suerte de corredor verde pero no en Oliver y Valdefierro, sino en el corazón del entramado urbano. Otro ejemplo que invita al optimismo es el del campus San Francisco, que podría ser una versión local de lo visto ya en la Universidad de Ohio. En una vista aérea se comprueba que las praderas rectangulares eran completamente inútiles para los estudiantes que querían cruzar de una facultad a otra. Así, siguiendo los caminos naturales que marcaban las huellas por donde no crecía la hierba, se hicieron primero pasos con tierra prensada y se embaldosaron después.

Etiquetas
Comentarios
Debes estar registrado para poder visualizar los comentarios Regístrate gratis Iniciar sesión